El filósofo José Pablo Feinmann (que también era un cinéfilo empedernido), afirmó alguna vez que una muerte prematura congela la imagen en el punto más alto de pasión y entrega, impidiendo el desgaste del tiempo.

A 50 años de su trágica muerte, recordamos la historia del actor que rompió moldes junto a James Dean, aunque no se lo recuerda tanto. Fue muy conocido en los 50 y 60 y terminó asesinado en un callejón de Los Ángeles.

El filósofo José Pablo Feinmann (que también era un cinéfilo empedernido), afirmó alguna vez que una muerte prematura congela la imagen en el punto más alto de pasión y entrega, impidiendo el desgaste del tiempo.
Feinmann lo pensaba en términos políticos, al hablar del "Che" Guevara y de Eva Perón, dos figuras, dicho sea de paso, en permanente revisión de acuerdo a las coyunturas. Pero esa lógica también atraviesa a la cultura popular.
Así, a 50 años de la muerte del actor Sal Mineo, su figura permanece detenida en la intensidad juvenil de los años 50, aunque su historia y su tragedia se proyectan con fuerza en el turbulento Estados Unidos de los 70.

Cuando Sal Mineo se convirtió en estrella, Estados Unidos vivía una década de prosperidad económica, pero también de rigidez moral. La posguerra había puesto en auge el modelo suburbano, la familia nuclear y el consumo como aspiración.
La película "Solo un sueño", de 2008, muestra bien la típica vida de los 50 en Estados Unidos. La casa agradable en los suburbios, el auto nuevo en la entrada, el marido rumbo a la oficina y la esposa ama de casa. Todo prolijo por fuera pero lleno de frustraciones por dentro.
Al mismo tiempo, el macartismo sembraba persecuciones ideológicas, la Guerra Fría tensaba el clima y la juventud empezaba a sentirse asfixiada por el mandato de obediencia.

El rock irrumpía con Elvis Presley; el cine comenzaba a mostrar el lado B del sueño americano. En ese contexto apareció "Rebelde sin causa" (1955), dirigida por Nicholas Ray. La película fue un terremoto: por primera vez, el malestar adolescente ocupaba el centro del relato.
Sal Mineo, hijo de inmigrantes italianos, interpretó a John "Plato" Crawford, el chico solitario que encuentra en James Dean una figura de identificación. Su actuación fue celebrada por la crítica y le valió una nominación al Oscar como Mejor Actor de Reparto con apenas 16 años.
Plato no era un villano, tampoco un héroe: era un muchacho herido. Mineo le imprimió una vulnerabilidad que no era común en el Hollywood de la época, todavía marcada por estereotipos masculinos muy rígidos.

La película de Ray nació ya con vocación de clásico, pero Mineo no quedó parado ahí. En 1956 protagonizó "Crimen en las calles", donde volvió a encarnar a un marginal. Hollywood tendía a encasillarlo como "adolescente problemático".
En 1960 llegó uno de sus trabajos más sólidos, el de "Éxodo", dirigida por Otto Preminger. Allí interpretó a Dov Landau, un sobreviviente del Holocausto que participa en la lucha por la creación del Estado de Israel.
Ese mismo año actuó en "La historia de Gene Grupa", donde dio vida al legendario baterista de jazz. Mineo, posiblemente influido por otros actores como Marlon Brando, estudió batería para lograr mayor verosimilitud.

En 1962 participó en "El día más largo", superproducción bélica sobre el desembarco en Normandía. Aunque su papel fue breve, lo integró a un elenco coral de grandes figuras, como John Wayne, Henry Fonda y Robert Mitchum.
Sin embargo, a medida que avanzaban los 60, el sistema de estudios entraba en crisis. El Nuevo Hollywood aparecía con otras ideas y otras caras. Mineo, asociado a los 50, comenzó a perder espacio en la industria.
Si los 50 habían sido la década de la contención moral y la rebeldía incipiente, los 70 fueron el tiempo del desencanto. La guerra de Vietnam, el escándalo Watergate, el asesinato de líderes políticos y el auge de movimientos contraculturales marcaron un país fracturado.

Hollywood también cambiaba. Directores como Scorsese, Coppola o Altman reescribían el lenguaje cinematográfico. La violencia urbana crecía, especialmente en ciudades como Nueva York y Los Ángeles. El crimen y la sensación de inseguridad eran temas cotidianos en la prensa.
En ese contexto, Sal Mineo intentaba reconstruir su carrera desde otro lugar. Trabajó en televisión y se volcó con mayor frecuencia al teatro. También dirigió y produjo montajes en Los Ángeles, buscando independencia creativa.
Su vida personal, incluida su bisexualidad, era conocida en ciertos círculos, pero el clima cultural todavía estaba lejos de la aceptación plena. Aunque el movimiento por los derechos LGBTQ+ había ganado visibilidad, la homofobia seguía arraigada en la sociedad estadounidense.

El 12 de febrero de 1976, tras regresar de un ensayo teatral, Sal Mineo fue apuñalado en la entrada de su edificio en West Hollywood. Tenía 37 años. La noticia conmocionó a la industria.
En un primer momento, los rumores apuntaron de manera prejuiciosa a un posible crimen vinculado a su orientación sexual. Meses después, la investigación determinó que se trató de un asalto al azar y el responsable fue condenado.
La muerte violenta operó como un cierre abrupto. Aunque ya no era el adolescente de "Rebelde sin causa", la memoria colectiva volvió a fijarlo en esa imagen juvenil. Como James Dean, como los músicos que murieron jóvenes en los 60 y 70, Mineo quedó atrapado en una edad simbólica.