El terror de Mariana Enríquez llega a Netflix de la mano de Pablo Larraín. “Mis muertos tristes”, miniserie de cuatro episodios basada en distintos cuentos de la escritora argentina y dirigida por el cineasta chileno, se estrena este jueves 24, después de haber tenido su presentación mundial en la Sección Oficial del 74º Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el 20 de septiembre.
"Mis muertos tristes": los fantasmas de Mariana Enríquez y Pablo Larraín
La miniserie de cuatro episodios, protagonizada por Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Sánchez Álvarez, llegará a la plataforma este jueves 24. Antes tuvo su estreno mundial en el Festival de San Sebastián, donde fue presentada como una película de 187 minutos.

La producción de Fábula parte del universo literario de Enríquez para construir una historia nueva, en la que los fantasmas conviven con conflictos familiares, violencia social, duelo y memoria. En San Sebastián los cuatro episodios fueron exhibidos consecutivamente en formato de largometraje, con una duración total de 187 minutos. En Netflix podrá verse en su formato original de miniserie.
La historia tiene como protagonista a Ema, una médica de 60 años recientemente jubilada que puede ver y escuchar a los muertos. Convive desde niña con esa capacidad, que no considera un poder sino una condición con la que aprendió a vivir. Su particular vínculo con las almas de quienes murieron violentamente consiste, sobre todo, en escucharlas, calmarlas y acompañarlas.
Pero la muerte de su madre y la llegada de su sobrina Julie modifican ese equilibrio. Julie también puede comunicarse con los muertos, aunque establece con ellos un vínculo mucho más intenso. Al mismo tiempo, el asesinato de tres adolescentes en el barrio Piedrabuena desencadena una serie de acontecimientos que comienza a borrar la frontera entre vivos y muertos.

Una historia, varios cuentos
Aunque la serie lleva el nombre de uno de los relatos de Enríquez, no se trata de una adaptación lineal. Larraín encontró en distintos cuentos de la autora un universo común y decidió entrelazar personajes, situaciones y elementos para construir una nueva narración.
Además de “Mis muertos tristes”, la producción incorpora materiales de “Julie”, “Un lugar soleado para gente sombría” y “Cuando hablábamos con los muertos”.
El guión fue escrito por Mariana Enríquez, Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y Pablo Larraín, mientras que la propia escritora participó como productora ejecutiva. Para Enríquez, la operación no consistió en reproducir sus cuentos, sino en permitir que otro artista encontrara su propia mirada dentro de ese universo.
“Es que este es otro relato”, explicó la escritora al referirse al resultado. Larraín había planteado desde el comienzo que percibía conexiones entre sus historias y que quería explorar qué podía ocurrir si esos personajes compartían un mismo mundo.
El proyecto nació de una conversación entre ambos y se desarrolló posteriormente a distancia. Enríquez y Larraín trabajaron sobre la estructura de la historia, mientras el director avanzaba en la construcción audiovisual de un universo en el que el paisaje urbano tiene tanta importancia como los personajes.
En el centro de los fantasmas
El elenco está encabezado por Mercedes Morán, quien interpreta a Ema, y Dolores Fonzi, como Carolina, su hija. Completan los principales papeles Alejandra Flechner, Carolina Sánchez Álvarez, Carlos Portaluppi, Germán de Silva y la actriz chilena Luz Jiménez.
La relación entre Ema y Carolina es uno de los núcleos emocionales de la historia. La muerte de la abuela reúne a una familia atravesada por vínculos difíciles y asuntos pendientes. En palabras de Fonzi, la muerte termina funcionando como aquello que vuelve a reunir a personas que estaban separadas.
También ocupa un lugar central Julie, interpretada por Carolina Sánchez Álvarez, una joven que mantiene una relación particular con los muertos. Su vínculo con ellos introduce uno de los aspectos más transgresores de la serie y, al mismo tiempo, permite abordar cuestiones relacionadas con el cuerpo, la sexualidad y la mirada social.
El reparto se completa con Alejandra Flechner como Lidia, la hermana de Ema, un personaje que niega tanto la capacidad de su hermana para hablar con los muertos como diversos aspectos de su propia historia.

Mucho más que una locación
Buena parte de la serie fue filmada en el barrio Piedrabuena, en Buenos Aires. Para las protagonistas, el lugar no funciona simplemente como escenario sino como un personaje más.
La arquitectura de los grandes bloques de viviendas sociales, el paisaje urbano y las condiciones de vida del barrio contribuyen a definir el clima de la historia. Larraín señaló que esos espacios, que alguna vez fueron presentados como símbolos de desarrollo urbano, terminaron siendo relegados a los márgenes de las ciudades.
En ese sentido, la dimensión fantástica de la serie se encuentra permanentemente atravesada por lo cotidiano. Las apariciones sobrenaturales conviven con la violencia, los asesinatos, los conflictos vecinales y las discusiones sobre seguridad.
Para Alejandra Flechner, esa conexión entre territorio y personajes también acerca particularmente el universo de Enríquez al cine de Larraín: ambos trabajan con espacios concretos y con personajes determinados por las circunstancias sociales que los rodean.

Lo no resuelto
Más allá de los fantasmas, “Mis muertos tristes” utiliza el terror como una vía para hablar de la memoria y de las consecuencias de aquello que queda pendiente.
Los muertos regresan porque hay algo que no terminó de resolverse. No necesariamente buscan una reparación en el sentido clásico del relato fantástico: muchas veces necesitan ser escuchados o recordados.
Enríquez ha explicado que el fantasma puede funcionar como una figura vinculada con una injusticia del pasado. En esta historia, Ema no elimina esas presencias ni consigue solucionar aquello que las retiene: negocia con ellas.
La serie también se ocupa del duelo familiar. La aparición de la madre de Ema permite reconstruir aspectos de una relación que, detrás del elemento sobrenatural, estaba atravesada por conflictos y heridas mucho más humanas. Así, vivos y muertos comparten un territorio y, sobre todo, una memoria. El límite entre ambos mundos se vuelve cada vez más difuso.

El elogio de Stephen King
Antes de su llegada a Netflix, la serie recibió además el respaldo de una figura particularmente significativa para el género: Stephen King.
El escritor estadounidense, autor de clásicos como “It”, “Carrie”, “El resplandor” y “Misery”, recomendó la producción a través de su cuenta de X y calificó su premisa como una “idea genial”.
King destacó especialmente una de las posibilidades planteadas por la ficción: qué ocurriría si una persona capaz de escuchar y ver a los muertos contaminara el suministro de agua de una ciudad y esa capacidad comenzara a transmitirse entre quienes beben de ella.
El elogio tiene además un vínculo previo con Larraín. En 2021, el director chileno había realizado para Apple TV+ “La historia de Lisey”, adaptación de una novela de King en la que el propio escritor participó en la escritura de los guiones.








