Cuando Betty Boop apareció en la pantalla, a comienzos de los años 30, Estados Unidos estaba sumido en una crisis económica que no tenía precedentes. El cine, por su parte, no había sido "disciplinado" todavía por la censura moral.

Creada en los años 30, fue un ícono animado de la transgresión. La censura reformuló su cuerpo y su sentido cultural. Eso marcó su declive y su lugar en la historia.

Cuando Betty Boop apareció en la pantalla, a comienzos de los años 30, Estados Unidos estaba sumido en una crisis económica que no tenía precedentes. El cine, por su parte, no había sido "disciplinado" todavía por la censura moral.
Era común ver en la pantalla temas provocadores: adulterio, crimen organizado, prostitución y promiscuidad. Un ejemplo paradigmático es "Baby Face" (1933), donde Barbara Stanwyck usa el sexo como instrumento de poder.

En ese momento histórico, Betty sintetizó en su picardía las tensiones sociales: la sexualidad femenina, la libertad y el temor a un orden que empezaba a quebrarse. Esto último se ve perfectamente en "Viñas de ira", de John Ford.
Todo eso permite suponer que Betty, que en 2026 ingresó al dominio público (En Estados Unidos, la ley dice que los derechos de autor expiran a los 95 años desde la publicación) es un "archivo incómodo" de la historia.
Betty Boop es una "hija" directa de la Gran Depresión. Su popularidad creció en un momento en el que millones de personas buscaban en el entretenimiento una válvula de escape frente al colapso económico.
Dato de color: hay una película donde la situación que vivían los norteamericanos en esos tiempos se observa detalladamente, que se titula "Los viajes de Sullivan".

Los dibujos animados, impulsados por el sonido sincronizado y la expansión de las salas de cine, comenzaban a ocupar un lugar cada vez más importante en la cultura de masas. Es el momento en que Popeye y Mickey se hacen populares.
En Fleischer Studios entendieron que el público, además de humor y fantasía, quería también algo de transgresión. Betty encarnó eso. Es una figura femenina hipersexualizada, pero presentada en un registro caricaturesco.

El personaje es inseparable de una etapa del cine previa al Código Hays, cuando Hollywood todavía no había sido sometido a un sistema rígido de censura. En ese contexto, su cuerpo era un campo de disputa simbólica.
"Los bucles, la falda cortísima, la liga, los tacos,altos, el escote, la espalda descubierta y hasta algún que otro vestido que vuela y la deja en ropa interior se conjugan con la mirada, con la voz y la actitud infantiles. Betty introduce el erotismo disfrazado de aventura cotidiana", explica María Valdez.

En efecto, Betty es una construcción cultural inquietante, reflejo de una sociedad que todavía no tenía del todo claro cómo procesar los cambios que se producían en el rol de la mujer.
"¡Boop-oop-a-doop!" se convirtió en la frase más reconocible del personaje. Más que un latiguillo, funcionó como marca identitaria, un sonido onomatopéyico de coquetería, desafío y despreocupación.
La incomodidad que generaba Betty era ostensible, sobre todo por sus insinuaciones. Hay un capítulo -"The Old Man of the Mountains" 1933-, por ejemplo, donde Betty curiosea un bosque donde habita un anciano que intenta agredirla.
En un juicio de 1934 fue descrita de este modo: "un rostro grande y redondo de niña con ojos grandes y una nariz respingada, enmarcado por un peinado algo cuidado, con un cuerpo muy pequeño cuya característica principal quizás sea el busto más seguro de sí mismo que se pueda imaginar".

La frase dice más sobre la época que del personaje. El problema era lo que ese cuerpo sugería. Como señala Chiara Esperanza Piñeiro Conforti, "las escenas estaban llenas de guiños sexuales y situaciones tensas que reflejan los conflictos sociales que vivían las mujeres en los años 30".
El Código Hays, puesto en práctica en 1934, marcó un quiebre. La censura impidió insinuaciones sexuales, ambigüedades y cuerpos que escaparan al control moral. Betty tuvo que usar faldas más largas y asumir actitudes más recatadas.

El resultado fue devastador. Al perder aquello que la había definido Betty se vació de sentido. Su caída en popularidad fue el efecto directo de una censura que reguló contenidos y al mismo tiempo se ocupó de disciplinar imaginarios.
Varias décadas después, Betty Boop sigue circulando en la cultura pop como imagen, fetiche y símbolo retro. En su figura persiste una pregunta: ¿Qué hacemos con los cuerpos y con el deseo cuando la moral decide cerrar filas?.