El estafetero que escribía cuentos infantiles: rescate de una entrevista a Aldo Tibaudín
En febrero de 1974, este diario dialogó con un trabajador postal que repartía correspondencia en trenes y llevaba sus libros en jeep a las escuelas rurales. Su obra, nacida tras un accidente, marcó a una generación de lectores.
Algunas de las obras de Tibaudín. Foto: Ediciones Juglaría / Archivo
El 11 de febrero de 1974, El Litoral publicó una entrevista con un personaje muy interesante. En una página interior del diario, aparecía la voz de Aldo Tibaudín, un trabajador postal que había comenzado a escribir cuentos para niños y que recorría el país distribuyendo libros en escuelas rurales.
Tibaudín (1931-2006) desarrolló una obra amplia, con numerosos títulos leídos por niños de todo el país y también en el exterior. Su producción recibió premios y el reconocimiento de instituciones educativas que recomendaron sus textos para el trabajo en el aula.
Aldo se hizo conocido por una práctica infrecuente: viajar personalmente para acercar sus libros a los lectores. Su "heroico jeep", como él mismo lo llamaba, cargado de ejemplares, se convirtió en una imagen recurrente.
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Partía con el vehículo lleno y regresaba sin libros, pero con relatos, experiencias y vínculos generados en escuelas y pueblos, por lo general, alejados de los centros urbanos.
Entre sus obras más recordadas figuran "La bolsa de los colores", "La alcancía de los sueños", "País de leyendas", "La sonrisa mágica" y "Regresión", dirigida a adolescentes. Hasta sus últimos días editó y distribuyó la revista literaria “Hombre y camino”, una publicación independiente sostenida de manera autogestiva.
La entrevista de 1974
En la entrevista concedida a El Litoral en 1974, Tibaudín relató el origen de su vínculo con la escritura, atravesado por un hecho fortuito.
Tibaudín en El Litoral en 1974. Foto: Archivo El Litoral
"Nací en un barrio reo de Buenos Aires y sigo siendo reo. Pero hace unos años íbamos con unos muchachos a cazar a la provincia y volcamos con el camión. Yo fui el que sufrió más golpes. Fueron en la cabeza y estuve mal; hasta con médico psiquiatra".
Durante el proceso de recuperación apareció, casi sin antecedentes, la escritura de su primer cuento. "Cuando estaba mejorando me dio un día por escribir un cuento. ¡Fíjese bien! Yo, que nunca había leído más que Tarzán de los monos y Sexton Blake! Y me salió un cuento para niños".
Ese texto fue enviado al Fondo Nacional de las Artes, donde recibió un premio y dio lugar a su primer libro, "Horas felices", publicado en 1963. A partir de entonces, Tibaudín continuó escribiendo de manera sostenida, siempre para público infantil.
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Dos oficios
En la misma entrevista, Tibaudín se presentó ante todo como trabajador. "Soy estafetero de Correos y Telecomunicaciones. He viajado por todo el país llevando correspondencia en los trenes".
Ese oficio fue el que le permitió conocer el territorio y establecer contacto directo con comunidades educativas alejadas. Durante sus vacaciones laborales, decidió profundizar ese vínculo desde la literatura.
"Desde que escribo cuentos para niños aprovecho mis vacaciones para visitar escuelitas perdidas, regalando libros y golosinas".
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La propuesta pasaba por la lectura, pero Tibaudín promovía también la participación activa. "Después les pido a los chicos que me cuenten sus experiencias y lo que les dice el viento o las piedras o el burrito, en plena sierra, o donde sea. Con esos relatos sueltos volvemos al aula y contamos un cuento".
También impulsó concursos internos de preguntas y respuestas, como estrategia pedagógica, y destacó el compromiso de muchos maestros rurales, a quienes definió como "sacrificados por la enseñanza" en contextos adversos.
Una narrativa clara
Claudia Seghezzo analizó la obra de Tibaudín. "La narrativa de Aldo Tibaudin es sencilla y clara; está presente la sensibilidad del autor en cada narración. Ayuda a fortalecer el crecimiento, ya que al final hay un mensaje esperanzador. El futuro siempre es mejor".
Editorial Hombre y camino
Seghezzo también lo describe como un creador con múltiples facetas: viajero cultural, coordinador de talleres, artesano y editor independiente, "a la manera de un quijote", con proyectos pensados para acercar la cultura a distintos públicos.
"Es una obra atractiva tanto para niños de cualquier edad como para adultos, docentes y toda persona que desee volver a la etapa más linda del ser humano: la infancia", señala.