Sin teléfonos celulares, ni súper computadoras ni mucho menos Internet; una misión franco argentina se propuso estudiar la atmósfera y el sol. No tuvieron mejor idea que aprovechar un eclipse solar para llevar a cabo semejante empresa. Para ello, llegaron a la conclusión que un paraje del interior de Chaco sería el lugar ideal para lanzar dos cohetes.
¿Qué fue la Misión Titus? El experimento que estudió el sol con presencia santafesina
Un enviado de El Litoral cubrió en Chaco las tareas científicas que encabezó un grupo de expertos conformados por franceses y argentinos. Aprovecharon un eclipse para estudiar la atmósfera y la corona solar. Ocurrió hace 60 años.

Luego de un prolongado tiempo de estudio, se fijó la fecha de la prueba para el 12 de noviembre de 1966. Fecha precisa en la que ocurriría un eclipse. El lugar señalado, como se dijo, fue una pequeña localidad chaqueña llamada Lapachito. Hasta allí fue enviado un periodista de El Litoral, que publicó luego el histórico hecho.
Según consta en las crónicas de la época, unos cuatro meses antes de la hora señalada llegaron a Resistencia dos aviones provenientes de Francia con los materiales necesarios para el lanzamiento. Alrededor de 70 europeos arribaron a tierras chaqueñas para cumplir la misión.

Expectativa previa
El Litoral tuvo presencia en el lugar. La crónica de aquel 12 de noviembre fue brillante, propia de un periodismo que no ahorra palabras ni mezquinaba adjetivos.
“A las 4hs. 41 minutos 30 segundos de esta madrugada, comenzó la etapa culminante de la ‘Experiencia Eclipse Titus’, elaborada y ejecutada por el Centro de Estudios Espaciales de Francia, en forma conjunta con la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales”, arrancaba uno de los artículos.
Y seguía: “Desde las rampas instaladas en la base Lapacho, a 55 kilómetros del centro de la ciudad de Resistencia, los dos cohetes de fabricación francesa partieron a las horas fijadas en demanda del objetivo. Este aspecto de la experiencia, según se informó, alcanzó pleno éxito”.
“A la hora indicada al comienzo, se inició la cuenta regresiva, que pudo escucharse en toda la base. Fue dictada en francés con intervalos de 15 segundos. La monótona cuenta pronto pasó inadvertida para la mayoría de los presentes”, describió la nota

Y agregaba: “pero no así para un reducido grupo de las 187 personas responsables del experimento (104 argentinos y 83 franceses), que permanecieron desde ese momento ajenos a cuanto no fuera el progresivo descender de los segundos que acercaban el momento del lanzamiento”.
En otro tramo del texto, se aclaraba que “el público no tuvo acceso a la base, debiéndose contentar con seguir el desarrollo del operativo desde una distancia superior a los 2 kilómetros. Sólo se permitía el acceso de las autoridades, que luego se retiraron a un palco ubicado a más de mil metros del lugar, y a periodistas, fotógrafos y camarógrafos”.
“A medida que se acercaba la hora fijada, las 10h. 41' 30", se vivían en la base momentos de honda expectación. Con cielo siempre nublado, que a ratos permitía la fugaz aparición del sol, se inició la fase del eclipse a las 9.33, cuando la Luna comenzó a superponerse”, contaba la crónica principal.
El momento de la verdad se acercaba y el antiguo texto así lo hace saber: “Desde entonces, la penumbra fue aumentando y una leve brisa fría soplaba desde el sur. Los contornos de las cosas comenzaban a desdibujarse y las flores silvestres cerraban sus corolas y los pájaros del monte circundante volaban a asentarse en sus refugios”.
“Una extraña sensación, muy cercana a la angustia, se apoderó de los presentes y el bullicio de momentos antes se hizo casi absoluto silencio. Entonces volvió la atención al monótono contar que ya se acercaba al final”, describió el periodista de El Litoral.

Historia al alcance de la mano
Faltaba poco para el momento exacto cuando el nerviosismo y expectativa se respiraba en el caluroso aire chaqueño. “Tres minutos antes del instante decisivo, los directos responsables más cercanos a las rampas, tomaron posición a pocas docenas de metros de las mismas, cobrando intenso brillo sus chalecos multicolores”, contó El Litoral hace 60 años.
“Se oyó un sordo zumbido que se apagó pronto, una tenue luz brilló una fracción de segundo en la base del cohete "Alfa" y de pronto, la penumbra se iluminó súbitamente con una luz intensamente blanca y casi sin mediar diferencia un estruendo desgarrante quebró todos los silencios y a velocidad de más de 1.000 metros por segundo la blanca estructura se elevó airosamente”, relató el vespertino.
Y siguió: “El aullido se fue haciendo cada vez menos perceptible y a los 30 segundos del primer lanzamiento, otro estruendo volvió a conmover la paz de la inmensa área verde: había partido el segundo cohete”.
“Instantes después, a una distancia de aproximadamente 4.000 metros, se vio caer a la sección primera del "Alfa", produciendo un zumbido penetrante. La primera de las partes espectaculares del operativo, había concluido”, culminaba el texto.

El eclipse en Santa Fe
El interés por el fenómeno espacial no pasó desapercibido en la capital santafesina. De ello dio cuenta El Litoral al decir que aficionados siguieron en detalle el evento desde “el Centro Astronómico de la Escuela Industrial Superior anexa a la Facultad de Ingeniería Química, el Centro de Observadores del Espacio y un grupo de alumnos aficionados a la astronomía de la Escuela Superior Avellaneda”.
En otro tramo del artículo se menciona la colaboración habitual del Centro de Observadores del Espacio (Code) en todo lo referido a las cuestiones técnicas, de temperaturas y horaria vinculadas al eclipse.
Por último, se resaltó que “en la terraza de El Litoral se instaló el grupo de trabajo del Centro Astronómico de la Escuela Industrial Superior que utilizó el observatorio meteorológico del diario. Recopiló los datos demostrativos de la variación de temperatura al sol y al abrigo, de humedad relativa ambiente y presión atmosférica en relación con las distintas fases del eclipse”.
“En forma sincrónica se tomaron fotografías de las distintas fases que atravesó el sol, trabajando en común esfuerzo los fotógrafos de nuestro diario y los observadores del aludido centro. La hora de observación se controló permanentemente mediante un receptor sincronizado sobre la frecuencia que emite el Observatorio Naval de la Secretaría de Marina”, cerró la crónica.
Algunas conclusiones
Los dos cohetes Titus, bautizados Alfa y Bravo, alcanzaron entre 260 y 300 kilómetros de altura durante los 6 minutos y 20 segundos de oscuridad total del eclipse solar. La misión permitió fotografiar la cromosfera y captar radiación ultravioleta fuera de la atmósfera terrestre.
Las imágenes y los datos recopilados aportaron información clave sobre las erupciones solares, las tormentas magnéticas y las ondas de radiación. Estos resultados sirvieron como base para desarrollar métodos destinados a anticipar el comportamiento del sol y sus posibles efectos.
La misión también se destacó por la aplicación de estándares internacionales de calidad. Por primera vez en un proyecto de estas características en la región, se utilizaron normas técnicas rigurosas en las tareas logísticas y de ensamblaje para garantizar el éxito operativo del lanzamiento.









