Subirá a escena en Santa Fe un nueva puesta de “Venecia”, el clásico del teatro nacional escrito por Jorge Accame. Con dirección de Maximiliano Leffe y Rodrigo Sabater, bajo la gestión de King Producciones, la historia lleva al espectador a un rincón remoto de Jujuy, donde una madama sueña con un último viaje: llegar a Venecia para pedir perdón al amor de su vida.
"Venecia": un viaje sobre las alas de los sueños
Maximiliano Leffe y Rodrigo Sabater llevan a escena la obra de Jorge Accame, con las actuaciones de Nurit Scaliter, Susana Lafranconi, Silvia Shubhá Brusa, Liliana Fiorano, Lucas Ávile y Mariano Olivera. El estreno será el 9 de mayo, en la Sala Cervantes de ATE Casa España. De la mano de Leffe, El Litoral se zambulló en el proceso creativo, en la alquimia justa de risa y reflexión.

Entre la nostalgia y la solidaridad, sus seres queridos se embarcan en una misión emocionante que invita a reflexionar sobre la propia felicidad.
Con las actuaciones de Nurit Scaliter, Susana Lafranconi, Silvia Shubhá Brusa, Liliana Fiorano, Lucas Ávile y Mariano Olivera, tendrá su estreno en la Sala Cervantes de ATE Casa España (Rivadavia 2871) el sábado 9 de mayo a las 21, con una segunda función el sábado 16. También está en carpeta una tercera, el viernes 21 de agosto, en Valeri Montrul Multiespacio (San Lorenzo 2513).
En conversación con El Litoral, Leffe repasó el proceso y el mensaje de esta puesta, que busca la sonrisa y la emoción del espectador.
Conexión
-¿Cómo surgió la idea de hacer “Venecia” y qué es lo que más los atrajo de esta obra?
-Es una obra que, desde muy chico, cuando empecé a hacer teatro, tuve la oportunidad de poder tenerla en mis manos: de hacer uno de los personajes, el Chato. Y cuando llegué a mi adolescencia y empecé a estudiar en la escuela Juan Bautista Bustos, tuve un segundo encuentro con la misma obra: pude conocer a Silvia Paredes que, con Luis Mansilla, estaban haciendo una versión; pude ir a verlos y tuve una conexión muy linda.
Después me puse a pensar en que hacía mucho no se veía esta obra en Santa Fe Capital, y me parecía una linda oportunidad para volver a traer un clásico tan bonito.
-Está este juego de ficción dentro de la ficción, donde los personajes crean esta ilusión para cumplirle el sueño a la Gringa. Hay elementos de comedia, de ternura. ¿Cómo se llega a esa síntesis que no es del todo un drama, es comedia dramática con un dejo de nostalgia?
-Fue un trabajo particularmente difícil con el elenco, porque al leerla y al trabajarla uno a simple vista dice: “Es una comedia”. Y en realidad es un poquito más que una comedia; porque trabaja este realismo mágico que nos hace vivir Jorge Accame en su historia.
También tener un equipo muy lindo, integrado mayormente por mujeres adultas, hace que se pueda trabajar de otra manera con las emociones y llegar a unos resultados maravillosos.
Está el factor de la comedia, pero en este viaje hay momentos muy lindos, enternecedores. Rita, Marta y Graciela la ven como una madre a la Gringa, y hacen todo lo posible por querer cumplir este viaje. Todo parte por una pregunta y por una ayuda de una de las chicas, y eso es encadenar ese amor de hijas de querer ayudar.
Tiene cosas de romanticismo, cosas de amor: es una comedia romántica: eso es una apreciación más personal. Es una obra muy linda que no solamente pasa por la comedia: tiene sus momentos para emocionarse, para reflexionar, y para pensar en la madre, en la de uno y en la familia, en los valores; qué hace uno por amor, qué hace uno por querer al otro.
También me hace pensar en una reflexión que utilizo cuando estoy invitando a gente a ver la obra. Jorge Accame dice: “La historia de estos tiernos y patéticos personajes es llevada hacia la única posible epifanía, hacia la única luz que les está permitida, que es la de sus sueños”. Porque no tienen otra cosa: no tienen plata, no tienen absolutamente nada; lo único que les queda es jugar con la imaginación. Ahí entra este realismo mágico.

El proceso
-La conocías, la habías leído, habías hecho un personaje, viste después la puesta de Luis Mansilla. ¿Qué es lo que te parece más desafiante o atractivo ahora que estás en la silla del director?
-Uf, son varias cosas. Pero lo más lindo es que cuando yo le pido la versión al autor, Jorge Accame (y obviamente me la cede) hizo algunas preguntas a través de Argentores sobre cómo se iba a realizar.
Entonces yo le pregunté qué es lo que le gustaría a él; me comentaba que se hicieron muchas versiones: está en Teatrix por María Rosa Fugazot, se hizo con un montón de actrices y de actores a nivel nacional y también internacional, porque viajó por un montón de lugares. Pero lo que sí hizo muy poco o casi nada es lograr una versión con actrices grandes.
Y en esta versión de “Venecia” la actriz que hace de la Gringa está muy cerca de la edad del personaje, que podría tranquilamente ser una mujer casi de 70, 72 años; y las chicas (Rita, Graciela y Marta) son mujeres adultas, son mujeres grandes.
Y lo desafiante fue armarlo con un grupo de mujeres adultas, donde la Gringa también funciona muy bien. Porque son actrices maravillosas, que trabajaron con el director Edgardo Dib, pasaron por diferentes talleres y espacios.
Es un elenco que viene con recorrido, es un ensamble hermoso; y fue todo un desafío porque hay toda una coreografía de movimiento y todo un trabajo en la escena; donde había muchas dudas aparte de inquietud, de parte de las actrices. Y a medida que lo fuimos haciendo fue saliendo bellísimo.
Otra de las cosas que había que trabajar con mucho cuidado era el momento cuando la Gringa se encuentra con el amor de su vida, algo que ocurre como en un sueño, en el momento final de la historia: es el único actor que es joven.
Nurit Scaliter interpreta a la Gringa, Liliana Fiorano hace de Rita, Shubhá Brusa es la actriz que encarna a Marta y Susana Lafranconi la que hace a Graciela. Lucas Ávile es un actor de Santa Fe y hace del Chato, y Mariana Olivera se encarga de Giacomo, que es este amor de la Gringa.
Trabajar con el elenco adulto fue un gran desafío; y por otro lado, como te digo, lograr ese momento romántico, tierno, que ocurre cuando esta mujer encuentra al amor de su vida. Creo que eso fue un desafío maravilloso: lograr un buen resultado.

Encuentros
-¿Cómo te encontraste con estos intérpretes, y cómo fue (siendo más joven) trabajar con estas actrices más grandes?
-Fue todo un desafío. Las actrices no tenían noción de quién era yo, de mi trabajo, o de que yo hace 16 años para 17 vengo haciendo espectáculos, obra de teatros; tampoco tenían por qué conocerme, obviamente.
Les acerqué la obra cuando fui a verlas, en una obra llamada “La fruta de la perdición”. Me las encontré, me gustó, les hablé a través de Instagram, de Facebook; logré “hacer puente” como me gusta decir. Y fue muy lindo, porque el trabajo de la mesa fue de respeto mutuo, de admiración mía por ellas.
Ellas vieron que con Rodrigo Sabater, al dirigir juntos, nos escuchamos, brindamos ideas entre los dos, les tiramos cuestiones que pueden ir corrigiendo de los personajes. Entonces siempre fue un trabajo muy lindo: el elenco se lleva muy bien, hay un cariño y un respeto mutuo todo el tiempo, tanto dentro como fuera de la escena.
En las primeras instancias, al tomar el texto las actrices, cuando en marzo empezamos a ensayar ya tenían el libreto estudiado de memoria, completó: eso nos dio otra libertad a la hora de trabajar.
En realidad la obra se iba a estrenar cerca de junio/julio; lo que sucedió fue que algunas actrices tenía cuestiones de agenda, viajes programados, y tuvimos que pasarla para más temprano, hacerla en mayo. Lo que fue otro desafío, porque fue ensamblar la obra más rápido.
Eso un poco nos daba miedo, pero terminó funcionando, se pudo hacer bien. El permiso del autor también tenia un tiempo, pero no hubo inconveniente en realizarlo un poquito antes.
La magia
-Hablabas recién de una coreografía de movimientos muy precisa. ¿Cómo fue ajustar lo escénico, los cuerpos de los intérpretes en el escenario?
-La obra tiene un ritmo al principio medio lento, pero cambia mientras va avanzando. Lo más difícil es trabajar en ese viaje imaginario que realizan las chicas, para hacerle creer el viaje a la Gringa. Quería yo que el espectador que lo vea sienta como que realmente se está creyendo lo que le están haciendo creer las mujeres a la Gringa.
Para que eso ocurra tiene que haber mucho, pero mucho trabajo de pensarse en una situación en la cual están con una mujer no vidente y que la llevan por un montón de lugares para hacerle creer esto que estamos hablando, este realismo mágico.
Al irlo trabajando, obviamente era muy importante el recorrido de las actrices, porque yo les decía: “Hay que crear un avión, hay que crear una canoa, hay que crear esa Venecia a la cual la van a llevar; hay que hacerle creer todos los movimientos y acciones que ocurren”. Entonces las actrices trabajan con muchos elementos dentro de la escena, elementos rudimentarios.
El actor que hace del Chato, Lucas Ávile, tiene que jugar con un megáfono, una linterna, un ventilador; todos elementos de la casa. Porque por el amor que le tienen a la Gringa los personajes, y al darse cuenta de que la plata que necesitan no la van a conseguir, ahí empieza este trabajo un poquito más arduo de definir muy bien los movimientos y qué va a hacer cada personaje para no hacer de más ni de menos, ni tampoco hacer algo que se vea sucio en la escena.
Y en mi experiencia con otras obras, otros proyectos, creo que esta fue un poco más desafiante, y un poco más allá de lo que ya se había hecho.

Emociones
-¿Cómo sentís que le llega esta historia al público, a los diferentes públicos en sus diferentes edades? ¿Cómo la ve la gente más joven, y la gente más grande?
-Es una muy buena pregunta. Espero que la que haga que haga reflexionar sobre el amor a la familia; porque a fin de cuentas las chicas el viaje lo hacen por amor a la Gringa: no tienen plata, no saben mucho ni escribir ni leer, no saben diferenciar dónde está Venecia, dónde está Jujuy; y todo lo hacen por amor.
Me parece que además de la risa, que es un condimento fundamental de la obra, no puede faltar el trabajo de que obviamente uno se divierta, se ría, pero también que reflexione. Trabajando con el elenco siempre decimos: tiene que haber valores que se vean y que a simple vista uno cuando se va los sienta.
El valor del amor por una madre, el valor de la amistad, porque a fin de cuentas ellas son amigas: que esas cosas se vean y se palpen. Porque aparte, sin ir tan lejos, casi todas las historias que vemos siempre en teatro están relacionadas con una persona, con un ser humano. Y siempre están relacionadas con la traición, o con la relación de amor; siempre en la historia hay un hijo o una hija, o hay un padre o una madre, o hay un amigo o una amiga. El humano cuenta siempre cosas de sus experiencias.
Creo que esta historia funcionó y funciona tan bien porque hablamos de ese amor que le tienen a la madre: esta a esta mujer que las adoptó (porque las chicas no son hijas realmente de ella) pero la aman tanto y la respetan tanto como a una madre. Porque alguna vez en la vida esa mujer fue alguien, fue una gran artista, y fue quien las acobijó en Jujuy, que consiguió un espacio y pudo darles un lugar para que puedan trabajar. Creo que eso el público lo va a recibir muy bien.









