El inclasificable Uri Geller, que en diciembre cumplirá 80 años, fue una figura muy popular en los años 70. Este israelí afirmaba (todavía lo mantiene) que poseía diversos poderes mentales, que aparentemente habían llegado cuando un rayo de luz lo envolvió siendo apenas un niño.
¿Milagro, ilusión o sugestión? El enigma de Uri Geller que llegó a las páginas de El Litoral en 1976
El israelí que decía doblar cucharas con la mente y tener otros poderes visitó la Argentina y volvió a poner en escena la controversia sobre los fenómenos paranormales. Desde las páginas de El Litoral, un especialista cuestionó sus métodos y reclamó pruebas sometidas a controles científicos.

Con menos de 30 años de edad, iba de país en país, participaba en programas de televisión y en eventos donde realizaba una serie de acciones que causaban impresión. Una de las más conocidas, era doblar cubiertos metálicos, al parecer, con el poder de su mente.
No solo eso, también decía ser capaz de detener relojes sin tocarlos, reproducir dibujos que jamás había visto antes y hasta llegó a decir que era capaz de encontrar petróleo y oro gracias al poder de su percepción.

Nunca se llegó a aclarar del todo si en verdad poseía poderes inexplicables o era un ilusionista muy bien entrenado y asesorado por representantes suficientemente astutos. Lo cierto es que el público de los 70, más abierto a lo "sobrenatural" que ahora, lo consumía masivamente. Entre sus detractores más severos estaba James Randi, mago e ilusionista, que lo expuso varias veces.
Para dimensionar su penetración popular, en la película "Muertos de risa" (1999) de Álex de la Iglesia, ambientada en los 70, muestra a un grupo de gente en un bar mirando un programa televisivo donde Geller dobla una cuchara.
Un paso por el país
En ese contexto de popularidad, el israelí visitó Argentina en septiembre de 1976. Se presentó en el Gran Rex y visitó el programa de televisión que conducían Víctor Sueiro y Blackie. En 2008, en una entrevista con el diario Clarín, dijo "al igual que en otros países de Latinoamérica pasaron cosas inolvidables. Es un continente con una energía especial".
La llegada de este controvertido personaje en aquellos primeros meses de la dictadura militar no dejó indiferente a nadie. A tal punto que el propio diario El Litoral se hizo eco de esto en sus páginas, que en octubre entrevistó al parasicólogo Enrique Novillo Paulí para conocer su opinión al respecto.
Falta de rigor
La mirada de Novillo Paulí sobre Geller era, cuanto menos, escéptica. Según explicó, ni los principales centros de investigación parapsicológica de Estados Unidos ni varias universidades europeas de referencia habían realizado estudios sobre el israelí.
El entrevistado también puso en duda la formación de quienes decían haber estudiado sus supuestas facultades. Mencionó que varios de ellos eran físicos, médicos o matemáticos, pero no parapsicólogos reconocidos.

A esto sumó un episodio ocurrido en España, donde Geller había realizado demostraciones sin someterse a controles científicos y había hecho retirar de la sala de periodistas al presidente de la Sociedad de Parapsicología de Madrid.
Tampoco el libro "Mi fantástica vida" le merecía una opinión favorable. Novillo Paulí cuestionó tanto su presentación como su contenido y advirtió sobre sus contradicciones. Consideró, además, que la publicación tenía más de autopromoción que de divulgación científica.
Entre el fenómeno y la sugestión
Más allá de sus reparos, Novillo Paulí no descartaba de plano la posibilidad de que ocurrieran fenómenos como los que Geller publicitaba. Su objeción central era que la falta de controles adecuados impedía excluir la posibilidad de un fraude y, por tanto, aceptar las demostraciones como auténticas.
Para explicar esa distinción, recurrió a un episodio que había conmovido a la opinión pública santafesina en 1971, las imágenes sangrantes. Según su interpretación, acontecimientos similares ocurridos en Mendoza, cuya autenticidad tampoco consideraba demostrada, pudieron haber actuado como detonante de lo sucedido en Santa Fe.
La difusión de esos hechos por los medios de comunicación, bajo una apariencia de autenticidad, habría contribuido a generar un fenómeno que, tras ser analizado, presentaba características que consideraba veraces.
Una hipótesis parecida, contó, se había discutido en la convención de parapsicología de Santa Bárbara, en Estados Unidos. Allí, una delegada de Alemania, había relatado que, tras la emisión televisiva de un espectáculo de Geller, numerosas familias aseguraron haber encontrado cubiertos doblados espontáneamente.

La pregunta seguía abierta: ¿se trataba de un fenómeno genuino o de un efecto de sugestión colectiva, capaz de provocar que las personas doblaran los cubiertos de manera inconsciente?
Para Novillo Paulí, la respuesta necesaria era la investigación. Su conclusión era que, en lugar de dedicar años a las demostraciones teatrales, Geller debía someterse a un examen riguroso, en centros científicos capaces de evaluar la posible veracidad de sus pretendidos poderes.
¿Fenómeno auténtico? ¿Sugestión colectiva? Lo cierto es que Uri Geller, quien según documentos desclasificados no hace tanto tiempo llegó a convencer a la propia CIA estadounidense de la legitimidad de sus poderes, todavía es un misterio.








