"En costa lejana y en mar de Pasión, dijimos adioses sin decir adiós. Y no fue verdad la alucinación. Ni tú la creíste ni la creo yo, ‘y es cierto y no es cierto’ como en la canción".

Hace 69 años, este medio informó con detalle la muerte de la escritora. Días después, completó la despedida con un texto de Guillermo de Torre. Publicado el 20 de enero, el ensayo aportó una mirada íntima y humanizada sobre la chilena.

"En costa lejana y en mar de Pasión, dijimos adioses sin decir adiós. Y no fue verdad la alucinación. Ni tú la creíste ni la creo yo, ‘y es cierto y no es cierto’ como en la canción".
En enero de 1957, el mundo (en particular América Latina) se quedó un poquito más huérfano y desolado. En Nueva York, lejos del sol al que le había cantado en sus versos, la poetisa chilena Gabriela Mistral se apagaba lentamente.
En Santa Fe, El Litoral registraba la noticia con detalle. No era para menos: era el cierre de una época, el final de una voz que había sabido nombrar el dolor, la maternidad, la infancia y, sobre todo, la identidad americana con una intensidad pocas veces alcanzada en la lengua española.

La despedida que el diario santafesino le dedicó a Mistral permite hoy reconstruir la dimensión cultural que Mistral tenía para el Río de la Plata y para América Latina en su conjunto.
El 10 de enero de 1957, El Litoral abrió su portada con la noticia del fallecimiento. Compartían espacio en la agenda la reorganización del gabinete de Francisco Franco en España y la designación de Harold Macmillan como primer ministro británico. Pero la muerte de Mistral ocupó el lugar central.
El diario informaba: "Gabriela Mistral pasó hoy del sueño a la muerte, sin dolor ni agonía, después de siete días de lucha increíble. La famosa poetisa chilena que falleció a las 4.18, pasó la noche sumida en un profundo estado comatoso, respirando difícilmente pero con el corazón siempre latiendo".

La precisión, la descripción del cuerpo que se apaga, el énfasis en la ausencia de dolor construyen una escena casi doméstica, que acerca al lector a la figura de la poetisa. La muerte de Mistral era un acontecimiento humano que interpelaba a lectores de todas las latitudes. Incluso a los santafesinos.
Diez días después, el domingo 20 de enero de 1957, El Litoral publicó un texto de Guillermo de Torre, ensayista y crítico literario español que vivía en Buenos Aires. No era una necrológica convencional, sino un ensayo, una evocación personal que iluminaba zonas de la vida y la obra de Mistral.
Desde el inicio, De Torre opta por la cercanía. "Puesto a evocar imágenes que revivan a Gabriela Mistral en la hora de su tránsito, las primeras en acudir a mi memoria son personales e íntimas".

Libros, retratos, cartas. El epistolario aparece como el lugar privilegiado donde se revela la verdadera Mistral. Allí, en esa "escritura muy inclinada, de perfiles simétricos", el crítico encuentra una nitidez incluso mayor que en los poemas. Mistral se vuelve humana, cotidiana, generosa.
Uno de los ejes del texto es la insistencia en la humanidad de Gabriela Mistral. Por encima de la gran poeta -"poeta", no "poetisa", aclara de Torre- predominaba una condición ética y afectiva que impregnaba toda su obra.
"Humanidad: he ahí la condición cimera, virtud más inalienable de Gabriela Mistral en todas sus palabras y sus actos".

Esa humanidad se traduce en una vida entendida como donación. Madre frustrada en la carne, Mistral se vuelve madre espiritual de muchos. Niños, exiliados, causas perdidas. Su escritura y sus acciones se orientan hacia los márgenes.
El texto recupera, con especial intensidad, las cartas vinculadas a la publicación de "Tala". Allí aparece una Gabriela atravesada por la Guerra Civil Española y por el drama de la infancia desplazada. "Yo he visto entonces cosas indecibles… sobre los niños salidos del país vasco y de Madrid".
La decisión de publicar "Tala" no responde a lo literario, sino a una urgencia moral. Los beneficios del libro serían destinados a los niños abandonados por la guerra. Mistral se involucra, sufre, duda y actúa. No hay cálculo, si hay conciencia.

"La gente no entenderá nunca que yo no hago política: tengo solamente una conciencia que no entregaré a nadie".
De Torre no esquiva los núcleos trágicos de la vida de la escritora. El suicidio del novio de juventud, origen de los "Sonetos de la muerte", y la muerte de su ahijado en Petrópolis, configuran un destino marcado por el dolor.
De allí brota una poesía pasional, dramática, alejada del sensualismo predominante en muchas voces femeninas de su tiempo. "Desolación" es una clave de lectura vital.

La imagen de Gabriela Mistral se vuelve símbolo. Alta, lenta, hierática, con un "remoto dejo indio", cada vez que entraba a un salón europeo parecía que entraba toda América con ella.
Mezclaba en su palabra la Patagonia y el Caribe, el valle del Elqui y el Anáhuac. Errante por vocación, buscaba climas cálidos, el sol, el trópico. Por eso, la imagen final de De Torre es triste: Mistral muriendo bajo la nieve de Nueva York.
El lamento final es doble. Por la muerte, pero también por la obra que quedó inconclusa. Los libros de prosa, los Recados, la vida de San Francisco, el libro sobre Martí. Todo eso que Gabriela Mistral no llegó a ordenar ni a cerrar.

Y sin embargo, el cierre que elige de Torre es luminoso. "Otro sol más vivo y perenne (el de la gloria, según la vieja y fragante imagen huguesca) ilumina ya para siempre el recuerdo y la obra de Gabriela Mistral".