Faltaba poco para terminar 1936 y la Argentina estaba sumida en la llamada Década Infame. En ese escenario, de fraude electoral y denuncias contra la dirigencia política, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, llegó a Buenos Aires para participar de la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz.
Le gritó "¡abajo el imperialismo yanqui!" a Roosevelt y 32 años después visitó El Litoral: quién fue Liborio Justo
Era hijo del presidente Agustín P. Justo. Fue escritor, historiador y militante trotskista. En 1936 irrumpió en el discurso de Franklin D. Roosevelt en el Congreso con una dura crítica. Tres décadas después, en septiembre de 1968, llegó a Santa Fe y visitó la redacción de El Litoral, donde habló sobre la historia argentina, Buenos Aires y el interior.

El 1° de diciembre, Roosevelt ingresó al Congreso Nacional acompañado por el presidente argentino, el general Agustín P. Justo. El clima era solemne. El mandatario estadounidense comenzó su discurso y habló de democracia, paz y cooperación entre los países del continente.
Pero, de pronto, desde las galerías, se escuchó una voz: "¡Abajo el imperialismo yanqui!". La sorpresa fue mayúscula. Los custodios se abalanzaron sobre el manifestante y descubrieron que era Liborio Justo, militante trotskista, intelectual. Y, sobre todo, hijo del presidente Justo.

Liborio había conseguido ingresar al Congreso mediante una invitación oficial y aprovechó la presencia de Roosevelt para expresar su rechazo a la política estadounidense en América Latina. Años después recordaría que había decidido interrumpir el acto porque creía que alguien debía hacerlo.
De aquel grito a una visita a El Litoral
Tres décadas más tarde, en septiembre de 1968, aquel hombre que había irrumpido en el discurso de Roosevelt llegó a Santa Fe y visitó la redacción de El Litoral. El domingo 22, el diario publicó una entrevista con Liborio, quien para entonces había desarrollado una vasta obra como escritor e historiador.
La conversación permite recuperar parte de las ideas que guiaron su pensamiento. Consultado sobre qué lo había llevado a escribir su, ya entonces, vasta obra, Justo respondió que lo había impulsado "la necesidad de conocer el proceso histórico argentino, con el fin de tener elementos para interpretar el proceso actual".

La pregunta siguiente apuntó al presente de 1968. ¿Por qué la Argentina, después de haber sido una nación rectora de América Latina, se encontraba estancada y superada por otros países del continente?.
"¿A qué atribuye la causa?", le preguntó el periodista. "A la influencia predominante del capital extranjero en beneficio propio. Porque en otros países el capital extranjero ha intervenido, pero beneficiando a esas naciones, como en parte ocurre con el Brasil", respondió Justo.
Y desarrolló. "En nuestro país tal influencia se ha efectuado a través de Buenos Aires, que ha sofocado al resto de la República cultural y económicamente. La lucha de los caudillos, caso de López contra Buenos Aires, no era contra los porteños, sino para combatir la influencia extranjera que predominaba en la capital".

Gauchos, indios y una mirada de Buenos Aires
La conversación avanzó después hacia otro de los grandes temas de su obra, la participación de los gauchos y de los pueblos indígenas en la historia argentina. "La influencia de los gauchos es visible en la guerra de los caudillos, y la de los indios, me refiero a los araucanos, ha tenido mayor importancia que la del gaucho en el desarrollo nacional", explicó.
"El motivo es que se desarrolló en la provincia de Buenos Aires y atacó la más importante fuente de recursos argentina, que es la ganadería. En 1875 se llevaron un arreo de quinientos mil animales, nada igual en el mundo. Durante décadas todo el ejército argentino luchó contra los indios, y sólo pudo ser resuelto el problema con la aparición del Remington en 1879".
El periodista quiso saber qué entendía por "cultura porteña". La respuesta fue: "una cultura exótica, extensión de la de Europa, y cuyo predominio en el resto del país impide que se desarrolle la del interior, si bien ahora se nota una reacción favorable".

En esa misma línea se refirió a Julio Cortázar, cuya obra tenía por entonces una enorme circulación. "Cortázar, que mucho se lee, vive en París y está ajeno a las cuestiones argentinas; que se está empezando a tomar conciencia de la historia y las cosas nacionales".
Y agregó una crítica a los escritores del interior que llegaban a Buenos Aires, "se dejan influir por su atmósfera, se aporteñan, y su visión nacional desaparece generalmente".
Una vida de antiimperialismo
La entrevista publicada por El Litoral muestra una figura difícil de encasillar. Liborio había nacido en 1902, creció en una familia vinculada al poder político y terminó como uno de sus críticos más persistentes. Pasó por el comunismo y adhirió al trotskismo y a las ideas de la IV Internacional.

Su posición antiimperialista está en toda su producción intelectual. El episodio protagonizado ante Roosevelt en 1936 fue, en ese sentido, más que una provocación aislada, una posición política que mantendría hasta el final.
En sus escritos llegó a plantear una revolución marxista para la Argentina y propuso el nombre de Andesia para una futura unidad política latinoamericana. El término también había sido utilizado por el poeta chileno Vicente Huidobro en relación con una eventual alianza de países latinoamericanos frente a la hegemonía estadounidense.
Liborio Justo murió en agosto de 2003, a los 101 años. Para entonces habían pasado casi siete décadas desde aquel grito que interrumpió a Roosevelt en el Congreso.








