En la bohemia porteña de los 30 una mujer (en un giro extraño para su tiempo) escribió tangos que terminarían cantando figuras como Carlos Gardel y Azucena Maizani. Para no desentonar, lo hizo bajo seudónimos masculinos.

María Luisa Carnelli fue periodista, poeta y militante política. Una obra teatral protagonizada por Patricia Malanca recupera la historia de esta figura singular de la cultura argentina.

En la bohemia porteña de los 30 una mujer (en un giro extraño para su tiempo) escribió tangos que terminarían cantando figuras como Carlos Gardel y Azucena Maizani. Para no desentonar, lo hizo bajo seudónimos masculinos.
Esa mujer era María Luisa Carnelli, periodista, poeta y militante comunista, cuya figura vuelve hoy a escena con la obra "Carnelli: algo que tiembla cederá".
La pieza, que se estrena el 19 de marzo en el Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires, propone un recorrido teatral y documental por la vida de esta pionera del tango.
En escena, la cantante y actriz Patricia Malanca encarna a Carnelli mientras la periodista Nora Veiras aporta lecturas y registros que reconstruyen su itinerario vital: de la vida burguesa a la militancia, del periodismo en Buenos Aires a su experiencia como corresponsal en la Guerra Civil Española.
En diálogo con este medio, Malanca reflexionó sobre el desafío de interpretar a una figura casi olvidada del tango y sobre el modo en que la historia de Carnelli reaparece en las discusiones culturales y políticas del presente.

-María Luisa Carnelli fue una figura singular del tango y del periodismo, ¿Qué aspectos de su vida fueron los que más te interpelaron a la hora de construir este personaje en la obra?
-Carnelli aparecía como un eco cada 8 de marzo en las juntadas de chicas tangueras. Pero a diferencia de las músicas pioneras o intérpretes pioneras de tango del siglo XX el caso de María Luisa sucumbía rápidamente en el olvido bajo la anécdota de que firmaba sus tangos con seudónimo de varón.
Eso era todo y probablemente porque era periodista, intelectual, porque no era artista. Hace un par de años atrás leí el libro que editó Florencia Abatte recopilando su obra y aproximando una biografía más completa y a partir de ahí se me reveló una personalidad impresionante con quien sentí muchos puntos de contacto.
El año pasado tuve la oportunidad de ir a España a investigar un poco más respecto a su paso por allí como cronista de guerra durante la Guerra Civil Española.
Vengo vibrando en modo Carnelli desde que abrí la caja completa de su historia: su pertenencia a una familia burguesa a la que abdicó, la separación temprana de su marido.
Luego su mudanza con un hijo bajo el brazo de La Plata a Capital para vivir la vida bohemia en el grupo Boedo donde conoció a su pareja Enrique González Tuñon y ese desparpajo de escribir letras lunfardas de tango en un contexto adverso.
Toda esa vida de bohemia clandestina entre periodistas, marginales e intelectualidad siempre me atrajo. En realidad, me atraen las personalidades curiosas del mundo porque esa curiosidad fue transformadora. Todo lo contrario a lo que vivimos en este siglo XXI.

-La obra propone un formato híbrido entre documental periodístico, música en vivo y ficción testimonial, además de contar con la presencia en escena de la periodista Nora Veiras. ¿Cómo dialogan esos lenguajes en la puesta y de qué manera ayudan a reconstruir la dimensión histórica y política de Carnelli?
-La dramaturgia de Manuel Santos Iñurrieta sitúa a María Luisa en un presente atemporal más cercano al de sus últimos años, los años 80 cuando ella ya era una fuente de consulta para la Academia del Tango que presidía Gobello, por ejemplo.
Desde allí ella recorre su biografía, reflexiona sobre la protagonista de su única novela "Quiero Trabajo", narra sus años como corresponsal de guerra en España y la transformación que esa experiencia le provoca cuando abraza la militancia en el partido comunista.
Además la puesta propone una entrevista real entre el personaje con una periodista que encarnará Nora Veiras, quien prestigia este material por su carácter testimonial documental.

-Carnelli escribió para grandes compositores y sus letras interpretadas también por grandes figuras, Desde su experiencia como cantante de tango, ¿qué significa reencontrarse con ese universo musical desde el teatro y desde la perspectiva de una mujer pionera en el género?
-En mi caso personal es la primera vez que interpreto toda una saga de tangos reos de la primera guardia en un contexto teatral. Y me encanta.
Se me conoce en el medio tanguero por todo lo contrario, por ofrecer fusiones, composiciones contemporáneas. Es una gran oportunidad volver al origen del tango que coincidió con el inicio de un país que se imaginaba plural.
Y es una oportunidad porque es como hacer un tour histórico por los paisajes sonoros donde se paseó Gardel, Maizani, Ada Falcón, Agustín Magaldi, Filiberto.
Pero además es una oportunidad habitar las contradicciones de letras escritas por una mujer que transitó el cambalache legítimo, la década infame, y luchó con lo poco que tenía (la palabra) contra el imperio del patriarcado agroganadero digamos.

-La obra también recupera la militancia política y la experiencia de Carnelli ¿Cómo se aborda en escena esa dimensión internacional y comprometida de su figura?
-Una de las cosas que me animó a movilizar esta obra era justamente recuperar el prisma de la complejidad de la figura de Carnelli. Sin ingenuidades ni sesgos. Ella no era solo una letrista de tango.
Para eso había que detenernos exactamente en su militancia comunista y comprender lo que ocurría en el mundo que le tocó vivir. Cómo fue que una mujer resuelve soltar las comodidades, lanzarse a la aventura de luchar por las injusticias con la palabra y luego de sentirlas en su propio cuerpo comprometer su vida entera.
Como le pasó a Ernesto Guevara que se lanzó por Latinoamérica con su moto a atender enfermos en leprosarios, María Luisa se lanza al mundo a escuchar y hacer crónicas de los mineros de Asturias, las inclemencias del industrialismo capitalista sin derechos laborales.
Sus artículos sobre la guerra en España, publicados en el diario Crítica, eran leídos con fervor en Argentina. Entre sus lectoras estaba Celia de la Serna, quien compartió esas notas en su entorno familiar, influyendo en la formación política de un joven Ernesto Guevara durante su infancia en las sierras cordobesas.
María Luisa nació en La Plata en 1898, en el seno de una familia conservadora burguesa de la que decidió apartarse. Fue una oveja negra, coherente y audaz, que eligió vivir al margen de las convenciones.

-Venís de una trayectoria muy fuerte dentro del tango contemporáneo y de proyectos conceptuales. ¿De qué manera este trabajo teatral dialoga con tu propio recorrido artístico y con su interés por rescatar voces femeninas invisibilizadas en la historia cultural argentina?
-Estudié teatro muchos años en Avellaneda, la inolvidable Calle Larga. En los años de formación musical también participé en obras de Briski. Y un poco más acá me formé en Timbre 4 la escuela de Tolcachir. Tenía claro que si aparecía alguna oportunidad de volver a poner en valor toda esa formación actoral lo iba a hacer.
Carnelli su biografía, llegó como un rayo, como una idea fuerza que me tomó todo el cuerpo, la dramaturgia me conmovió, y Marina García la directora de la obra, fue viviendo conmigo durante casi 6 meses de ensayos la transformación que la palabra de la narrativa de esa escritora nos fue provocando.
Creo que un mensaje muy potente que tiene la obra es la idea de movilizar, la potencia movilizadora que tienen las mujeres, con sus obras, con sus actos, con la lírica y con la palabra.