Eloy Michelini, un referente de la escena musical argentina, afirmó: “es por lejos el músico-baterista más brillante de su generación. Su talento y dedicación lo ubican en un nivel superior con respecto a la media estándar del músico de jazz”.
Entre Manhattan y Buenos Aires: el jazz según Teo Pérez
Discípulo de Pipi Piazzolla y Sergio Verdinelli, el músico presenta “The Drum Key”, álbum inspirado en composiciones descubiertas durante sus viajes a Nueva York. En una entrevista con El Litoral, habló sobre el jazz, la ciudad y la escena porteña.

El depositario de tal elogio es Teo Pérez, quien le puso punto final a su nuevo álbum "The Drum Key", en el cual reversiona composiciones del cancionero jazzístico neoyorquino. Y se lanza el próximo 22 de junio.
Discípulo de Pipi Piazzolla y Sergio Verdinelli, en su nuevo trabajo Teo realiza "un aporte innovador a un no tan transitado repertorio del straight ahead o estilo 'directo' que se mantiene fiel a la tradición del jazz de los años 40 a los 60".
Aires neoyorquinos
Este porteño de nacimiento, llegó a tocar y tomar clases durante largas temporadas con Pasquale Grasso, Paul Sikivie (músicos de la cantante Samara Joy), Chris Byars, Michael Kanan, Grant Stewart y Greg Ruggiero.

Toda esa experiencia está volcada en el disco y él mismo lo subrayó en una entrevista con El Litoral. "Gran parte del proceso creativo del disco está ligado a mis viajes a la ciudad de Nueva York, casi todas las canciones que componen el disco las descubrí estando allá", remarcó.
"Creo que retienen la sonoridad clásica de las grandes composiciones del canon jazzístico más conocido, pero a la vez, aportan un aire fresco, como encontrar la segunda parte de tu película favorita, es más de lo bueno", agregó.
Toda esta investigación le ayudó a Teo a tomar consciencia del tamaño de la obra de los grandes compositores como Cole Porter. "Su material compositivo se vuelve cada vez más inabarcable, y a la vez, todavía no le encuentro una canción que no me guste", explicó.
Otra ciudad portuaria
-Hablás mucho del sonido de Nueva York. Más allá de lo musical, ¿qué pequeñas cosas cotidianas de esa ciudad sentís que terminaron filtrándose en este disco?
-Salvando las distancias, creo que hay algo muy tanguero en esta música. Es otra ciudad portuaria. Esa atmósfera se filtra a través de las canciones y de la sonoridad del grupo.
Al ser de otro lugar, me dejé maravillar por algunas cosas que quizás los locales dan por sentado: recuerdo mucho el puente de Brooklyn y el East River, mirar los rascacielos, y pensar que en toda esa ciudad enorme hay pequeños sótanos y recovecos que albergan un cuarto cálido donde la música te envuelve.
En ese sentido, las canciones son otra cosa propia de esa ciudad, de la misma manera que podés escuchar a la ciudad en un tango de Piazzolla.
Los arreglos musicales de este disco están inspirados en los sonidos de los grupos que más escuché en Nueva York, entonces no puedo evitar volver a viajar cada vez que pienso en eso.
Generar un ambiente
-Da la sensación de que en "The Drum Key" la batería no busca ocupar el centro sino modificar el clima de todo lo que pasa alrededor. ¿Cómo trabajás esa idea, digamos, del instrumento como arquitectura más que como exhibición?
-Para mí la música tiene que estar al servicio de quien la escucha, y no se trata tanto de quién está tocando qué, sino de la emoción que transmite y del ambiente que se genera. Desde que tengo memoria me di cuenta de que me importa muchísimo qué música se pasa en las cenas o en las fiestas.

Generar un ambiente acorde a la energía del ambiente es fundamental. Si te detenés a pensarlo un minuto, la batería es el instrumento más abstracto del ensamble, porque no está temperado ni afinado en relación al piano, no toca acordes, y la capacidad de tocar melodías es muy limitada.
Entonces ¿por qué nos cambia tanto si un grupo tiene batería o no, pensando en cualquier estilo musical?. Mi propósito como baterista es que todos los que están en la sala conmigo se sientan bien, empezando por mis compañeros y hasta el último de la audiencia.
Esta es, para mí, la respuesta a esa pregunta y un poco mi razón de ser. Hay momentos para mostrar destellos de energía pura, este instrumento te lo permite, pero el 98% del tiempo estoy concentrado en que la música se sienta bien, y sin el resto del ensamble eso es imposible, yo toco para ellos.
Un lugar único
-Hay una generación de músicos argentinos muy formados en la tradición del jazz, pero al mismo tiempo muy conectados globalmente. ¿Sentís que hoy Buenos Aires tiene una identidad jazzística propia o sigue mirándose en el espejo de Nueva York?
-Una de las cosas que más aprecio de la escena de jazz de Buenos Aires es su tamaño. Luego de varios viajes me di cuenta de que en Buenos Aires debemos tener una de las escenas jazzísticas más grandes del mundo (en una sola ciudad) por fuera de Nueva York.
En ese sentido, creo que tenemos la suerte de que en Buenos Aires tenemos muchísimos músicos que absorben influencias de distintos lugares y momentos del mundo, pienso en Guillermo Romero, Guillermo Perata, Juan Cruz de Urquiza, Eloy Michelini, Ángel Sucheras.
Son solo algunos de los grandes referentes del jazz en la ciudad y todos ellos se dedican a ahondar y realizar su camino en estilos distintos uno del otro. Todos ellos son reconocibles.
Y ni hablar de los que buscan fusionar el jazz con otros estilos musicales. La ciudad de Buenos Aires alberga una escena jazzística muy importante a nivel global. Cada uno es único y entre todos construyen un lugar único.
Como una big band
-Muchos describen tu manera de tocar como precisa y sofisticada, pero el disco también tiene algo físico. ¿Qué lugar ocupa el cuerpo en tu forma de entender el jazz?
-Posturalmente soy muy consciente de todos mis movimientos y estoy constantemente refinándolos. La técnica es quizás la parte de la práctica en la que más concientizamos la conexión del cuerpo con el instrumento, por eso solemos hacer una entrada en calor y trabajar en la técnica primero, todos los días.
Todo esto hace al sonido que le sacamos al instrumento al final del día. En ese sentido, entreno mi cuerpo para estar constantemente en contacto con el instrumento.

Después hay algo de la energía de la formación del piano trío que me resulta maravilloso: el hecho de que cuando los tres instrumentos suenan en conjunto, parece que está sonando una big band entera.
Así es como me siento cuando escucho mis discos favoritos, y es lo que intento reproducir cada vez que toco. Creo que hay una cantidad de energía que levanta el grupo que es muy física en eso también.








