Vivimos un tiempo de cambios vertiginosos, constantes, transversales. Y la música popular argentina no está exenta. Sus límites parecen desdibujarse con la misma intensidad con la que se reinventan.
Entre lo viral y lo vital: el tango en tiempos de algoritmo
El pianista Juan Ignacio Di Pasquale presenta el nuevo álbum de la Orquesta Típica que dirige y reflexiona sobre el presente de la música popular: el impacto de los algoritmos, la pérdida de centralidad y el desafío de reconstruir espacios de encuentro con nuevas audiencias.

La Orquesta Típica Di Pasquale toma los interrogantes que abre este contexto y lo convierte en el núcleo conceptual del nuevo álbum dirigido por Juan Ignacio Di Pasquale, pianista, compositor y arreglador que, desde hace mucha, viene ensayando una relectura profunda del tango.
El resultado de ese proceso, gestado durante más de tres años, cristaliza en un disco donde confluyen varias tradiciones: las del tango, el chamamé, el folklore y el jazz. En una arquitectura musical que evita lo superficial para apostar por un intercambio real, casi orgánico, entre géneros.
En esta entrevista, Di Pasquale desmenuza el detrás de escena de un proyecto que interpela al tango como tradición y lo sitúa en el centro de una discusión más grande, vinculada con el lugar, los límites y las posibilidades de la música popular en la Argentina contemporánea.

Crear fogones
-En el del disco aparece una pregunta "¿Qué pasa con la música popular hoy?" ¿qué respuestas encontraste -y cuáles siguen abiertas- sobre el presente del tango y su diálogo con otras músicas?
-En principio creo que pude tomar dimensión del tamaño de la pregunta. Una de las pocas certezas que tengo es que mis respuestas son parciales e incompletas. Cuando empecé con el ciclo, casi no sabía que existía el chamamé.
La música popular es una red de "mamushkas" alucinante. El nivel de artistas que tenemos es de una excelencia que nada tiene que envidiarle a los ídolos del pasado. Tanto a nivel intérpretes como en el enorme repertorio que se desarrolla y del que ya hace tiempo las nuevas generaciones nos nutrimos.
Hoy la discusión que tenemos con muchos colegas es si lo popular y lo mainstream van de la mano. Yo creo que no. Lo dijo muy bien Juan Falú hace poco tiempo, “hoy en día el gusto popular está muy mediatizado, moldeado por la industria”.
En otros tiempos el pueblo elegía a sus artistas populares (Sosa, Pugliese, Charly), actualmente ese trabajo lo hace un algoritmo que se alimenta de presupuestos millonarios. Quienes hacemos música que habla de lo que nos constituye como seres de este territorio, vasto y diverso, estamos en constante resistencia.
La pregunta abierta es cómo podemos derrotar esa marginalidad que quiere imponer el mercado a nuestras músicas tradicionales, o la sentencia a volverse pieza de museo.
Cómo hacer que llegue a nuevas generaciones, cómo romper la barrera de la pantalla y crear fogones y encuentros donde respirar el tango, el candombe, el folklore, el chamamé, el jazz.

El tango se encuentra en resistencia absoluta. Resiste quien está siendo atacado, quien enfrenta una dificultad. Eso no significa que el partido esté perdido, pero el escenario es complejo.
Aún así tenemos cosas para celebrar, muchos contextos de formación, luthiers que fabrican bandoneones, centenares o hasta miles de milongas y festivales, conservatorios que se dedican a estudiar al tango en Argentina y el mundo.
Aún así, no ocupa el lugar central que ocupaba en la sociedad de los años 40, asumir eso, es asumir que estamos resistiendo y que tenemos mucho trabajo por delante.
El tango desde su nacimiento dialogó con otras músicas, de diversas maneras, creo que en general el modus operandi ha tenido más que ver con acercar esas músicas al lenguaje del tango, que acercarse desde el lenguaje del tango a esas otras músicas.
Existen montones de ejemplos de colegas que hacen dialogar al tango con otros géneros, aunque quizás en general de una manera un poco más puntual o "superficial" (en lo que yo conozco). Creo que la diferencia que plantea este trabajo tiene que ver con que la típica se puso a disposición para trabajar 100% con material musical de otros géneros.
Tampoco sé si este disco es un disco de tango, creería que no, no lo sé y no sé si es relevante. Lo que sí sé es que el lenguaje del tango está presente todo el tiempo.

Búsqueda artesanal
-La Orquesta Típica se presenta como “una pequeña sinfónica tanguera capaz de jugar en todas las canchas”. ¿Cómo trabajaste los arreglos para que géneros como el chamamé, el jazz o el indie no sean citas, sino territorios de encuentro con el tango?
-Usualmente mi método de trabajo a la hora de hacer arreglos o componer tiene una etapa de escuchar mucha mucha música, buscar ideas distintas, tratar de sacarme de la zona cómoda a la que podría ir en automático usando fórmulas que sé que funcionan y me gustan.
Cuando se trata de tango es bastante más fácil navegar en ejemplos, tenemos una cantidad inmensa de música grabada por maestros como Troilo, Pugliese, Gobbi, Salgan, Di Sarli, Piazzolla, entre otros.
A la hora de buscar referencias de cómo hacer trabajar un huayno o un chamamé en una orquesta típica, o cómo trabajar la incorporación de metales, guitarras, percusión, los ejemplos, en el mejor de los casos son escasos.
El desafío, el juego se trató entonces de buscar artesanalmente en cada canción los lugares donde me pedía o me daba la posibilidad de entrar en ese diálogo.
A veces encontrando algo que desde mi subjetividad podía percibir como "tanguable" o a veces viendo una luz para que la orquesta juegue a ser un sintetizador, acordeón, berimbao o percusión.
Amor, cuidado y respeto
-El álbum reúne a figuras muy diversas, desde Pipi Piazzolla hasta Carlos Moscardini o Luciana Jury. ¿Qué criterios guiaron la selección de estos artistas y cómo se construyó, en lo concreto, ese “diálogo profundo” en el estudio y en vivo?
-La selección tuvo que ver con el vínculo que tengo con la música. Me gusta escuchar mucha música y muy distinta, me gusta desprejuiciarme y aprender a disfrutar propuestas distintas.
Y sobre todo, cuando encuentro algo que me emociona, que me entusiasma, que me mueve algo adentro, me es urgente compartírselo a mis afectos.
Es algo instintivo, "esto me hizo bien y creo que puede hacerte bien a vos, te lo comparto". Esa selección se gestó de una manera muy orgánica y balanceada entre artistas que admiro y otros que fui conociendo y admirando, saliendo a escuchar, charlando, compartiendo comidas, mates y vinos.
Cada concierto en vivo fue único e irrepetible y el aprendizaje que nos dejaron los invitados fue una escuela en la que aprendimos la importancia que se le da en cada género a la articulación, al tempo, la llevada, la dinámica, fue muy enriquecedor.

La experiencia en el estudio fue extraordinaria para la orquesta, no solamente teníamos que estar con un nivel de concentración y entrega al presente, atentos a indicaciones o sugerencias de cada invitado.
Sino que también el contraste entre terminar de grabar un tema de Gabo Ferro con Luciana Jury y pasar a grabar un Huayno con Nacho Moze y su cuarteto de vientos fue muy fuerte. Cambios de energía muy extremos. Se construyó todo con muchísimo amor, cuidado y respeto.
Un verdadero sueño
-Hay algo potente en el origen del proyecto: la articulación con la Universidad Nacional de Lanús y su estudio “Enrique Santos Discépolo”. ¿Qué significa, en términos culturales y políticos, que una obra de estas características nazca al amparo de la universidad pública?
-Significa una toma de posición sin dudas. Creer en esos espacios, habitarlos y llevar proyectos desafiantes da la posibilidad de demostrar la calidad y nivel que tiene la universidad pública en general y la UnLa en particular.
Durante las tres jornadas participaron, entre estudiantes, profesores, personal no docente y directivos, más de cincuenta personas. Con un clima laboral armonioso, cálido y profesional. Fue un verdadero sueño.
También hacerlo en un contexto educativo, en lo personal fue una oportunidad para entregarme a aprender muchas cosas yo también.

Estuvimos meses trabajando la preproducción con estudiantes y profesores, el armando técnico de cada jornada, diseñando posibilidades para grabar de la mejor manera, elaborando guiones para que el equipo de imagen pudiera armar el plan de rodaje.
Sabores por probar
-¿Buscás que el disco sea una obra cerrada o más bien un punto de partida para seguir reformulando en vivo qué entendemos hoy por música popular?
-Creo que es un punto de partida, es algo que recién empieza. Me dan muchas ganas de seguir indagando en el encuentro con otros géneros y colegas, con la cumbia, rap, música popular brasilera, rasguido doble, chacarera, vals peruano.
Hay muchos sabores que queremos probar y tantos otros que aún no sabemos ni que existen.
Algo que sí me gustaría reformular, que fue una sugerencia de Ariel Lavigna, el ingeniero de mezcla y mastering del disco, es que en el próximo volumen incorporemos composiciones que nazcan del encuentro entre colegas de otros géneros y la orquesta.
Este primer volumen está integrado puramente de arreglos/versiones de músicas ya existentes. Creo que hay un campo muy interesante de explorar en cruzar la forma de componer y producir entre distintos géneros.








