Dady Brieva suele decir, al referirse a "Cacho" Deicas, que es el "Polaco Goyeneche" de la cumbia santafesina. Siguiendo esa misma línea, Cacho Galé podría pensarse como una especie de Antonio Carrizo o Héctor Larrea de la radiofonía de estas tierras. Es que el locutor que falleció este viernes, a los 90 años , es parte de esa estirpe porque logró construir, con su voz, un ícono potente como el Puente Colgante o el liso.
Cacho Galé y aquella radio que hacía más cortas las noches
Durante décadas, su voz acompañó a miles de santafesinos a través de "Un Cacho de Noche". También fue referente con sus programas sobre caza y pesca. Su larguísima trayectoria remite a una época en la que prender la radio era sinónimo de encontrar una compañía.

Tal vez entre el público más joven aludir a Galé (cuyo nombre era Roberto Dellamónica) no diga demasiado. Pero para los que peinan ya alguna cana, remite a la compañía de tantas noches con su programa "Un Cacho de Noche" o a escucharlo para saber dónde está el pique en sus espacios dedicados a la pesca, perfil que lo llevó también a tener un rol destacado en eventos relacionados con esa actividad.
Hace algunos años, en una entrevista para Retratos Urbanos Santa Fe, Galé repasó momentos de su trayectoria y habló de una de las marcas de su paso por los medios, que es la continuidad. Es que su historia se explica, sobre todo, por una presencia sostenida al otro lado de un micrófono que, para miles de santafesinos, fue parte de la vida cotidiana.

En esa conversación se mostraba orgulloso de que sus hijos hubieran seguido su legado "por ósmosis", dado que crecieron en un ambiente donde la comunicación era algo más que una profesión. "Nacieron, pasaron los primeros años y ya se introdujeron en la parte de medios. O sea que no hubo una preparación. Irrumpieron en la parte periodística, estudiaron, se capacitaron y después lo pusieron de manifiesto en los diferentes medios", contó.
Un intuitivo
Cuando le preguntaron por las mayores satisfacciones que había tenido a lo largo de tantos años con sus programas, Galé contestó que cada etapa tenía su propio valor, pero resaltó una historia en particular, iniciada en 1965, cuando un anunciante amigo que tenía una armería le propuso hacer un programa dedicado a la pesca.
Así nació "Cazando y pescando", primer nombre de un ciclo que comenzó con una emisión semanal de 15 minutos. Galé recordó que fueron cinco años con aquel formato. Más tarde, cuando el programa pasó a otra emisora, el director artístico, le preguntó si pensaba continuar con el espacio. La respuesta fue afirmativa, pero con una condición, había que cambiarle el nombre. De ahí surgió "Cartuchos y Anzuelos".

La anécdota muestra la intuición de Cacho Galé para detectar un interés de la audiencia, en una geografía donde el río es determinante. Supo encontrar allí un espacio para la radio y lo sostuvo durante años, hasta convertirlo en una referencia para quienes buscaban información sobre los lugares para pescar.
La radio como compañía
Hay otro programa emblemático de LT9 , "Un Cacho de Noche" que explica su saludable relación con los oyentes. En el aniversario número 25 del programa, Galé dijo que la noche “no es para estar solo, no, no. No es buena la soledad”.
La frase remite a una manera de entender la radio que hoy puede parecer de otra extemporánea, pero que tiene que ver con lo que buscaba ese medio, es decir construir una relación con quienes estaban del otro lado, hacerles lugar, invitarlos a participar y hacer de una emisión nocturna un encuentro.

"Simplemente comunicándonos, dialogando, participando, jugando, creando una relación simple, optimista, amena, con un dejo de alegría, con un dejo de un chiste", decía Galé. La música era una parte fundamental de la propuesta, también las llamadas telefónicas, las sugerencias de los oyentes y la posibilidad de que cada noche tuviera algo de imprevisible.
Con Galé se va un fragmento de la historia de la radio santafesina de antaño, esa en la cual una voz era capaz de llenar una cocina, de acompañar a alguien que vuelve cansado del trabajo, aliviar la noche solitaria de algún sereno o ser, casi, como un familiar querido al que se espera al final de cada día.








