Hace diez años, Vuela Chiringa empezó a transitar una manera diferente de abordar la música argentina y latinoamericana de raíz folklórica. Piano, violonchelo, armónica, percusión y voz conformaron, desde el inicio, una formación infrecuente para este repertorio, lo cual le permitió al grupo realizar arreglos propios y buscar alternativas sonoras para cada instrumento.
Vuela Chiringa o cómo hacer propio el folklore sin perder la raíz
Con una formación poco habitual para abordar el género (piano, violonchelo, armónica, percusión y voz), logrò una identidad propia. En diálogo con El Litoral, el percusionista Lucas Trosman repasó el camino recorrido y los desafíos que plantea llegar a nuevas audiencias.

El recorrido tuvo dos momentos "discográficos", a través de "Tonadí", editado en 2018, y "Coplas para el azar", de 2023. En ambos trabajos aparecen composiciones propias junto con obras de otros autores, siempre desde una mirada que une la música popular con recursos de la música de cámara.
Entre los reconocimientos de estos años se encuentra el premio obtenido por "Doña María Remedios del Valle", canción de Santiago Torricelli incluida en su segundo disco, que ganó el concurso "Una canción para la Madre Patria", organizado por el entonces Ministerio de Cultura de la Nación.
En el marco de los festejos por sus diez años de labor, Vuela Chiringa repasa ese repertorio, suma canciones y se sigue presentando con músicos invitados. Sobre ese recorrido, las decisiones tomadas y la relación entre tradición y creación El Litoral habló con Lucas Trosman, percusionista del grupo.
Aparece otro sonido
-Vuela Chiringa propone una sonoridad poco habitual dentro del folklore, con un formato de cámara. ¿Cómo encontraron ese lenguaje propio y qué les permite expresar que quizás no encontrarían en una formación tradicional?
-El lenguaje es algo que se alimenta de muchos factores. Desde lo tímbrico, no es que haya instrumentos a los que no estemos acostumbrados a oír en la música popular, sino la ausencia de otros, como la guitarra o el contrabajo. Eso invita a repartir los roles musicales de otro modo y, entonces, aparece otro sonido.
El rol de arreglador nunca empieza desde cero ni tampoco se cierran los arreglos cuando se imprimen las partituras. Hay una investigación conjunta en cada ensayo, donde los aportes de cada uno le van brindando sus particularidades, y después de 10 años ya todos vamos entendiendo por dónde nos gusta caminar musicalmente.
Una aventura creativa
-En estos diez años editaron dos discos y construyeron un repertorio que combina obras propias con músicas de raíz. ¿Qué sienten que cambió en la identidad artística del grupo entre "Tonadí" y "Coplas para el azar"?
"Tonadí" fue nuestro primer disco y estuvo atravesado por el descubrimiento de cómo queríamos y podíamos sonar a partir de una formación instrumental muy particular.
Fue un trabajo de mucha exploración tímbrica y de las posibilidades del repertorio argentino y latinoamericano, y contó con la participación de muchos músicos y músicas invitados, que ampliaron el universo sonoro del disco.
"Coplas para el azar" se construyó después de varios años de tocar juntos, con muchas decisiones ya tomadas respecto de la sonoridad y del mensaje que queríamos transmitir. La inmensa mayoría del disco suena como quinteto y hay una mayor presencia de canciones propias.

Es un disco más consolidado en sus decisiones estéticas, donde conviven momentos de intimidad con otros de gran profundidad expresiva. En ese recorrido, Vuela Chiringa se fue convirtiendo también en una aventura creativa en la que los límites entre hacer música y compartir una amistad están cada vez más desdibujados.
Tener algo que decir
-En sus arreglos hay una búsqueda muy marcada sobre el color y la textura de cada instrumento. Cuando toman una obra del cancionero popular, ¿cómo deciden hasta dónde respetar la tradición y en qué momento se permiten reinventarla?
-Esa es una tensión que siempre existe: delimitar cuál es el terreno de la composición, cuál el del intérprete y cuál el del arreglador. Correrse de una tradición también puede ser una opción estética.
Lo importante es siempre tener algo que decir, de manera honesta. Y si sentimos que una recreación aporta un nuevo sentido a lo que planteó en su momento el compositor o compositora, todas las herramientas musicales son bienvenidas.
Los desafíos que vienen
-En un momento en el que conviven nuevas generaciones de músicos con una fuerte revalorización del folklore, ¿qué lugar creen que ocupa hoy un proyecto como Vuela Chiringa dentro de la música popular argentina y cuáles son los desafíos para seguir renovando ese lenguaje sin perder la raíz?
-Siempre coexisten músicas que recuperan las tradiciones con otras que, partiendo de esas raíces, buscan incorporar nuevos elementos y explorar un lenguaje propio.
Nos parece fundamental conocer a los grandes maestros de nuestras músicas y, al mismo tiempo, estar en diálogo con colegas que proponen nuevas miradas sobre el folklore, tanto desde las coincidencias como desde las diferencias.
En Vuela Chiringa nuestras músicas de origen son diversas, para algunos, la música académica; para otros, el folklore; para otros, el tango. También venimos de distintos lugares del país, y todo eso confluye en una identidad que reúne nuestras distintas individualidades.
Uno de los desafíos actuales es cómo construir y sostener el vínculo con nuevas audiencias, en un contexto en el que las lógicas algorítmicas orientan cada vez más los recorridos de escucha.
Encontrar canales para llegar a nuevos públicos sin resignar la identidad y la complejidad de nuestra propuesta es uno de los desafíos que tenemos por delante.

Ductilidad y fuerza
-El concierto por los diez años contará con la participación de Mauro Ciavattini y Agustín Conejeros. ¿Qué aportan estos invitados al universo sonoro de Vuela Chiringa y qué puede esperar el público de este encuentro?
-Mauro Ciavattini aporta su ductilidad con los vientos, sumando una gama de timbres diversos a los arreglos de Vuela Chiringa. Agustín aporta su guitarra, con la fuerza de su rasgueo y la sutileza de su toque.
Pero además de lo musical, son dos grandes amigos que nos han acompañado y visto crecer durante estos diez años. Compartir el escenario con ellos va a ser una manera muy especial de celebrar este recorrido.








