"Música hecha con sinceridad, música que fluye desde la gestación misma de cada canción". Así describió Carlos "Negro" Aguirre a la música de Tomás Latorre. Y no se quedó en el elogio: lo acompañó activamente en su su nuevo disco, titulado "En la bici", lanzado bajo el sello Shagrada Medra.
Grabó su disco solo en una habitación de Brooklyn y recibió elogios del "Negro" Aguirre
El músico argentino-estadounidense lanzó "En la bici", un álbum que habla de la incertidumbre, el movimiento y las raíces argentinas. Fue lanzado bajo el sello Shagrada Medra con la colaboración de Aguirre en el tema homónimo.

¿Quién es Tomás y cómo obtuvo la admiración del músico entrerriano? Es un músico argentino-estadounidense radicado en Brooklyn, Nueva York. Su música tiene ecos del folclore latinoamericano y de la canción contemporánea en español.
Arrancó, como tantos músicos, escuchando a Los Beatles. Luego recorrió diversas instancias, incluso el jazz y la improvisación. Su labor está influida tanto por Serú Girán, como Joni Mitchell y Nirvana.
Hasta ahora, tiene tres discos editados: "Vidala Espera", "Fuera de mi piel" y el reciente "En la bici". Que nace, según el músico, de pensar "la vida como movimiento, como ciclo, como un equilibrio frágil entre perderse y volver a encontrarse". De todo eso habló en una entrevista.
Dejarse influir por el entorno
-Vivís en Brooklyn, pero tu música dialoga con el folclore argentino y la canción latinoamericana. ¿Cómo influye la distancia geográfica en tu relación con esas raíces?
-La distancia la engrandece, creo. Oscilo entre sentirme tan cerca y tan lejos. Cuando visito a la Argentina no extraño Nueva York. Cuando vuelvo a Nueva York, extraño Argentina. Pero está bien, es lo que me toca vivir en éste momento.
Mi entorno, en Brooklyn, tiene un impacto innegable en lo que compongo. "En la bici", nace desde ya como algo tan literal como simbólico. Ando en bici casi todos los días y conozco todo Brooklyn de punta a punta, acorde a las bicisendas.
Estilísticamente, los tintes de música folclórica argentina que hay en mis canciones creo que vienen porque toco guitarra criolla y suelo estudiar y transcribir piezas de Eduardo Falú, Raúl Carnota y cosas de música clásica y películas. Entonces a la hora de escribir canciones, aparece ese lenguaje musical.
No me he animado a escribir una zamba o chacarera en el formato tradicional todavía, pero ya vendrá.
Y la distancia geográfica, es difícil. Pero la música uno la siente esté donde esté. Me parece sano el fino balance de dejar salir lo que uno tiene adentro y también dejarse influir por el entorno.

Un recuerdo de la infancia
-La bicicleta funciona como una metáfora en el disco. ¿En qué momento descubriste que esa imagen podía abarcar temas tan amplios como el paso del tiempo, el crecimiento personal y la aceptación de la incertidumbre?
-Las temáticas que acabas de describir fueron apareciendo naturalmente. No sé si me embarqué a hacer un disco conceptual conscientemente, más bien al elegir las canciones para el disco, a todas las unía una energía similar, de la incertidumbre, la búsqueda y el movimiento.
"Se alisan con el mar", por ejemplo, es una canción inspirada por un recuerdo de la infancia. Yo tendría unos 7 años y estábamos en la playa con mi abuela. Encuentro una piedra del tamaño de una manzana, liza como una canica, y le pregunto a mi abuela de dónde viene eso.
Ella se toma su tiempo y me da una respuesta larga y extensa sobre cómo las olas acarrean los sedimentos por miles de años y las van puliendo y dando forma.
Esa imagen, tan circular, tan interminable y tan difícil de contemplar (miles de años) me volvió como algo hipnótico, y en algún momento pude plasmarlo como canción. No sé cómo, pero debe haber alguna conexión con el girar de las ruedas de la bicicleta ahí.

"Logré sonar a mí mismo"
-Grabaste todo el disco solo, en una habitación de Brooklyn y con recursos técnicos mínimos. En una época de producciones cada vez más sofisticadas, ¿qué buscabas preservar a través de esa decisión?
-Tomé el taller de escritura de canciones de Edgardo Cardozo en el 2023. Fue absolutamente transformador. Se armó un grupo hermoso, entre algunos estaban Benjamín Furman y Martín Ibarra, que son dos cantautores descomunales.
En ese taller, realmente siento que comencé a “animarme”, a abrazar características que quizás antes percibía como desperfectos o impurezas, me empecé a dar cuenta que es parte de mi sonido.
Le pregunté a Edgardo cómo grabó su disco "Las canciones del muerto". Simplemente me contestó "en un día, todo junto". Me quedé boquiabierto. Es que era así de simple. Un músico, su instrumento y su voz, y una sola performance. Y listo.
Yo, que venía contemplando ideas para grabar en un estudio, hacer todo más o menos como había hecho antes, por partes, me hizo replantearme muchas cosas. Entonces ahí decidí invertir en algunos chiches para actualizar mi humilde home studio y de ahí meterle y aprender a grabarme como realmente sueno.
La primera canción que grabé fue "Hormiga". Cuando finalmente logré hacer una toma que me gustó, me gustó mucho. Porque logré sonar a mí mismo, una sola, guitarra y voz a la vez, sin ediciones.
¿Qué buscaba preservar? Creo que buscaba perder el miedo. El miedo a sonar desnudo, más como suelo sonar en vivo.
Elegancia a lo cotidiano
-El "Negro" Aguirre participa en la canción que da nombre al álbum y además expresó públicamente su admiración por tu trabajo. ¿Qué significó para vos ese encuentro artístico y qué aprendiste de su manera de entender la música?
-Es faro. Para mí, y creo que para tantos otros. Su música es una traducción cristalina de él, y de los paisajes que lo envuelven.
Logró, con su arte, hacer contacto con una manera de expresar muy única, pero que a la vez sembró un campo para que las siguientes generaciones recojamos los frutos, y encontremos nuestros propios senderos.

Sin ser tan poético, el "Negro" hace que lo complejo suene bello y sutil. Logra darle elegancia a lo más cotidiano.
Que nuestros caminos se hayan cruzado, y en ésta ocasión hayamos grabado algo juntos, me sigue pareciendo un sueño. Es muy difícil de expresar lo que significa que él confíe en mi visión lo suficiente para plasmar su voz y acordeón. Estoy honrado y agradecido ¡Qué más se puede decir!
Una etapa de aceptación
-Escuchando "En la bici", las canciones hablan de caídas, incertidumbres y búsquedas, pero también de seguir avanzando. ¿Sentís que este disco retrata un momento particular de tu vida?
-Absolutamente. Y no podría ser de otra manera. Creo que retrata mis 30. Tengo 36 ahora. Y he de decir que en ésta década tengo muchísimas más incertidumbres que en la anterior.
Cuando uno tiene 20, es promesa, hay tiempo, hay ganas y energía de sobra. Ya a mitad de los 30, sos más realidad que promesa. Hay tiempo todavía, sí. Pero me duele la espalda algunos días.

Esta es una etapa de aceptación de algunas cosas, pero también de una perspectiva más realista y más amplia.
Lo que celebro es que la música sigue fluyendo. Las canciones van apareciendo naturalmente. Nacen por necesidad, y se terminan con trabajo y dedicación. Pero no me pongo la presión de que "tengo" que escribir canciones. Para nada. Vivo, luego hago canciones. O no.








