Netflix volvió a poner en circulación, en el catálogo disponible en Argentina, una película que el tiempo terminó acomodando en un lugar distinto al que ocupó en su estreno. "Sueños de libertad", de 1994, protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman, no fue un gran éxito cuando llegó a los cines. Pero hoy está entre las películas más queridas de los 90.
Volvió a Netflix la película que fracasó en los cines y terminó entre las más queridas de los 90
No encontró demasiado público cuando llegó a los cines en 1994. El VHS, la televisión y el paso de los años hicieron lo que la taquilla no pudo: se volvió una obra de culto.

Su historia parece, en principio, del género carcelario. A simple vista, están todos los clichés. Un hombre condenado a prisión perpetua por un crimen que no cometió, una cárcel violenta y corrupta, un alcaide despótico y un intento de fuga.
Pero Frank Darabont, el director, toma esos elementos y pone el acento en otro lado. Habla del paso del tiempo, de la amistad y la dificultad de pensar una vida dentro de los estrechos límites de una cárcel.
Esta última problemática (que los personajes llaman “institucionalización”) queda fijada en la memoria del espectador porque el que la sufre es el viejo Brooks Hatlen. Pasó tantos años preso que no sabe como vivir afuera.
Una de las mejores adaptaciones de Stephen King
La película está basada en "Rita Hayworth and Shawshank Redemption", una novela corta que Stephen King publicó en 1982 dentro de "Las cuatro estaciones". Ese libro también contenía otras historias que terminaron convertidas en películas, entre ellas "Cuenta conmigo" y "El aprendiz", basada en "Apt Pupil".
En "Sueños de libertad" no hay nada sobrenatural, tópico predilecto de King. El terror deriva de una institución que puede destruir de a poco a una persona y de funcionarios que usan el poder para beneficio propio.

Darabont entendió muy bien esa dimensión del relato. Su guión amplió algunos personajes y situaciones de la novela. Explicó que lo que lo atrajo del texto fue el costado emocional de los personajes, sus relaciones y los obstáculos que debían enfrentar para sobrevivir.
¿Cómo decir algo diferente?
Cuando se estrenó "Sueños de libertad", el cine carcelario tenía una larguísima historia detrás. Hollywood había ido a ese terreno decenas de veces.
"The Big House", de 1930 y "Soy un fugitivo” (1932), habían instalado los grandes temas del género, es decir el encierro, la violencia institucional, la desigualdad y el enfrentamiento entre el individuo y el sistema penitenciario.

En los 60 llegaron dos referencias: "El hombre de Alcatraz", dirigida por John Frankenheimer, y "La leyenda del indomable", con Paul Newman. En los 70, "Papillon" llevó la fuga a una dimensión épica, mientras que "Alcatraz: fuga imposible", de 1979, resultó un thriller de precisión.
Shawshank se hace cargo de ese linaje y juega deliberadamente con sus códigos. Pero acá el eje no está, al menos centralmente, en la fuga, sino en el paso del tiempo. Andy llega a Shawshank y se queda ahí casi 20 años. En ese período, cambian los presos, los guardias, el mundo exterior pero en la cárcel hay “rutina, rutina y más rutina”.
La película encuentra allí uno de sus conflictos más interesantes. Mientras Andy intenta conservar la idea de que existe una vida fuera de esos muros, otros personajes, entre ellos su amigo Red, se olvidaron cómo era vivir sin ellos.

La influencia de Burt Lancaster
Entre todas las películas carcelarias que "rodean" a "Sueños de libertad", hay una tiene una influencia particular y es "El hombre de Alcatraz".
Este filme cuenta la historia de un preso conflictivo que ha sido condenado a cumplir una pena de doce años en una celda incomunicada. Un día decide cuidar a un pájaro herido que encuentra en la ventana de su calabozo y, entonces, descubre que su verdadera vocación es el estudio de las aves.
La conexión está en el mencionado personaje Brooks Hatlen, el bibliotecario de la prisión. Lleva tantos años encerrado que el exterior se ha vuelto para él un territorio extraño. Y cuando sale, es como un pájaro que no sabe volar porque siempre vivió entre rejas.

Su historia introduce el aspecto más duro de la película y es que una persona puede acostumbrarse tanto al encierro que la libertad termine provocándole miedo.
Del fracaso al culto
Hay una paradoja en la historia de esta película, que tuvo un presupuesto de 25 millones de dólares y su recaudación doméstica original quedó apenas por encima de esa cifra. El problema estaba, en parte, en que era una película de prisión, de más de dos horas, sin estrellas y con un título difícil de recordar para el público estadounidense.
Pero el público la descubrió después. Las nominaciones al Oscar ayudaron a que más personas repararan en la película. Después llegaron el VHS, la televisión y las sucesivas emisiones. Tras el fracaso inicial, se convirtió en la película más alquilada en video de Estados Unidos.

La película envejeció bien porque sus conflictos no dependen de una moda. Andy enfrenta una condena injusta, pero también enfrenta el riesgo de convertirse en aquello que la institución espera que sea. Red sobrevive gracias a su capacidad de adaptación, hasta que descubre que adaptarse también puede tener un costo.
Cada generación puede entrar por una puerta distinta. Algunos llegarán por Stephen King, otros por Morgan Freeman, otros por las listas de mejores películas de la historia y otros por una plataforma de streaming. Lo importante es dejarse llevar.








