La tercera y última fecha del PWR/UP Tour de AC/DC en el estadio Antonio Vespucio Liberti (“Más Monumental”, según el marketing) se convocó con una consigna especial: celebrar el 71° cumpleaños de Angus McKinnon Young, el eterno diablillo de la Gibson SG y el uniforme escolar de shortcitos nacido en Glasgow (Escocia). Se llegó a hablar de un vuelo chárter trayendo a los Guns N’ Roses desde Brasil para sumarse al festejo, arriba o abajo del escenario.
AC/DC: un cumple de 71 entre amigos
El legendario guitarrista Angus Young celebró su natalicio en la última presentación del grupo en el marco del PWR/UP Tour, con más de dos horas de concierto frente a un público de todas las edades. Eruca Sativa como soporte local y The Pretty Reckless como compañeros de gira tuvieron la responsabilidad de abrir la velada.

También había un regusto amargo: la sospecha de que podía ser la última vez de los australianos en un escenario argentino.

Los de acá
El soporte nacional designado, como en las dos fechas anteriores, fue Eruca Sativa: Lula Bertoldi (de campera de jean sin mangas y top del escudo nacional), Gabriel Pedernera (igual, pero en remera) y Brenda Martin (de jardinero), fueron al grano con la política “No pasarán”, su himno para estos tiempos, y “Fuera o más allá”.
Pasaron por “Blanco”, y Lula detonó su angulosa guitarra SZ en “Bájense del barco”. La explosión de slap de Brenda en “No pises las flores” se prolongó en la potencia de “Agujas” y los cambios de tempo en “Desdobla”.
La sincopa de Martin en su bajo Willi Luthier y el toque cruzado de Pedernera sobre la DW abrieron “Eso no es amor: “Muchísimas gracias por su respeto”, reconoció la frontwoman sunchalense sobre la canción que dice: “Da igual, si fuera amor no nos haría tan mal”.
Pegadas llegaron “Inercia” y “Abrepuertas”, antes del momento agitero del show con “Queloquepasa”. “Chau, gente”, fue la simple despedida, antes de concluir el compacto set con la histórica “Magoo”.

Pulso rockero
El segundo turno fue para los compañeros de este tramo de gira de los veteranos visitantes: The Pretty Reckless, encabezados por la carismática Taylor Momsen (quien, a diferencia de Ozzy Osborne, alguna vez fue mordida en vivo por un murciélago, pero sin tenerlo previsto).
Platinada, con los párpados negros y la voz profunda; de enagua de encaje y campera de cuero, luce como una Debbie Gibson del nuevo milenio.
Así salió a agitar con “Death by Rock and Roll”, con el primer solo de la noche del guitarrista Ben Phillips. “Buenos Aires, ¿cómo están esta noche?”, esbozó en castellano, antes de animarse a la pasarela en “Since You’re Gone”.
Unos gemidos sugerentes convocaron la potencia de la coreable “Follow Me Down” (sin campera se notó que tenía una muñequera de las ortopédicas).Phillips la hizo contonearse desde su solo, mientras en las bandejas ya brillaban las luces rojas de los cuernitos LED de los fans “acdeceros”.
La distorsión se redobló para llamar la sinuosa “Only Love Can Save Me Now”, sobre la densa base de Mark Damon en bajo y el barbado Jamie Perkins en batería. Subieron la apuesta con “For I Am Death”, sobre el doble pedal de bombo de Perkins.
“Tengo una pregunta: ¿Dónde están mis mujeres? La siguiente canción se llama ‘Witches Burn’”, dijo Taylor en spanglish, para volver a pasear sus borcegos por la catwalk, haciendo gritar a la audiencia en diálogo con la guitarra con wah wah.
“Esta es la primera canción que lanzamos como banda”, dijo la blonda, e invitó a cantar todos juntos “Make Me Wanna Die”, con sus pasajes de voz sugerente, y su aire a las bandas de los 2000.
La gente le cantó “olé, olé, olé, rubia, rubia”, a falta de mejores referencias. Ella hizo gritar el nombre de Angus antes de la eléctrica “Going to Hell”, subida a una de sus plataformas escénicas.
Dedicó Heaven Knows a "nuestra fan Lisa, que no está hoy con nosotros", con largo excursus guitarrístico, Phillips encarando con Damon la pasarela.
Levanten las manos para llevarnos una foto de ustedes. AC/DC va a estar de nuevo en el escenario. “¡Griten fuerte!”, pidió Momsen, con guitarra colgada para la última: “Take Me Down”.
Tras la despedida, los asistentes de las estrellas de la velada revelaron el escenario de lo que se venía, con la abrumadora suma de 48 cajas Marshall para Angus y su sobrino Stevie (quien reemplazó a su tío Malcolm en la segunda guitarra y mantuvo la preeminencia de la familia en la formación). La mayoría decorativas (sólo dos microfoneadas por lado); pero ¿hay mejor escenografía para un show de alto voltaje?

A saltar
Una animación llevó un auto vintage por las tres pantallas (después fueron seis”, hasta arribar a River. Ahí salieron, encabezados por Brian Johnson con su gorra clásica y su camisa sin mangas de Harley Davidson y Angus con una gorra rasta de colores, para hacer explotar el campo con “If You Want Blood (You’ve Got It)”.
“Es un placer verlos de nuevo. Tenemos rock and roll y algo de diversión”, comentó el vocalista. La siguiente detonación fue con “Back in Black”, cantada como cuando se hizo cargo del rol (tras la muerte de Bon Scott) con el guitarrista haciendo su clásico pasito para atrás. Le cantaron desde abajo el primer “Feliz cumpleaños”, antes la acelerada con “Demon Fire”.
Llegó el momento del “olé olé, AC/DC”, que se fundió en el “Oh, oh oh” coreando el riff de “Shot Down in Flames”. Ahora sí, Angus recorrió el pasillo por primera vez con su “paso de pato” hacia adelante, lo que trajo una ovación.
Brillaron nuevamente los cuernitos rojos en la oscuridad; para ese momento llegó la intro de “Thunderstruck”, con Angus con una SG diferente y sin saco en la calurosa noche, entre montañas (en las visuales).
El pogo que sobrevino fue explosivo, con varias ruedas, frente a un solo épico y a las corridas, como en los años mozos (el de los pantaloncitos y la botitas no bajaría el ritmo en toda la noche).
La intensa “Have a Drink on Me” llegó como un respiro, sobre el ritmo de Phil Rudd en la batería, con su guante de operario en la mano izquierda (agarrando la baqueta al revés).

Infernales
Descendió una campana con el logo de la agrupación, anunciando “Hells Bells”, con paisajes infernales en las pantallas y el riff descendente en las guitarras; terminado en un largo solo de la estrella (casi) más silenciosa del rock.
Llegaron al presente con “Shot in the Dark”, una del último disco, con los coros de Stevie y el bajista Cliff Williams. Una que no desentona entre los clásicos (Johnson mantiene el falsete rasposo de siempre, algo muy difícil para los mortales). Se quedaron cerca en cuanto a clima con “Stiff Upper Lip”.
“Highway to Hell” apareció desde el riff y la batería, para abrirse en las estrofas y activar en el estribillo entre llamaradas reales. Un Angus con cuernos tiró un nuevo duckwalk en el final. Hizo los cuernos con los dedos, y el “olé olé” fue para él solo. Siguieron con “Shoot to Thrill” (“la que usaban en CQC para entrar, diría alguno”), frente a chicas a cococho que podrían ser sus nietas.
“Lamborghinis and caviar / Dry martinis, Shangri-La”, escenificó Brian en “Sin City”; el guitar hero frotó su corbata en el instrumento tras el solo, y con un gesto hizo corear la base del tema; Johnson lo hizo cantar a él unas líneas. “Ustedes son la ciudad del pecado”, Buenos Aires, remató el cantante.
Stevie cambió por otra de sus Grestch sin bobina de mástil para “Jailbreak”, con sus 16 años de prisión, y el de la gorra llamo a la marea humana a acompañarlo en “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, que terminó en un solo a solas del prócer.
Una lluvia de televisor de tubo (algunos no saben lo que es) acompañó la rocanrolera “High Voltage”, de los tiempos de Bon Scott. “Ustedes son la audiencia número uno en el mundo, ustedes lo saben. Es un honor cantar para ustedes”, encaró Johnson antes de hacer repetir sus líneas al público.
“Argentina, Argentina”, fue el cierre popular (“Tocá ‘Destrusión’”, gritó algún metalero gracioso). El clima de rock clásico siguió con “Riff Raff”: Angus zapando en la pasarela, pequeño en el contexto (mide 1,57) pero agigantado en las pantallas.

A dejarlo todo
La emblemática “You Shook Me All Night Long” volvió a levantar el agite: con miles de celulares registrando el momento, entre revoleo de remeras y chicas en corpiño.
El segmento continuó con “Whole Lotta Rosie”, con una robusta stripper ilustrada en las visuales. Angus fue a tocar frente a una bandera argentina que decía San Miguel: parece que toca más de lo que toca, diría B. B. King, pero eso es parte de la magia.
Más equipos Marshall aparecieron en las pantallas para “Let There Be Rock”, con el guitarrista líder disparando toda la munición expresiva restante. En un momento, la punta de pasarela se elevó unos metros, llevando el solo al aire en medio de una lluvia de papelitos, mientras el artista seguía tocando recostado en la plataforma.
El solo pareció terminar (pero siguió) con Angus en una pasarela por sobre el fondo de escenario: fraseando a solas con sus licks de una sola mano, antes del acorde final junto a la banda. Cuando parecía su manera del público argentino, Johnson dijo: “Nos vemos pronto, los amamos”, antes de apurar la salida.
Al menos ese “pronto” fue en el momento presente, con la hitera “T.N.T.” y Angus sumándose a los coros.

Quedaba una más: seis cañones en el escenario (más tres de cada lado) apuntaron al público en “For Those About to Rock (We Salute You)”, disparando salvas en el final, continuándose en fuegos artificiales tras la salida rápida de los músicos.
Así terminó una nueva cita entre una banda legendaria y su fiel público argentino, que atraviesa varias generaciones. Ojalá, como dijo Brian, haya pronto reencuentro.









