El especialista en educación digital, Marcelo Maina, visitó la ciudad de Santa Fe y brindó una conferencia en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) donde abordó los desafíos de la transformación digital en la educación superior. En diálogo con El Litoral, analizó el impacto de la inteligencia artificial en los claustros y la necesidad de repensar las prácticas pedagógicas e informó sobre cómo funcionan en España las “microcredenciales”, un tema que comienza a discutir el nivel superior universitario en Argentina.
Transformación digital y microcredenciales: “La universidad debe pensar hacia dónde ir”
El especialista en educación digital analizó los desafíos que enfrentan las universidades ante la irrupción de la inteligencia artificial y el avance de nuevas formas de certificación. Durante su paso por Santa Fe, planteó que la transformación digital exige decisiones estratégicas.

Maina es comunicador social de formación de base, de la Uner, magister por la Universidad de Montreal, doctor por la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Es director del Máster en Educación y TIC (e-learning), profesor e investigador en los Estudios de Psicología y Ciencias de la donde integra el Centre de Recerca FuturEd y el grupo Edul@b de la misma universidad española. Además, participó entre 1999 y 2002 en los inicios del Cemed de la UNL.
En la entrevista con este diario sostuvo que el cambio no es solo tecnológico, sino institucional y cultural, y remarcó la importancia de estrategias integrales, liderazgo distribuido y nuevas formas de certificar competencias. “No se puede transformar todo de golpe, pero hay que definir prioridades y avanzar”, recomendó. Es ese sentido, realizó una conferencia con docentes y autoridades sobre el concento de transformación digital en la educación superior.

-¿Cómo define la transformación digital en la educación superior?
-Es un concepto amplio. No tiene que ver solo con lo tecnológico, sino con un enfoque integral que implica una visión estructurada, toma de decisiones y una estrategia clara sobre hacia dónde ir. Involucra distintas áreas y actores. Las transformaciones exitosas son las que tienen un liderazgo distribuido y participativo, que incluyen tanto a la comunidad académica como a actores externos.
Por un lado, la enseñanza y el aprendizaje, con el impacto de las tecnologías. Pero también la gestión institucional, que busca ser más eficiente. Todo está interrelacionado, por eso no se puede transformar todo de golpe: hay que definir prioridades, como por ejemplo qué hacer con la inteligencia artificial (IA) y cómo integrarla de manera coherente con los principios de la institución.
-¿Cómo ve a las universidades argentinas en este proceso con relación a las europeas?
-Estamos todos en una etapa de exploración. Hay instituciones más avanzadas y otras que van más atrás, pero la transformación digital es un proceso continuo. En nuestro caso, al ser la Oberta una universidad en línea, reaccionamos rápido a todo lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías, por ejemplo con la incorporación de herramientas de inteligencia artificial en la docencia, la investigación y la gestión.
Oportunidades y desafíos de la IA
-¿Qué desafíos plantea la IA en la educación superior?
-Es una tecnología muy disruptiva, probablemente la más importante desde la aparición de internet. Presenta oportunidades enormes, pero también desafíos, como esto que se está discutiendo mucho de la “delegación cognitiva”, es decir, dejar que la máquina piense por nosotros. También el hecho de que sus respuestas son verosímiles, aunque no siempre verdaderas. Esto exige fortalecer el pensamiento crítico, especialmente en los estudiantes más jóvenes.

-¿Y qué oportunidades abre?
-Permite nuevas formas de interacción con los contenidos. Por ejemplo, generar materiales en múltiples formatos o usar estrategias de diálogo para favorecer una lectura más activa. También es clave para la inclusión, porque facilita adaptar los materiales a distintas necesidades.
-¿Hay preocupación entre los docentes?
-Sí, hay preocupación y también cierto miedo, porque implica un cambio de paradigma. Se cuestionan formas tradicionales de enseñanza y, sobre todo, de evaluación. Hoy el foco no está solo en los conocimientos, sino en el desarrollo de competencias como el pensamiento crítico o la resolución de problemas.
Microcredenciales, lo que viene
-En ese contexto, ¿qué lugar ocupan las microcredenciales en el nivel universitario?
-Son parte de este proceso de transformación. Surgen de la necesidad de formación a lo largo de la vida. Son certificaciones de corta duración que acreditan competencias específicas, generalmente vinculadas al mundo laboral.
-¿Qué ventajas tienen frente a las certificaciones tradicionales?
-Son digitales, transportables y acumulables. Además, incluyen metadatos que detallan qué aprendiste, cómo y en cuánto tiempo. Esto las hace más transparentes y útiles, incluso para empleadores. También están respaldadas por tecnologías que garantizan su validez. Y como me pertenecen digitalmente, las puedo anexar a LinkedIn, para que los vean los empleadores, con las ventajas que una certificación normalmente tradicional no muestra.
En una nota que hice para el diario El País me preguntaban si las microcredenciales iban a reemplazar al máster, por ejemplo. Y no. No compiten con esa titulación ni con las de las carreras tradicionales. En todo caso, son complementarias. Las carreras siguen siendo fundamentales, pero las microcredenciales permiten actualizarse constantemente o adquirir competencias específicas en menos tiempo.
-¿Cómo se integran en la universidad?
-Estamos avanzando hacia lo que llamamos un “ecosistema de certificaciones”. Pueden servir para ingresar a una carrera, complementar trayectorias o incluso desagregar programas en unidades más pequeñas que, acumuladas, otorguen un título. En nuestra universidad trabajamos en un proyecto, junto con tres instituciones africanas, donde lo que hacíamos era extender la certificación de los graduados de grado o másteres. Lo que hacíamos era, al típico diploma y analítico -que le dicen aquí-, también otorgábamos microcredenciales sobre competencias relacionadas con el mundo laboral, por ejemplo la capacidad de resolución de problemas, el pensamiento crítico, el trabajo colaborativo, el manejo del estrés, el capacidad de liderazgo, etc.
-¿Qué tipo de competencias puede certificar una credencial?
-Se certifican competencias o resultados de aprendizaje, que también se las conoce así. Antes terminabas una carrera universitaria y era de por vida; quizá hacías algún tipo de formación adicional pero esta no era ni para todas las profesiones ni todo el tiempo. Hoy día sabemos que necesitamos una formación permanente, porque cambian las tecnologías, los procedimientos, reconfiguran la vida y las profesiones. Y, a lo mejor, cambiamos de trayectoria profesional, buscamos otros ámbitos de trabajo. En ese sentido, hay que adaptarse a esta nueva realidad social que es la de la necesidad de formación permanente. Y personalmente veo como muy útil lo que se llama el “upskilling”, esto de seguir incorporando nuevas competencias concretas.
-¿Le cuesta a la universidad adaptarse a estos cambios?
-Sí, porque son instituciones con tradiciones muy arraigadas. Hay cierta resistencia y también prudencia. A veces aparecen reacciones como prohibir tecnologías, pero eso no es la solución. El desafío es regular, comprender y aprovechar estas herramientas de manera significativa.









