Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Poesía, una fecha instituida por la UNESCO en 1999. Para esta ocasión, El Litoral entrevistó a Sebastián Macchi: pianista, cantautor y compositor con una amplia trayectoria discográfica.

A más de dos décadas de su lanzamiento, "Luz de Agua" vuelve a resonar: Sebastián Macchi recorre su obra en el marco del Día Mundial de la Poesía, reflexiona sobre la música actual y comparte su mirada artística: "Hay una constante intención de traducir en texturas musicales lo que pasa con la superficie del río, los reflejos del agua y el horizonte".

Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Poesía, una fecha instituida por la UNESCO en 1999. Para esta ocasión, El Litoral entrevistó a Sebastián Macchi: pianista, cantautor y compositor con una amplia trayectoria discográfica.
Entre sus trabajos más notables podemos encontrar el disco "Melodía Baldía" (2022), "Aguasílabas" (2019) y su libro de partituras publicado en el 2023 del álbum que nos convoca hoy: "Luz de Agua poemas de Juan L. Ortiz Canciones".
Una recopilación de algunos de los tantos escritos de "Juanele" que fue realizado en el 2005 por Claudio Bolzani en la guitarra y en las voces; Fernando Silva en el contrabajo y el violonchelo y con Sebastián Macchi en el piano y en las voces.
Durante el encuentro con el músico, destacó su creciente rol como cantante y, ante la inactividad de la agrupación, afirmó que está "poniendo el cuerpo" para interpretar canciones inéditas como solista.

-¿Cuál fue tu primer acercamiento con el poeta? En la entrevista con Mario Nosotti comentás algo respecto a tus inicios con la poesía del autor.
-Yo le contaba que si bien era un nombre, un personaje del pueblo de la ciudad de Paraná. En el año 96 estaba en segundo de la escuela, justo se cumplieron los 100 años del nacimiento y ahí hubo bastante movida en relación a la poesía de él y ahí es como que finalmente me puse a leer.
-¿Cómo empezaste a trabajar en el álbum? ¿Cuáles fueron tus aproximaciones en el aspecto musical?
Con Leandro Drago, el tecladista que grabó en "Luz de Agua", quien es un tremendo músico que ha trabajado casi pioneramente con sintetizadores y teclados.
Siempre hablábamos, un poco en broma pero un poco en serio, del impresionismo litoraleño ligado a las corrientes francesas. En muchos poemas, Juanele menciona a Debussy. Él era muy fan del compositor.
-Es una de las referencias para poder darle forma a la sonoridad de los poemas.
-Yo tuve una especie de devoción, de investigar e ir tras los pasos. Eso me llevó incluso a leer a autores que él decía en las entrevistas. Por otro lado, yo encuentro espontáneamente en su poesía una musicalidad que resuena un montón.
Entre sus poetas de referencia, ligado al oficio de la traducción de textos en francés, Ortiz estuvo muy influenciado por el simbolismo francés: Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud,etc.

-¿Qué poetas recomendás? ¿Cuáles estuviste leyendo en el último tiempo?
Hay una poeta de Santa Fe que es Cande Rivero. Me encanta como escribe. Me gusta mucho la poesía. Por épocas me voy zambullendo en los universos de los poetas.
Últimamente estuve leyendo a un poeta catalán que ¡me encantó! Que se llama Joan Margarit… Pero podría hacer una lista larguísima".
-¿Sos de escribir poesía?
-He escrito algunas poesías pero por ahora más en el plano de la intimidad. Esa mirada poética se fue metiendo en las canciones con letras mías. Ahí fue como chorreando ese bagaje poético y metiéndose en la cosa más corporal de la canción.
Me tardé bastante en encontrar una manera de escribir que me gustara. Con el tiempo, esas dos actividades que estaban separadas (la música y la escritura), se fueron juntando. Al principio escribía y luego me sentaba a tocar.
Es algo que yo anhelaba un montón, pero no me salía. Con el tiempo me fui animando a dejar ese impulso.
Las últimas canciones las hice prácticamente todo junto. Siento que hay algo muy orgánico cuando sucede así. A veces sucede que la música toma un camino y la letra va por otro. O por ejemplo; te gusta la letra y la música no tanto o al revés. Me he ido animando a una escritura de tiempo presente.

-¿Qué te sucede cuando escuchás música que no refleja una historia?
-Por un lado creo que la música mainstream está teñida por ciertos elementos y formas impuestas por el mercado: Pero fuera de eso, hay un montón de cosas preciosas y gente haciendo cosas increíbles por todos los rincones de nuestro país.
A veces se toma a una figura o como un referente del folclore y termina siendo una mirada super porteña. Porque si te vas al noroeste, vas a encontrar gente joven por todos lados haciendo zamba y con esa tradición viva.
Me cuesta cuando una letra es chata, incluso cuando la música puede ser bailable, con un lindo feeling y groove. Extraño la metáfora. Siento que hoy podés ver todo de una persona.
Byung-Chul Han habla un poco de eso en su libro: La sociedad de la transparencia. Hoy todo tiene que ser muy directo para que se entienda, y eso ha bajado un poco el vuelo de lo poético.
-¿Qué música recomendas de la región?
Por suerte, nuestro litoral tiene una fertilidad notable dentro de la música argentina e internacional. En mi barrio, Bajada Grande, está el ‘Negro’ Aguirre, que es como un faro para muchas generaciones.
Pero también está Pedro Guastavino, un cantautor más ligado al rock nacional: él hace todo desde el monte y con los recursos que tiene, y se propone hacer música desde ahí, con un mensaje personal y contundente.
De algún modo, es lo que hizo “Juanele”. Él estaba un poco por fuera de los grandes círculos literarios de Buenos Aires y, aun así, se dedicó a escribir. Para mí es una referencia de fe, de creer en lo que hacés.
Juan Laurentino Ortiz nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, departamento de Gualeguay, provincia de Entre Ríos.
Maravillado por la naturaleza de la selva de Montiel, desde joven se nutrió de los paisajes más bellos de su tierra, el impresionismo y simbolismo francés, la obra de Debussy y Ravel, entre otras manifestaciones culturales que le sirvieron como fuente de inspiración para que, al poco tiempo, comenzara a escribir sus primeras líneas.
En su juventud cursó la carrera de Filosofía en la provincia de Buenos Aires, pero sin éxito. Y participó de la bohemia literaria porteña de los años 20.
A lo largo de su vida trabajó como empleado y funcionario del Registro Civil de Gualeguay, y reservó sus horas libres para la poesía, la traducción y la enseñanza literaria.
Sus obras principales incluyen "El agua y la noche" (1933), "La rama hacia el este", y "En el aura del sauce". Es considerada fundamental por autores como Juan José Saer, destacando su profunda humanidad y conexión con el entorno natural.