Al promediar los años 50 del siglo pasado, los estudios de Hollywood se encontraron en una encrucijada. La televisión ganaba cada vez más lugar en los hogares y la gente dejaba de ir al cine para consumir los contenidos de la pantalla chica.
Un clásico que cumple 70 años: la difícil escena del mar Rojo, el carisma de Charlton Heston y la lucha contra la televisión
El 5 de octubre de 1956, el director Cecil B. De Mille estrenó en Nueva York la superproducción que llevó el relato del Éxodo sobre el profeta Moisés a una escala inédita. Una película que hizo de sus efectos especiales parte del espectáculo.

Los directivos de la industria del celuloide comenzaron a desesperarse, hasta que hallaron una solución: las películas gigantes, en todos los sentidos. Es decir, temáticas monumentales, bíblicas o bélicas, perfectas para pantallas igual de grandes.
Así, empezó una década en la cuál se sucedieron fastuosas realizaciones, que intentaron plantear una experiencia irreproducible en un aparato de televisión. Fue en ese contexto en el cual se estrenó en Nueva York, el 5 de octubre de 1956, "Los diez mandamientos", de Cecil B. De Mille.
Un elenco de notables
La película, que cumple 70 años, contó con un reparto encabezado por Charlton Heston, como Moisés y Yul Brynner, como Ramsés II. A ellos se sumaron Anne Baxter, Edward G. Robinson, Yvonne De Carlo y Debra Paget. La ambición iba en todos los sentidos posibles.
El guión retoma el relato bíblico del Éxodo, desde el nacimiento de Moisés y su crianza en la corte egipcia hasta la liberación del pueblo hebreo. De Mille, que ya había llevado esa historia a la pantalla en una versión muda de 1923, decidió volver sobre el mismo material con los nuevos recursos.
Secuencias imborrables
Fue una de las producciones más costosas de su tiempo. La magnitud de los escenarios, el vestuario y la cantidad de extras tenían que ver con la necesidad de hacer de cada secuencia un acontecimiento visual, algo digno de ser celebrado por el público, para que después no dudara en volver a las salas.

Uno de los principales retos fue rodar la apertura del mar Rojo, las plagas de Egipto y la entrega de las tablas de la ley. Para eso se echó mano a escenografías monumentales, trucos ópticos y efectos especiales. En particular, la separación de las aguas, una de las escenas más recordadas del cine.
Se hizo con efectos especiales, trucos de cámara y mucho trabajo de laboratorio. El equipo de Paramount construyó grandes depósitos de agua y filmó cómo el líquido caía hacia el centro de una estructura. Después, esas imágenes se pasaron al revés: lo que en el original era agua cayendo, en la pantalla parecía el mar retirándose.
Choques de poder
El rodaje estuvo marcado, además, por la meticulosidad de De Mille, que incorporó elementos de distintas fuentes históricas y literarias. La película tomó como referencia la Biblia, pero también tradiciones y relatos posteriores. Así, pudo representar el enfrentamiento entre dos concepciones del poder.

Moisés aparece como profeta pero también como un hombre obligado a renunciar a los privilegios de la corte para asumir su verdadera identidad. La elección de Charlton Heston fue importante en ese sentido, ya que se ve el conflicto humano detrás de la figura insuflada por el poder de Dios.
La película se estrenó en el marco de una estrategia de Hollywood para recuperar al público. El uso del formato VistaVision permitió imágenes de gran definición y una amplitud visual ideal para las dimensiones de las salas. A eso se sumaron el Technicolor, los escenarios y una puesta en escena concebida para aprovechar las posibilidades de la pantalla grande.
"Ben Hur" y después
La respuesta del público acompañó la apuesta. La película se convirtió en uno de los grandes éxitos comerciales de 1956 y obtuvo una recaudación que superó ampliamente su presupuesto. En los años siguientes, títulos como Ben-Hur, también con Heston, profundizaron esa tendencia.

Sin embargo, unos pocos años más tarde el estrepitoso fracaso financiero de "Cleopatra" clausuró esa etapa prolífica en "películas gigantes". La incipiente rebeldía y los profundos cambios sociales llevarían al cine hacia otras direcciones.








