El álbum debut del Guttman Tango Quintet tiene como punto de partida una hipótesis imposible de corroborar, pero increíblemente rica si se piensa en todas las posibilidades que admite ¿Qué hubiera pasado si Mahler, Beethoven o Mozart hubieran compuesto en Buenos Aires?
¿Y si Mozart y Beethoven hubieran compuesto tangos en Buenos Aires?
El quinteto revisita obras del repertorio académico europeo desde los códigos de la música porteña. Con arreglos de Chloé Pfeiffer, el proyecto propone crear una música nueva a partir de composiciones conocidas. Los detalles en una entrevista.

Con una provocación piazzolliana, "From Another World", se sostiene en un "encuentro entre la tradición clásica europea y el alma del tango", según los propios realizadores. Concebido y dirigido por el violinista Michael Guttman, el proyecto reúne a cinco músicos que integran ambos mundos.
Cada pieza parte de una obra canónica del repertorio clásico y luego la reimagina a través del lenguaje del tango. Los arreglos fueron realizados, bajo esa premisa, por la compositora francesa Chloé Pfeiffer, quien se nutre de diversas fuentes para poder entablar ese diálogo de modo fluido.
Puntualmente, cada pista asume una pregunta, provocativa, del estilo ¿Qué pasaría si Schumann hubiera escrito una milonga? ¿Qué pasaría si Mahler hubiera escuchado el bandoneón? ¿Qué pasaría si Beethoven hubiera sentido el pulso de un tango?

Reinventar los clásicos
El recorrido incluye, por ejemplo, "Buenos Aires - Viena", a partir de la Sinfonía n.º 5 de Beethoven; "Hermano Gustavo", inspirado en la Sinfonía n.º 1 de Mahler; y "Musiquita Nocturna", que toma como referencia la célebre "Eine kleine Nachtmusik", de Mozart. El repertorio también pasa por Satie, Prokófiev, Bach, Chopin, Brahms, Schumann, Dvořák, Mendelssohn y Shostakóvich.
Para entender mejor el proceso, El Litoral dialogó con el belga Michael Guttman, director artístico, y el argentino Ariel Eberstein, integrantes del grupo junto al franco chileno Lysandre Donoso y los belgas Ivo De Greef y Stijn Kuppens.
Identidad propia
-La premisa de este nuevo proyecto propone abordar el repertorio de grandes maestros académicos como Beethoven o Mahler. ¿Cómo se gestó este enfoque conceptual y estético?
Ariel E.: Conocí a Michael como un amante de la música de Buenos Aires (había organizado varios conciertos donde tocó junto a Néstor Marconi). Realizamos una serie de conciertos alrededor de un repertorio mainstream, hasta que decidimos darle un formato o identidad propia a nuestro encuentro.
Así surgió el Guttman Tango Quintet. En uno de esos encuentros Michael tuvo la idea de hacer un tango con Mozart, así surgió el arreglo madre de este disco. Luego siguió Mahler hasta que decidimos hacer un repertorio entero con este concepto y los arreglos de Pfeiffer.
Crear algo nuevo
-En las fusiones de este tipo se corre el riesgo de caer en adaptaciones superficiales o decorativas. Durante el proceso de trabajo con Chloé ¿en qué momento advirtieron que las composiciones trascendían el guiño estilístico para ser verdaderas piezas de tango?
-Michael G: Nunca pretendimos simplemente transformar obras del canon clásico en tangos. Desde el principio, nuestra intención fue utilizar ese material musical como punto de partida para crear algo nuevo, con una identidad propia y dentro del lenguaje del tango.
En ese sentido, no estamos hablando de un crossover entre la música clásica y el tango, sino de un verdadero trabajo de reinterpretación y creación, cuyo resultado se acerca mucho más a nuevas composiciones que a simples arreglos o adaptaciones.

Ariel E.: Por supuesto, todo el mérito de este trabajo corresponde a Chloë Pfeiffer, quien tiene una sólida formación en composición clásica y, al mismo tiempo, ha dirigido su propia orquesta típica de tango.
Es una de las pocas personas que conozco que se mueve con absoluta naturalidad en ambos universos musicales. Y creo que justamente esa doble pertenencia es lo que le permite abordar este repertorio con tanta libertad, sin quedar atrapada en las convenciones de ninguno de los dos lenguajes.
Encontrar el equilibrio
-En la música académica, el contrabajo suele cumplir un rol de contención y solidez estructural, mientras que en el tango asume una impronta percusiva y visceral. ¿Cómo fue el proceso de infundir ese pulso porteño a obras concebidas bajo la estética clásica?
-Ariel E.: Es acertada tu observación respecto del papel que cumple el contrabajo en cada uno de estos universos musicales. Creo que uno de los desafíos del disco fue comprender, desde el punto de vista estilístico, cuándo una composición se mueve dentro del lenguaje de la música clásica y cuándo se acerca al universo del tango, y usar ese criterio para decidir cómo abordar cada fragmento musical.

Lo interesante es que una misma nota, una articulación o una determinada figura rítmica pueden adquirir sentidos completamente diferentes según el contexto musical en el que aparecen. Lo que en un momento requiere una aproximación más cercana a la tradición clásica, en otro puede exigir una interpretación ligada al lenguaje del tango.
Reconocer esas diferencias y encontrar el equilibrio entre ambos mundos representa un verdadero desafío interpretativo, porque no se trata simplemente de tocar las notas escritas, sino de comprender qué lenguaje musical les da sentido en cada momento. Por suerte me dediqué a la música clásica hasta que decidí especializarme en el tango moderno.
Conocer el género
-El quinteto reúne a músicos de diversos orígenes. Más allá de la solvencia para interpretar la partitura, ¿qué nivel de complejidad implicó transmitir e internalizar los códigos no escritos del tango?
-Michael G: Los músicos que elegí para integrar el Guttmann Tango Quintet son, ante todo, especialistas en el tango. Para mí era fundamental trabajar con intérpretes que no solamente tuvieran gran solvencia técnica, sino también un conocimiento profundo del lenguaje, la tradición y los diferentes estilos que conviven dentro del género.

Ivo de Greef es, sin duda, uno de los pianistas de tango más solventes que hay actualmente en Europa. Lisandro Donoso es un bandoneonista con un conocimiento extraordinariamente profundo tanto del repertorio de Astor Piazzolla como del tango tradicional.
Stijn Kuppens, por su parte, es un apasionado y especialista no solamente del tango, sino también de la música latinoamericana en un sentido más amplio. Y Ariel Eberstein es conocido por su trabajo de investigación, construcción de repertorio y producción artística dentro del tango moderno.
Trabajar con músicos especializados en tango hace que no sea necesario verbalizar los elementos estilísticos que son tan característicos del género. Hay una serie de códigos interpretativos, articulaciones, acentuaciones y maneras de frasear que forman parte de un lenguaje compartido y que, en gran medida, ya están sobreentendidos entre nosotros.
Por eso, cuando abordamos una composición nueva, no necesitamos detenernos a explicar esos aspectos fundamentales del estilo, sino que podemos concentrarnos directamente en las dificultades específicas de la obra, tanto desde el punto de vista técnico como musical.
Esa comprensión colectiva del lenguaje nos permite trabajar con mayor profundidad y dedicar nuestra energía a resolver los desafíos particulares que plantea cada composición.
Las fronteras no importan
-Han presentado este repertorio en escenarios de tradición académica, como el Festival de Martha Argerich o en Gstaad, ante audiencias habituadas al formato clásico. ¿Cómo describirían la recepción del público y el impacto que generó la propuesta en esos contextos?
-Michael G.: Es cierto que tuvimos la suerte de poder presentar este álbum en salas y festivales de gran prestigio dentro del ámbito de la música clásica, donde existe una tradición muy arraigada en torno al canon clásico. Éramos conscientes de que presentar un proyecto de estas características implicaba asumir un riesgo artístico importante.

Puedo imaginar que, al escuchar por primera vez el concepto de reinterpretar grandes obras del repertorio clásico desde el lenguaje del tango, alguien podría pensar que se trata de una propuesta cercana al kitsch, o de un simple ejercicio de fusión entre dos géneros musicales.
Sin embargo, creo que justamente ahí reside una de las grandes virtudes de este proyecto: el extraordinario trabajo de Chloë en la reconstrucción y recomposición de las obras va más allá de una adaptación. Estamos hablando prácticamente de nuevas composiciones, de un altísimo nivel artístico.
Creo que esa profundidad en el trabajo compositivo es lo que ha permitido superar cualquier prejuicio inicial. Hasta ahora, las experiencias que hemos tenido presentando este repertorio en esos contextos han sido extraordinariamente positivas.
La recepción del público demuestra que cuando una propuesta está construida con rigor, creatividad y una verdadera comprensión de ambos lenguajes musicales, las fronteras entre los géneros dejan de ser tan importantes. Y creo que eso es precisamente lo que hemos conseguido con nuestro primer álbum.








