Isabel Agudelo es ingeniera química, becaria doctoral en el área de catálisis en Incape-Conicet (Instituto de Catálisis y Petroquímica) y actualmente escritora.

“‘El traficante de ilusiones’ es un libro que se inspiró y se escribió en su totalidad en Santa Fe. Santa Fe es sinónimo de hogar para mí y el libro refleja exactamente eso. Escribir es algo que hice toda mi vida, y finalmente me animé a mostrar esa parte de mí. Soy ingeniera química, pero siempre tuve dividido mi corazón entre las ciencias naturales y la literatura”, cuenta la autora.

Isabel Agudelo es ingeniera química, becaria doctoral en el área de catálisis en Incape-Conicet (Instituto de Catálisis y Petroquímica) y actualmente escritora.
En un encuentro con ella, profundizamos acerca de su historia y su libro publicado en mayo del 2025: “Yo nací en Colombia, pero vivo hace 20 años en Argentina, soy de nacionalidad colombo-argentina y me gusta aclararlo, porque en mi corazón están las dos banderas. En un país nací, pero en el otro me hice y me hago cada día un mejor ser humano. ¡Actualmente vivo en Santa Fe y mi vida y mis amores están acá!
-En referencia al texto: ¿Podrías explicar la idea de “Traficante de ilusiones”? ¿Cuál es el primer concepto o referencia que debería captar el lector?
-Es un oxímoron, pero también alude a la cantidad de veces que los seres humanos traficamos, de manera consciente o no, con lo más importante que tenemos, que es nuestro mundo emocional, o como bien lo llamaba Viktor Frankl: ¡nuestro mundo interno! El primer concepto que debería captar el lector, es el de humanidad, ¿qué hay más humano que las emociones? y cuan deshonestos a veces somos con nosotros mismos con respecto a ellas! Me resulta importante reflexionar con respecto a ellas y encontrar el camino hacia una vida más honesta para nosotros mismos y en consecuencia, para las personas que nos rodean.
-Crueldad humana, resiliencia y magia interior son algunas de las palabras que giran en torno al texto.¿Cuáles son tus motivaciones a la hora de escribir? ¿Qué te alimenta creativamente cuando el texto todavía no existe?
-En general la vida me resulta mágica, no tengo por naturaleza, un pensamiento trágico de la misma. Me gusta creer.
He visto con mis propios ojos, como los milagros ocurren diariamente, entendiendo por ellos no algo sobrenatural, sino la capacidad única que tiene cada ser humano de hacer su vida mejor. Para explicarme citaré a Lennon: “El amanecer es algo hermoso, y sin embargo, la mayor parte de la audiencia duerme todavía”. Y es así, muchas veces damos por sentado el aire que respiramos, el amor de la pareja, la risa de tu madre, y no valoramos ni en extensión ni en profundidad, todo lo mágico que puede ser eso.
-¿Cuáles fueron tus miedos al escribir el libro?
-Todos guardamos varios miedos en el corazón, que se expresan según la circunstancia y el momento. En mi caso, que la escritura fuera muy ingenieril, dada mi profesión, quería que el mundo conociera el costado más sensible de Isabel, algo que por mi propia timidez, me cuesta mucho mostrar.
-¿Cuando desarrollaste la habilidad para escribir? ¿Cuáles son tus referentes en este ámbito?
-En la infancia descubrí los libros y la poesía, pero fue en mi adolescencia donde empecé a esbozar algunos poemas.
Amo los cuentos, la short story, y la poesía. Todavía no encontré otra manera de decirle a las personas que me rodean y al mundo, lo que ellas producen en mí. Así que la escritura junto con la ingeniería, son para mí, una forma de vivir, mi forma de vivir!
Mi escritor preferido es y será hasta el final de los tiempos Jorge Luis Borges. Su libro “El milagro secreto” es sin duda mi favorito. Sin embargo, la poesía de Miguel Hernández me puede el corazón. También me gustan los cuentos de García Márquez, Edgar Allan Poe y Lovecraft. Tengo una gran fascinación por los cuentos de terror y eso ya vino en mi ADN.
-¿Cuál es la misión de este libro?
-Con “El traficante de ilusiones” busco, tal vez de manera tímida aún, llamar la atención. Que las personas estén más presentes y puedan apreciar los milagros que ocurren diariamente, como un simple amanecer.
-¿Cómo se relaciona tu trabajo académico con su escritura literaria? ¿Cómo manejas el mundo de la ciencias con el de las letras?
-¡Qué pregunta difícil! Son dos partes de un todo. Para ser un buen investigador hay que ser un buen observador de la naturaleza, las respuestas están ahí, y para ser escritor también! Adoro sentarme en los cafés y observar a la gente mientras charla, sus expresiones, sus formas. Me encanta leer sobre el comportamiento humano, de ahí mi gran admiración a Viktor Frankl y su logoterapia, así que verás, no son cosas tan distintas, una busca comprender y expresar el comportamiento de la naturaleza y la otra busca expresar y comprender el comportamiento humano. ¡Es decir, lo mismo!
-¿Cómo se vincula el mundo de las ciencias naturales con las sociales?
-La distinción entre el mundo de la literatura y la ciencia está en el lenguaje. Para la ciencia se buscan datos concretos, con técnicas concretas y resultados específicos. La literatura te permite algunas licencias que la ciencia no y que no debería. Absolutamente, la ciencia me ha dado estructura, profundidad, método, ambas requieren de mucha creatividad, o acaso no te resulta difícil imaginar el comportamiento de los átomos en una reacción específica?
Ya nos los advirtió Albert Einstein, es más importante la imaginación que el conocimiento. Cuánta razón tenía.
-¿Creés que la sensibilidad para escribir, observar y detenernos es un ejercicio que se desarrolla o que se nos viene dado?
-Me parece que ambas, nacen con una inclinación, una tendencia, lo que los neurólogos llaman temperamento heredado, de pequeña solía preguntarle a mi padre por qué el techo no se nos caía en la cabeza si nada lo sostenía.
A la noche le recitaba algunos poemas a mis papás antes de irme a la cama, ¿de dónde eso? No lo sé. Pero luego estudié ingeniería, y estoy a un año de ser doctora en ingeniería. He tomando cursos de escritura y he leído tanto que ni el horóscopo se me escapa, así que son condiciones de nacimiento que luego fueron profundamente estimuladas y desarrolladas.
-¿Cuáles son las injusticias de este mundo?
-En realidad el mundo me parece tan justo como injusto, solemos poner demasiada atención en lo malo que nos ocurre y a veces un solo hecho trágico tapa todo lo otro bueno que está ocurriendo en tu vida. Creería que lo más injusto que tiene el mundo es el mismo ser humano con el mismo ser humano, un profundo vacío llena hoy los corazones desesperados, incapaz de encontrar un sentido a su propia existencia, eso es muy injusto por naturaleza propia, y mientras tanto, la tierra sigue girando.