El ocaso en la zona de Metropolitano parecía el sábado 16 una tarde en la campiña inglesa fría, nublada y a esa altura prematuramente oscura. Once años después de su última visita (vino al Lollapalooza 2015 junto a The Sensational Space Shifters y se subió al escenario de Jack White), la gira “Rugido de otoño” del otrora “Golden God” (hoy un septuagenario fachero y vital) lo trajo a Buenos Aires, Córdoba y Rosario a defender “Saving Grace”, el álbum que pergeñó junto a la cantante Suzi Dian.
Robert Plant: un artista pleno y a la altura de su pasado
El “dios dorado” de Led Zeppelin, devenido en un artista maduro y exquisito, presentó su flamante disco y banda homónimos, en un repertorio que incluyó canciones propias, folk tradicional y composiciones de artistas actuales, unidas por el estilo y la paleta sonora de la formación.

Con ella generó una nueva sociedad artística como la que formó con Alison Krauss, en este caso acordeonista en vez de violinista; que se prolongó en los músicos que forman la banda que terminó llamándose como el disco: Oli Jefferson en los parches (que puede ir de la percusión sutil a la potencia de los cascos, pasando por guiar la canción desde el bombo), el guitarrista Tony Kelsey (elegante, siempre sumando), el multiinstrumentista Matt Worley (el piloto de la nave, ya desde si toca el “banjo-banjo”, el “banjo que suena a sitar”, el cuatro puertorriqueño o la guitarra acústica) el violoncellista Barney Morse-Brown (capaz de ir de las notas etéreas del arco al pizzicato de contrabajista).
Calentando la velada
Ya entrada la noche, a las 20.10, los cantautores Mercedes Borrell (guitarra acústica y voz) y Leandro Bonfiglio (eléctrica y voz) salieron a compartir sus canciones mientras la sala se poblaba. De fondo, un austero telón blanco sostenía la proyección de la portada de Saving Grace, con su búfalo y su pradera.
Mercedes entonó “Vaivén” con su voz sutil, seguidas por “Fuimos” e “Invitación”. presentó “Materia azul” de Leandro, interpretada en dúo vocal: perteneciente al disco “Lugar”, ya la han compartido en otros toques conjuntos.
Recorrieron Aires de ficción (“Pura quedó / la que se fue es aquella niña que se llevó el sol que era para vos / baila la danza de una música que sólo ella escucha / Ay si pudiera yo escucharla y bailar con vos”) y “Desactivar”, otra de Leandro, a voz compartida.
Luego de “Ningún lugar” agradecieron a MA Producciones por el convite y se fueron con “Algo de mí”, entre la chanson francesa y el klezmer (“Algo de mí te causa regocijo / decime que así lo puedo repetir / Algo me dice que estamos jugando un juego / pero de las reglas yo no me entreno), que fuera el primer single del álbum “Fauna”
Desembarco
El instrumental “Escalay (Water Wheel)” del egipcio Hamza El Din sonó cuando se apagaron las luces como introducción, esperando el ingreso de los músicos a las tablas.
Arpegios de banjo sore continuos de cello y guitarra recibieron a los cantantes, ambos de negro (sobrios: él de camisa manga corta y vaqueros, ella de vestido), para abrir “The Very Day I’m Gone” (de la juvenil banjoísta de los Apalaches Nora Brown) crecida en la guitarra y la batería como para bailar square dance, con Worley en los coros para que Plant levantase vuelo.
El “toca todo” cambió de banjo para que sonara como un sitar sobre la nota pedal de Morse-Brown, junto a la mandolina de Kelsey: así trajeron la tradicional “The Cuckoo”, con su sabor celta y las voces a dúo.
Esa es una buena parte de la fórmula de la banda para unir un repertorio tan variado: el juego de las voces (juntas o alternando el protagonismo), junto a una paleta sonora que se mueve entre el folk anglo con bombo en negras (de ambos lados del Atlántico), los ritmos irregulares, las escalas menores armónicas y las cuerdas al aire del Medio Oriente, y el blues como puente civilizatorio.

Interactivo
“Mamá”, tiró el prócer, con el motor calentándose. Entraron las guitarras acústicas para “Higher Rock” (de la cantautora Martha Scanlan) liderado por Dian, con el dueño del barco en rotación como en el voley, sumando además solos de armónica.
El primero saludo de Robert empezó en inglés, pero después pasó a la lengua local: “Señoras y señores pasajeros: es bueno estar de vuelta... creo”. Suzi abrazó el acordeón y Matt el cuatro para “Ramble On” (Led Zeppelin), en plan Unplugged potente, con el solo oriental de Tony. Ahí se produjo el primer “Olé olé, Robert”, con la gente de pie.
La electricidad subió con la tradicional “As I Roved Out” con el orientalismo desde el banjo y la ared de voces. “El quía” hizo batir palmas aparentemente sencillas (¿tres golpes, dos silencios?). Contestó con onomatopeyas de algunos gritos de la platea, pero aceptó un “I love you” femenino.
Dejó sola a la del vestido largo para “Too Far From You” (de la compositora Sarah Siskind), pero regresó a secundarla. “¿Que más, qué más?”, desafió, cómo si los aplausos para Suzi fuesen pocos.
“Let the Four Winds Blow” (que supo estrenar junto a Strange Sensation) lo tuvo al frente de su sonido blusero, con la muchacha en el bajo-violín maccartniano, dos solos de Kelsey (uno más blusero y otro más rockero) y un agudo final del vocalista, digno de 1974 (a los 77 año, mantiene su color y su afinación impecables).
Intensidades
“Vamos a hacer que funcione”: así presentó “Four Sticks” (Led Zeppelin), pasando del blues rock con acordeón a la balada coral. “It’s a Beautiful Day Today” (creada por los sesenteros Moby Grape) pasó ultra soft desde las escobillas de Jefferson, con Worley en la guitarra líder.
Llegó la sinuosa “Calling to You”, de Plant solista, en la que engarzó un “Yo no soy marinero” en castellano, propio de “La bamba”. Se oyeron gritos masculinos declarando amor, mientras Suzi fraseaba en el fuelle como un Troilo yemenita. Cuando la audiencia quiso replicar frases del solista, este preguntó: “¿Están seguros?”, antes de dispararles una frase inimitable.
“Angel Dance” (de los californianos Los Lobos) cayó en plan folk machacón con el instrumento boricua. “Aplausos para la reina del acordeón, y la voz de Suzi Dian”, pidió Plant. La rubia se encargó de presentar al resto de la banda, y el público se puso de pie cuando nombró al patriarca.
Que tomó unas maracas para “For the Turnstiles” (del histórico Neil Young), con la voz femenina como principal y texturas western. Morse-Brown rompió la estructura con un pasaje de cello procesado, construyendo loops y atmósferas; volvieron sobre la guitarra, con un final de redobles marciales y un prolongado fiato descendente en las voces.
Cerraron la etapa con la zeppeliniana “Friends” en formato de blues acústico. “Muchas gracias señoras y señores, fantástico, estupendo. Hasta la próxima”, remató, volviendo al castellano.
Salieron entre las ovaciones de un público de cuando cantar “olé olé” era moderno (hoy lo recuperaron nuevas generaciones: todo vuelve). Ellos también volvieron, como era de esperar, Robert copa en mano. “¡Salute!”, dijo en argento, brindando hacia la platea.
Fueron a una “Everybody’s Song” (de la banda Low) densa, con zapada rítmica en el cuatro, el cello de bajo y la batería más fuerte que nunca.
Y eligieron un registro country bluegrass para otra de las menos trajinadas de Zeppelin: “Bron-Y-Aur Stomp”, estrenada en la Plaza de la Música de Córdoba. El veterano líder hizo entrar las estrofas de “Black Dog” (“Hey-hey, mama, said the way you move / Gonna make you sweat, gonna make you Groove / Ah-ah, child, way you shake that thing / Gonna make you burn, gonna make you Sting”) sobre la base, y retó a la gente por fallar la nota ascendente (“¿qué pasa con ustedes?”, preguntó ante los “ah, ah”), para finalmente volver a la canción original.
Ahí sí fueron hacia adelante, en el saludo final, con la promesa de un futuro reencuentro. Afuera el frío y la llovizna como en Albión; en los corazones el calor de la música de una leyenda de la música de aquellas tierras, en plena vigencia y en paz con su propio mito.









