"En el tiempo de la generación de cristal, en la que el más mínimo fracaso o contratiempo significa frustración y abandono ver la superación constante de este grupo es un aprendizaje".
Un grupo de personas con discapacidad de Santa Fe llevó al cine una antigua leyenda rumana
El trabajo fue realizado por los concurrentes de un centro de día de la ciudad, quienes participaron de la elección de la historia y de la creación de los personajes. La producción se presentará el jueves en el Centro Cultural Provincial.

La que habla es la actriz y directora santafesina Marisa Oroño y se refiere a "El que no se puede nombrar", una producción cinematográfica protagonizada por los concurrentes del turno tarde de la Asociación Civil Kairós Ocupacional. Quienes, para rodar, se inspiraron en una antigua leyenda rumana.
La misma se presentará el jueves 20 de agosto a las 21 en el Centro Cultural Provincial (Junín 2457) en el marco de la segunda Gala de Cine de la mencionada institución.

El hecho de que el grupo se haya decantado por esta historia tiene una gravitación particular. Es la idea fue votada por los propios integrantes del proyecto. Optaron por la misma luego de revisar varios relatos.
Esa premisa de trabajo nace, principalmente, de la experiencia de Oroño, que tiene a su cargo la propuesta de la institución. Ella cree firmemente que las personas con discapacidad tienen que ser "participantes activas en los procesos de creación".
Obviamente, esa mirada es compartida por los directivos de la institución, encabezados por la directora, Laura Milessi y la coordinadora, Ana Pizarra. La base conceptual es que el teatro y el cine son herramientas valiosas para ese desarrollo.

"Actuar implica aprender a expresarse, escuchar al otro, asumir responsabilidades, trabajar en equipo, superar dificultades y descubrir posibilidades que muchas veces permanecen ocultas cuando una persona es observada únicamente desde sus limitaciones", señalan desde la institución.
En pocas palabras, "El que no se puede nombrar" es la historia de dos amigos músicos, que deciden recorrer el mundo con su exitosa canción de serenata y terminan llegando a un pueblito que parece detenido en el tiempo y que oculta un secreto que nadie se atreve a nombrar.
Los actores son Augusto Charpentier, Agustín Lencina, Santiago Bessone, Valentina Lamy, Franco Peretti, Luciana Ábalos, Camila Preiswerk, Walter Barbotti, Cecilia Cañete, Roberto Perdomo, Rocío G. Flores y Eugenia Zilli. La asistente de dirección es Fabiana Basabilbaso y la dirección, edición y montaje son de Marisa Oroño.

Una historia elegida entre todos
El Litoral dialogó con la directora, para conocer más detalles del proceso de producción de la película. "Generalmente a comienzo de año, con el grupo que se forma para el nuevo ciclo, hablamos sobre el tipo de película que les gustaría realizar y las temáticas que incluirían", contó.
En base a eso, Oroño busca historias ya existentes, para lo cual tiene que "bucear" entre leyendas, cuentos y mitos. "A los cuales, generalmente, les tengo que hacer una nueva versión para que las otras temáticas que interesan puedan incorporarse", señaló.
Terminada esa instancia, les presenta a los concurrentes una serie de tres o cuatro ficciones con las que comienzan a trabajar. "Esta vez ellos tenían muy en claro que querían trabajar el género misterio y terror. Así que busqué entre narraciones tradicionales que incluyen esa índole", contó.

Consultada sobre el momento en que descubrió "acá hay algo", repasó el sistema de trabajo. "Vamos narrando las historias elegidas dividiéndolas en tres partes, lo que nos permite contar y representar. En cada parte los actores intercambian personajes para que todos pasen por distintos papeles, eso me permite ver en qué rol se desempeñan mejor", explicó.
"El que no se puede nombrar" se desarrolló a la mitad del proceso. "Desde los primeros ensayos ya se notaba que a los actores les atraían mucho los personajes y el desarrollo de la historia. Sin decirles nada, ya que la elección debe ser de ellos y por votación, sentí que este era el proyecto", recordó.
El aprendizaje detrás de escena
En otra parte del diálogo, Marisa remarcó que el aprendizaje que tiene con ellos es constante. "Fundamentalmente porque han internalizado el no dejarse vencer por los inconvenientes y nadie se queja si hay que repetir varias veces una escena, el error no es tomado como fracaso, sino como desafío y un modo de adquirir experiencia", subrayó.
"Todos respetan el tiempo del otro. Las limitaciones que pueden tener son suplidas por otros atributos que se agregan como improntas de los personajes que representan", agregó.








