Leila Cherro es violonchelista y cantautora. Es de Buenos Aires, pero hace 10 años optó por cambiar de aire, de una forma radical: se fue a Trevelin, Chubut. En ese entorno idílico dirige el Festival de Cantautoras Pájaras en la Estepa y lleva adelante de manera autogestiva Casa Hexágona, donde dicta talleres y clases.
Tocó con grandes de la música argentina, pero necesitó mudarse a Chubut para hallar sus propias canciones
Leila Cherro pasó de grabar discos ajenos a liderar su propio proyecto cultural en Trevelin. En esta entrevista, detalla cómo nació su esperado disco solista y por qué huye de las canciones románticas cliché.

Dejó mucho atrás: en Buenos Aires había tocado y grabado discos con Lisandro Aristimuño, Fabiana Cantilo y Liliana Herrero. Pero también ganó. Y ahora le dio las puntadas finales a "Del día y la noche", su primer álbum de canciones tras haber editado varios singles y dos EPs.
Ella misma dice que el disco "es el reflejo de un trabajo paciente y continuo junto a Hernán Hecht, con quien nos encontramos y potenciamos para darle cauce a este hermoso disco que sabe llevar a quien lo escucha por un gran río que fluye sin vacilar".

El Litoral tuvo la oportunidad de entrevistarla y al preguntarle por como sus distintas dimensiones (violonchelista, cantautora, docente y gestora cultural) entran en el disco, dijo que "en todas las propuestas la canción es el motor y la guía para hacer, para crear y proponer".
Paisajes, silencio y tiempo
-Después de tantos años acompañando proyectos de otros artistas, ¿qué cambió en vos cuando decidiste poner tus propias canciones en el centro y construir este primer disco?
-El cambio se dió cuando me vine a vivir al sur. En Buenos Aires no había espacio para un proyecto propio, ensayos, grabaciones, conciertos todas las semanas.
Aquí rodeada de paisajes, silencio y tiempo (el tiempo transcurre más lento cuando disponemos de él), comencé a componer y no podía parar de sacar todo lo que durante tantos años guardé sin saber.
Fue una sorpresa para mí, y a la vez toda mi formación y trayectoria cobró sentido, porque nunca fui una violonchelista de orquesta, siempre en lo popular, siempre con la canción como brújula. Y una vez que abrí ese lugar en mí no hubo vuelta atrás, mis canciones fueron lo primordial.
La naturaleza y la ciudad
-¿De qué manera la Patagonia transformó tu forma de componer, de escuchar y de relacionarte con el violonchelo y con la canción?
-El paisaje, el silencio, la naturaleza, son un motor escondido, creo yo en todos los cantautores de la región. Las montañas, lagos, el clima tan extremo, marcan de alguna manera nuestra forma de expresarnos. Para componer escuchamos adentro.
Sin embargo hay algo en el set de violonchelo electroacústico de cinco cuerdas con pedales de fx que tiene algo de reminiscencias de la ciudad, algo por momentos más "oscuro" a nivel texturas y un poco esos dos mundos se encuentran en mi música; la luz, la oscuridad, la naturaleza y la ciudad.

A la vez, cuando comencé a buscar la forma de tocar mis canciones este set me amplió todas la posibilidades del instrumento. Puede ser un bajo, una guitarra y tambien tiene toda la dulzura melódica de un violonchelo acústico.
Siento que no es casual, que tuve que irme lejos del ruido y la rutina citadina para sonar de otra forma. Lo que suena cuando toco en vivo es "orgánico", no tiene la rigidez del cemento y las calles, sino más bien la textura del agua y la tierra.
Un espacio amplio donde jugar y crear
-"Del día y la noche" reúne canciones donde conviven la luz y la oscuridad, el amor, el dolor, el humor, la ciudad y la naturaleza. ¿Qué parte de tu propia vida o de tu mirada sobre el mundo aparece en esas tensiones?
-En cada canción del disco estoy yo. Todo ese mundo diverso de emociones y energías forman parte de lo que soy. No podría componer sólo canciones de amor. De hecho me parece más interesante plasmar en una canción esos lugares incómodos que tenemos dentro.

Hablar desde lo más profundo y genuino ya sea para cantar desde el amor o el humor, o desentramar los miedos y el dolor que no siempre queremos darles lugar.
No es algo premeditado, simplemente sucede, siento que la música para mí es un espacio amplio donde jugar y crear y puede suceder de todo. Y quiero que suceda ese todo, esa sinceridad plena. Lo íntimo, lo que guardamos si se comparte a través de la música es un vínculo inquebrantable que creamos con quien quiera escuchar.
Con tiempo y mucha paciencia
-El disco tiene una fuerte presencia de artistas de la Patagonia y fue producido junto a Hernán Hecht. ¿Cómo fue construir una obra colectiva sin perder la identidad profundamente personal de tus canciones?
-Siento que Hernán Hecht entendió muy bien cada canción, no hizo falta dar explicaciones. Yo le iba mandando los chelos y voces de referencia desde mi casa en Trevelin y él iba armando la mezcla y grabando otros instrumentos en su estudio HH en Golondrinas.

Fue un proceso muy fluido donde Hernán tuvo mucha confianza y libertad para expresarse desde lo sonoro. Luego grabamos varias voces y chelos en su estudio.
Los artistas invitados fueron recontra pensados para cada canción y para mi calzaron perfecto, siento que cada uno está en su hábitat. Entonces tiene ese espíritu de un trabajo en equipo pero no perdió la esencia del vivo. Y creo que en esto fue fundamental el proceso.
Este disco se hizo con tiempo, mucha paciencia, sin arrebatos. Mucha escucha pausada, esperando que cada canción "hable" pida lo que necesita para profundizar y amplificarse.








