"Ven y acuéstate a mi lado, hasta la luz de la madrugada. Todo lo que estoy tomando es tu tiempo. Ayúdame a pasar la noche". Kris Kristofferson.

El escritor, docente y periodista propone una serie de historias ambientadas en bares, hoteles y escenarios nocturnos donde los personajes enfrentan momentos decisivos.

"Ven y acuéstate a mi lado, hasta la luz de la madrugada. Todo lo que estoy tomando es tu tiempo. Ayúdame a pasar la noche". Kris Kristofferson.
Rogelio "Turco" Alaniz se interna otra vez en la ficción con “Ayúdame a pasar la noche”, un volumen de relatos breves que atraviesa la fragilidad de los vínculos, la memoria como lugar incierto y la derrota en la vida cotidiana.
El libro, que será presentado el jueves 19 de marzo a las 18 en el Bar Gayalí, reúne relatos autónomos, escenas breves, narraciones en primera persona o situaciones que se dan en bares, hoteles o calles desiertas, donde los personajes se enfrentan con episodios decisivos.
Si cabe alguna intertextualidad, muchas de esas criaturas que protagonizan las historias contenidas en el nuevo trabajo, bien podrían haber salido de otros trabajos de Alaniz, al menos de "¿Quién mató al Bebe Uriarte?".

El propio Alaniz señala que el título del libro remite a una referencia cultural. La frase "ayúdame a pasar la noche" proviene de una canción escrita por Kris Kristofferson y utilizada por el director John Huston en la película "Fat City".
En el prólogo, el autor reconoce esa influencia y define el tipo de personajes que pueblan el libro. "Hablo de hombres y mujeres para quienes vivir es una rutina complicada y dolorosa", dice.
Y agrega: "Hablo de perdedores colocados en ese lugar por los azares del destino, porque se lo buscaron o porque viven en una sociedad que en ciertas circunstancias suele ser despiadada".
De hecho, la atmósfera de los relatos se vincula con ese clima de madrugada, soledad y desencanto que recorre tanto la canción como el imaginario cinematográfico al que alude el autor.
Así como ocurre en muchas películas de Huston, desde "El tesoro de Sierra Madre" y "Mientras las ciudad duerme" a la aludida "Fat City", los personajes de Alaniz, en general, son perdedores. Ya jugaron todas las cartas y el final está cerca.

El volumen está compuesto por narraciones cortas que presentan situaciones diversas, unidas por un mismo tono. En muchos casos se trata de historias que, como se dijo, registran momentos límite en la vida de los personajes.
Algunos relatos giran en torno a relaciones afectivas afectadas por la distancia o la culpa. En uno de los textos, por ejemplo, el narrador recuerda las últimas semanas de vida de una mujer a la que visitaba y le leía textos de Cesare Pavese.
En otros casos aparecen situaciones ligadas al delito, la violencia o la marginalidad. También hay encuentros casuales, recuerdos de amores perdidos o escenas de la vida nocturna. Bares con luces apagadas, cabarets y hoteles donde se desarrollan episodios breves pero decisivos.

Uno de los rasgos del libro es el protagonismo de la noche como espacio narrativo. Muchos de los relatos transcurren en lugares de tránsito donde los personajes aparecen en situaciones de incertidumbre o conflicto.
Una mujer espera en una mesa junto a la ventana de un bar mientras observa la plaza vacía. Un narrador describe el ambiente de un bar nocturno con hombres que arrastran problemas, donde el alcohol es un alivio frente a la angustia.
Este tipo de escenarios se repite y configura una geografía reconocible donde la memoria y el pasado reaparecen de manera inesperada. En este sentido, hay mucho del noir, uno casi cree estar en una película de Robert Mitchum.
Los protagonistas de los relatos suelen ser hombres y mujeres en crisis o desgaste emocional. En ese sentido, el libro propone una mirada sobre personajes que ocupan posiciones marginales o inciertas dentro de la vida social.

Alaniz lo resume en el prólogo cuando describe a sus personajes como gente para quienes la noche no es descanso, es inquietud. "Hablo de personas para quienes la noche no es la estación de la paz y el reposo sino el lugar de las pesadillas".
En muchos casos conviven con la culpa, el fracaso o la nostalgia, pero al mismo tiempo conservan una expectativa mínima de redención o de encuentro con otros.
Otra intertextualidad: el final de la película de Huston aludida por Alaniz, bien podría ser un relato más de su libro. Cuando Tully (Stacy Keach) le ruega a Ernie (Jeff Bridges) que se quede un rato más con él en ese bar de madrugada, aparece la noción de la derrota pero también de la dignidad.
El qué propone Alaniz no es un mundo apto para finales felices y las vidas grises que describe no son fáciles de mirar. Pero sirven para pensar sobre la condición humana. Cómo dice Walter Neff en "Pacto de sangre" (otra vez el noir) "maté por dinero y por una mujer. Ni conseguí el dinero, ni la mujer".