Hace apenas un par de meses, en marzo, el Coro Polifónico La Merced cumplió 15 años. Más allá de la cifra redonda (que ya es todo un mérito, en tiempos donde prima lo efímero) lo cierto es que se ganó un lugar entre los ensambles vocales independientes más dinámicos e inquietos de la región.
El Coro de la Merced y las canciones de Queen como celebración multitudinaria
El ensamble coral santafesino presentará el 13 de junio su espectáculo dedicado a la banda británica. Es una propuesta que revisita el repertorio desde el lenguaje coral y que ya convocó a cientos de espectadores.

Como botón de muestra, en el acto oficial por el 25 de mayo, tuvo una participación significativa. "Fue un enorme orgullo representar desde el arte un momento tan importante para nuestra historia", señaló al respecto Rodrigo Naffa, quien cumple el rol de director de la agrupación.
"Sentimos mucho respeto por la responsabilidad que implica participar de una ceremonia oficial de esa magnitud en Plaza de Mayo, y es lindo cuando un gobierno provincial te reconoce e invita por tu posición de agrupación referente en la provincia y porque conoce tu calidad y cercanía con la gente", agregó.

Lejos de "dormirse en los laureles" los integrantes del grupo ya tienen otro proyecto en marcha. El 13 de junio a las 21, presentarán en Rivadavia 2871 una nueva función del espectáculo "Queen Sinfónico Coral".
Lo harán junto a la Orquesta La Merced y la Banda Killer Queen, a beneficio de ACUPA Santa Fe (Asociación Cuidados Paliativos) que atraviesa su 30° aniversario. Sobre eso, Naffa dialogó con El Litoral.
Identidad propia
-Después de más de veinte funciones y varios años de recorrido con "Queen Sinfónico Coral", ¿qué sentís que cambió en el vínculo emocional entre el coro, los músicos y el público? ¿Percibís que el espectáculo ya trascendió el formato de tributo para convertirse en una experiencia colectiva propia?
-Después de más de veinte funciones, siento que "Queen Sinfónico Coral" dejó de ser solamente un espectáculo para convertirse en una experiencia emocional compartida. Al principio había una lógica más cercana al homenaje musical, pero con el tiempo se generó algo mucho más profundo entre el coro, los músicos y el público.

Hay canciones que la gente ya espera vivir de determinada manera: cantar, emocionarse, levantarse de la butaca o incluso llorar. Eso habla de una conexión que excede el recital tradicional.
También cambió muchísimo el vínculo interno del grupo. Muchos coreutas crecieron artísticamente dentro de este proyecto, y cada función se vive casi como un ritual colectivo.
Se armó una comunidad alrededor del espectáculo: familias enteras que vuelven, gente que viaja desde otras ciudades y público que quizás nunca había ido a escuchar un coro o una orquesta. Ahí es donde siento que el proyecto encontró una identidad propia.
Otra escala
-Queen siempre trabajó la dimensión coral desde el rock, pero ustedes llevaron esa idea a una escala sinfónica y comunitaria muy particular. ¿Cómo es el proceso de transformar canciones tan populares en arreglos corales complejos sin perder la energía original de Freddie Mercury y la banda?
-Queen siempre tuvo una dimensión coral muy poderosa. Freddie Mercury entendía la voz colectiva casi como un instrumento épico dentro del rock.
Nuestro desafío fue expandir esa idea hacia un lenguaje sinfónico-coral sin perder la energía original de la banda. No se trata solamente de “poner un coro” detrás de las canciones, sino de reinterpretarlas desde otra escala sonora y emocional.
El proceso de arreglo implica muchísimo trabajo: estudiar las armonías originales, decidir qué líneas toma el coro, cuáles la orquesta, cómo dialoga la banda de rock con los instrumentos sinfónicos y, sobre todo, cómo mantener el impacto escénico.
La clave es respetar la esencia de Queen sin caer en una copia. Intentamos que cada versión tenga identidad propia, pero que al mismo tiempo conserve esa fuerza teatral y emocional que hace que las canciones sigan vigentes décadas después.
La impronta de Axel
-El Coro La Merced nació en 2011 como un proyecto vocacional y hoy moviliza a más de cien artistas en escena, además de sostener una fuerte impronta solidaria. En este aniversario número quince, ¿qué balance hacés del crecimiento humano y artístico del coro?
-El balance es profundamente emocionante. El Coro Polifónico La Merced nació en 2011 como un proyecto vocacional, casi como un sueño colectivo, y hoy es un espacio humano y artístico enorme.

Más allá de lo musical, el coro se convirtió en un lugar de encuentro, de pertenencia y de crecimiento para muchísimas personas. Hay integrantes que encontraron amistades, parejas, confianza en sí mismos o incluso una nueva manera de vincularse con el arte gracias al coro.
En lo artístico, el crecimiento también fue enorme. Pasamos de hacer conciertos corales tradicionales a desarrollar producciones de gran formato, trabajando con orquestas, bandas, puestas escénicas y repertorios muy diversos.
Pero creo que lo más importante es que nunca perdimos la identidad solidaria y comunitaria con la que nació el proyecto, de la mano de nuestro padrino y co-fundador, el Padre Axel. Eso sigue siendo el corazón de todo.
Unir generaciones
-En Santa Fe no abundan las producciones independientes capaces de reunir coro, orquesta, banda de rock y puesta escénica de gran formato. ¿Qué desafíos implica sostener este tipo de espectáculos desde el interior del país y qué lugar pensás que ocupa hoy "Queen Sinfónico Coral" dentro de la escena cultural santafesina?
-Sostener una producción de estas características desde el interior del país implica muchísimo esfuerzo. Hay un enorme trabajo de gestión, producción y autogestión detrás de cada función, por parte de nuestro mánager Pablo Goris, productor general de estos eventos.
Coordinar coro, orquesta, banda, técnica, visuales, iluminación y puesta escénica requiere una estructura muy grande, y muchas veces los proyectos independientes tienen que avanzar más por convicción y pasión que por recursos disponibles.
Al mismo tiempo, creo que eso le da un valor especial. “Queen Sinfónico Coral” demuestra que desde Santa Fe se pueden generar espectáculos de altísimo nivel artístico y convocatoria masiva.
Siento que hoy ocupa un lugar importante dentro de la escena cultural santafesina porque logró acercar la música coral y sinfónica a públicos nuevos, rompiendo ciertas barreras que a veces alejan a la gente de estos formatos.
Nos lo dijeron entre las mil personas que colmaron el Teatro Radio City en Mar del Plata: "Nunca vimos algo así en veinte años". El espectáculo genera algo transversal: conviven generaciones muy distintas y personas que quizás nunca compartirían el mismo espacio artístico.








