La banda rosarina celebra veinte años de trayectoria sin detener su pulso creativo. Tras los festejos en distintos escenarios y el reciente Mendieta a Mejor Sencillo en los Premios Rosarigasinos por "Paranito Monster", Cámeron proyecta un nuevo disco y reafirma su identidad.
Cámeron, banda de rock rosarina. Foto: Gentileza producción
Cámeron, banda de rock rosarina, ha cumplido nada menos que veinte años de trayectoria. Los festejos por este aniversario se han ido sucediendo desde el año pasado en diversos escenarios, entre ellos los shows del pasado mes de octubre en Terraza Lavardén y el más reciente en el City Center Rosario, sin dudas algunos de los hitos más importantes de esta celebración extendida en el tiempo.
Lejos de detener su marcha, estas celebraciones no han frenado la producción artística de una formación que lanzó recientemente "Paranito Monster", tema distinguido en los Premios Rosarigasinos, donde obtuvo un Mendieta a Mejor Sencillo. Este single se suma a "Reggae (desvanecernos)" como adelantos de lo que será su nuevo trabajo discográfico, actualmente en proceso de gestación.
Para intentar dilucidar los inicios de Cámeron debemos remontarnos a los 90, momento en el que el cantante y guitarrista Fer Prieri y el bajista Federico Plano unificaron artísticamente sus caminos en Totoras, bajo un proyecto de covers llamado "Hierro Forjado". Sin embargo, no fue hasta 2004 cuando, ya instalados en Rosario, sumaron al baterista Gonzalo Prins, dando así vida a Cámeron como un poderoso trío.
Si bien a lo largo de estas dos décadas de trayectoria Cámeron ha ido alternando el número de integrantes —en la actualidad se presenta como cuarteto, con la incorporación de Leo Otta en piano—, su esencia musical se ha mantenido intacta. La banda toma elementos del rock y el blues clásicos, con claras referencias a las décadas del 60 y 70, combinando canciones directas, climas intensos y una fuerte impronta interpretativa que se potencia especialmente en vivo.
Estas influencias se ven reflejadas con claridad en sus dos discos de estudio, "Cámeron" (2015) y "Contraviento" (2019), ambos disponibles en plataformas digitales y considerados piezas fundamentales dentro de su discografía.
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"El repertorio de Cámeron se nutre principalmente de canciones propias, aunque siempre deja un lugar para clásicos del rock y el pop, con versiones de artistas como Creedence Clearwater Revival, Elvis Presley, The Beatles, The Doors, The Rolling Stones, Tom Petty y David Bowie, ofreciendo así un espectáculo emotivo, sólido y vibrante, capaz de conectar con públicos de distintas generaciones”.
Desde este medio, charlamos con Federico Plano, bajista de Cámeron, quien brindó detalles del recorrido emprendido, así como del presente de la formación.
Veinte años de rock
-Veinte años no son pocos: ¿qué sienten hoy cuando miran hacia atrás y revisan el recorrido de Cámeron desde aquellos primeros ensayos?
-Lo primero que sentimos es justamente eso que afirmás: ¡veinte años no es poco tiempo!, e inmediatamente advertimos todo ese crecimiento que atravesamos juntos, tanto como banda como en lo personal. También nos asombra el cambio que el mundo experimentó en estas dos décadas, a nivel tecnológico, dentro y fuera de la música, y cómo nosotros, simples seres analógicos, fuimos adaptándonos para poder resistir.
Si la mirada tiene que ir dirigida a los primeros ensayos, la respuesta sin dudas es que nunca perdimos las ganas de juntarnos para hacer música, algo así como una chispa que nunca se apaga.
-Si tuvieran que definir una etapa clave de la banda, ¿cuál sería y por qué?
-Bueno, coincidimos todos en que un momento clave para nosotros —como para toda banda— fue el lanzamiento del primer disco, allá por 2015. Resultó muy especial trabajar para dejar ese primer registro, esa textura real de nuestra música, donde en pocas canciones tratamos de contar toda nuestra historia.
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La dureza de los ensayos, la revisión del propio relato, las influencias, el rigor de las horas en el estudio: todo eso conforma una experiencia de vida.
Otro momento clave lo vivimos el año pasado, cuando “Paranito Monster” fue galardonada como Mejor Sencillo en los Premios Rosarigasinos. Ese reconocimiento nos llenó de alegría y nos reafirmó en nuestro rol de compositores, con la satisfacción de saber que nuestro mensaje es escuchado y valorado.
-El sonido de la banda dialoga con el rock y el blues clásicos: ¿cómo hacen para mantener esa raíz sin quedar atrapados en la nostalgia?
-Ciertamente, nuestro sonido proviene del rock y del blues, en primera instancia, y eso fue lo que nos unió y dio origen a Cámeron. Sigue siendo nuestro punto de encuentro, pero estamos abiertos a toda la música y, si algo nos atraviesa, dejamos que así sea.
Es un camino enriquecedor, del que por suerte no podemos ni queremos escapar. Tratamos de tener la mente abierta y eliminar prejuicios, para que nuestras canciones encuentren algún tipo de evolución disco a disco. Podríamos decir que convivimos con una nostalgia a la que intentamos transformar.
-Los nuevos singles anticipan un próximo disco: ¿en qué clima creativo están trabajando hoy?
-Así es, estos singles anticipan un nuevo disco en el que venimos trabajando desde hace bastante tiempo. Desde «Contraviento» (2019) hasta hoy pasó de todo, pandemia incluida, y la realidad de los artistas independientes, como nosotros, es que transitamos esos acontecimientos de una manera muy dura.
Gentileza producción
Pero todo eso va disparando diferentes miradas, abre grietas creativas y hace aparecer nuevas formas de composición: es la resiliencia virando hacia otras posibilidades, impulsándonos hacia lo que viene.
De la mano de nuestro productor, Willy Echarte, todo ese proceso se consolida y toma una forma más adulta y genuina, con una conciencia de respeto hacia la música que hace crecer nuestro sonido.
-¿Qué buscan que se lleve alguien que los ve por primera vez?
-Hay cosas que nunca podrán ser reemplazadas. Recién mencionábamos cómo cambió el mundo en estos veinte años, y una de las novedades más evidentes es la irrupción de la inteligencia artificial.
Hoy la corriente parece ser volcarse a eso y generar “verdades” por doquier, verdades que no son tales, desprolijidades sumamente prolijas que terminan vaciando el contenido de todo lo que existe.
A nosotros nos gusta tocar porque nos sentimos libres y vivos, y eso se transmite y se siente en un lugar que las nuevas tecnologías nunca podrán imaginar ni acariciar. Es ese ida y vuelta con el público, cuando alguien siente que lo que suena le está llegando.
Creemos que en nuestros shows prima esa simbiosis emocional, propia de una "conexión real".
El poder del vivo
-¿Qué sigue motivándolos a subirse al escenario después de dos décadas?
-Estar en un proyecto durante tanto tiempo se vuelve inevitablemente una porción irremplazable de la vida de cada uno. El hecho de subirte al escenario a tocar con tus amigos es una experiencia sin comparación posible.
Gentileza producción
La posibilidad de transformar una idea en una canción y “cambiarle la noche” a alguien con eso es, para nosotros, tocar el terciopelo de la existencia.
Fabricar un rincón donde compartir el amor y la felicidad es algo difícil de definir. Pudimos haber sido cualquier otra cosa, pero somos una banda de rock.