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Viernes 16.10.2020 - Última actualización - 17.10.2020 - 14:31
10:02

Conversatorio sobre narración oral

Conmover más allá de la pantalla

Marcela Sabio (Argentina), Armando Trejo Márquez (México) y Rubén Corbett (Panamá/México) brindarán esta charla gratuita internacional de manera online, este sábado. Será un anticipo del seminario que estos tres maestros impartirán a partir de noviembre.

Los disertantes integran el Foro Internacional de Narración Oral: Sabio dirige la delegación argentina, y Trejo y Corbett la mexicana. Crédito: Gentileza FinoLos disertantes integran el Foro Internacional de Narración Oral: Sabio dirige la delegación argentina, y Trejo y Corbett la mexicana.
Crédito: Gentileza Fino

Los disertantes integran el Foro Internacional de Narración Oral: Sabio dirige la delegación argentina, y Trejo y Corbett la mexicana. Crédito: Gentileza Fino



Conversatorio sobre narración oral Conmover más allá de la pantalla Marcela Sabio (Argentina), Armando Trejo Márquez (México) y Rubén Corbett (Panamá/México) brindarán esta charla gratuita internacional de manera online, este sábado. Será un anticipo del seminario que estos tres maestros impartirán a partir de noviembre. Marcela Sabio (Argentina), Armando Trejo Márquez (México) y Rubén Corbett (Panamá/México) brindarán esta charla gratuita internacional de manera online, este sábado. Será un anticipo del seminario que estos tres maestros impartirán a partir de noviembre.

 

El próximo sábado 17, a las 14 (hora argentina), se reunirán tres artistas, profesionales, investigadores del arte de la palabra viva, de la narración oral artística o narración oral escénica (como comenzó llamándose este movimiento que surgió a fines de los 60 en Cuba, con el Maestro Francisco Garzón Céspedes del que los tres fueron alumnos y representante de sus eventos internacionales por muchos años en sus países de origen y desarrollo y para el mundo).

 

Ellos son Marcela Sabio (Argentina), Armando Trejo Márquez (México) y Rubén Corbett (Panamá/México). Trejo y Corbett son, respectivamente, director y subdirector de Fino (Foro Internacional de Narración Oral) México y, Sabio, directora de Finoa (delegación de Fino Argentina) desde hace ya varios años. Con un trabajo de más de 30 años en este arte a nivel nacional e internacional, proponen esta especie de “charla” abierta, moderada por la licenciada en Ciencias de la Comunicación Anabel Casillas (también mexicana).

 

Quienes quieran podrán acceder a este conversatorio en forma libre y gratuita por Facebook Live (“FINO Foro Internacional de Narración Oral A.C.”), a los fines de intercambiar conceptos, puntos de vista, experiencias acerca del arte de la oralidad que -como cualquier arte escénica- es un arte que no solo se nutre de presencias, sino que “precisa de ese intercambio entre artistas y público interlocutor; abriéndose interrogantes sobre las condiciones, las características, los cambios de paradigma a que ese arte es desafiada -junto a los/as participantes de ese ‘ritual’ que ahora debe adaptarse a estos soportes/escenarios de la virtualidad que, de algún modo, nos acercan pero no bastan para que este convivio tan ancestral y renovado (desde las ciencias de la comunicación, la antropología, sociología, las artes escénicas y musicales), de humanidad y lenguaje, de memoria e imaginación, de carnadura de lo efímero y poético siga realizándose o, en términos más acordes a una pandemia, siga ‘gozando de buena salud’”, afirma “nuestra” Marcela Sabio. Es pues, este evento, un anticipo del seminario internacional que estos tres maestros impartirán a partir de noviembre, también de manera online.

 

 

Nuevas formas

 

-¿Cuál es la potencia de la narración oral escénica en nuestro tiempo, y cómo se resignifica en la distancia generada por la pandemia?

 

-La potencia de la narración oral escénica, de la narración oral artística, de este arte de contar “con todo el cuerpo y a viva voz”, se ha puesto en valor en cada situación de catástrofe, de crisis, en circunstancias de riesgo y vulnerabilidad por las que han pasado diferentes países, regiones: terremotos, huracanes, (sin ir tan lejos, las inundaciones que padecimos los santafesinos), y con mayor fuerza durante esta pandemia, en la que todo el mundo se ve afectado por un alto grado de incertidumbre, de angustia, de la permanente “alerta” que pesa sobre nuestras vidas y de la de los que queremos. ¿Por qué? Porque la palabra viva, dicha así, mirándonos a los ojos, ya nos da un reaseguro de humanidad: para alguien no somos un número más, ahí, cerca está ese otro/otra con quien podemos compartir lo que soñamos, lo que nos asusta, lo que nos conmueve, nos duele, lo que nos alegra y da esperanza y, sobre todo, imaginar juntas/os realidades mejores para reinventarnos.

 

Hoy hasta los profesionales de la salud, ven la necesidad de ahondar en el estudio de los efectos de esa palabra viva -patrimonio del cotidiano de todas las personas, de la esencialidad humana que precisa contar “con otros” y al hacerlo, contar-nos-, para optimizar esa comunicación con los pacientes que, a veces, solo puede ser a través de una mirada detrás de máscaras de protección que sólo dejan ver los ojos; ojos en los que se concentran todas las palabras de aliento, la fuerza para dar pelea a la enfermedad, el concentrado de afectos de los que están fuera de los hospitales ansiando que cada enferma/o vuelva a casa. Otras veces es sólo la voz de esa oralidad la que puede llegar al “otro” y que, con palabras especialmente elegidas, con matices diferentes, logran llevar esperanza tanto a enfermos como a familiares, incluso, atenuar el impacto de las noticias más negativas (y no me refiero solo a las vinculadas con la enfermedad, sino a todo lo que conlleva esta pandemia).

 

En la oralidad todo el cuerpo cuenta, y pensada como arte, el terreno simbólico- poético en que se mueve, también crea espacios para “el descanso” ante tanto agobio, la esperanza en medio de “un campo de batalla” donde a todos nos tocan luchas diferentes, pero luchas al fin. El arte de narrar historias, cuentos, anécdotas, leyendas con otros/otras, nos devuelve el espacio de escuchar y ser escuchados, provoca directamente y con fuerza a ese “creador” que hay en cada uno/una, para encontrar fisuras por las que alejarnos un tanto de la realidad dura, cruda, para vislumbrar salidas, moldeándonos a nuestra medida desde esa otra realidad que da la ficción. Y no nos quedamos en la ficción: desde allí salimos con otros recursos, fortalecidos para la batalla de cada día.

 

 

Poblarse de voces

 

-Hablás de “la urgencia de la autocrítica de los narradores/as escénicos, artísticos”. ¿En qué sentido tendría que darse?

 

-Como profesionales, educadores, investigadores de este arte, nos hemos hecho eco de lo que diferentes ciencias comprueban: “Aunque vivamos en sociedades ya no solo de oralidad secundaria, sino que también adjudica poco valor a lo escrito; sociedades de medios audiovisuales y masivos de información -pocas veces de comunicación-; aún en este paisaje, ni con las más sofisticadas tecnologías que ya están a nuestro alcance y con las que seguramente vendrán, nada de todo esto tiene el impacto de “con-mover” (movernos juntos), de provocación transformadora que sí tiene cualquier ser humano hablando con otro, mirándole directamente a los ojos. Podrá parecer por momentos que esa esencialidad humana puede sustituirse por medios tecnológicos o virtuales, pero no es así. Ocurre lo mismo con las tantas predicciones apocalípticas acerca de los libros, amenazados a extinguirse -según algunas opiniones- y sin embargo allí están, esas extensiones “de la imaginación y de la memoria humana”, gozando de buena salud -y por suerte para nuestra propia salud.

 

También predicamos desde los fundamentos teóricos y, sobre todo, desde las praxis, que sólo esa palabra viva, el poder nombrarnos y ser escuchados con y por otros/as, nos da visibilidad a los seres humanos. Pero, desde nuestro rol de artistas de la narración oral, artífices de ese ritual, nuestro más alto valor y desafío es el de poder despojarnos de nuestra propia voz, para poblarnos de las de todos los demás, de las voces de los que no son oídos, de los que no pueden hablar, poblarnos de las voces ancestrales que vienen desde las tradiciones orales de diferentes tiempos y culturas, de las voces de la literatura, e intentando un permanente equilibrio de ética y estética, ser nada más -y nada menos- que mediadores entre todas esas voces y el público.

 

Y aquí va la autocrítica que sentimos indispensable hacernos en este momento en que la virtualidad tan “a mano” de casi todo el mundo, no se vea como una plataforma para corrernos de ese lugar de mediadores y tomar el de absolutos protagonistas, sin importar el qué, el cómo, el “¡con quiénes!”: es “el aquí estoy yo” (de cualquier modo y como sea, aquí estoy). El costo de esto es altamente nocivo, produce un efecto de vandalización artística, de mercadeo de pasatiempo barato por lo que, lo importante de este arte y de nuestro rol como artistas, se pierde.

 

Creemos que las redes, la virtualidad nos ofrecen en esta pandemia un soporte, plataforma fundamental para seguir acercándonos desde este arte de la narración oral y la palabra poética; pero, no podemos confundir a esta herramienta con el organizador central de nuestros objetivos y contenidos artísticos.

 

 

Formación

 

-¿Cómo va funcionar el seminario con sus sesiones personalizadas a distancia?

 

-El seminario contará con diez sesiones virtuales -algunas de dos y otras de tres horas de duración-, en día sábado, desde noviembre hasta fines de enero, con un interregno desde mediados de diciembre hasta el segundo sábado de enero. En ese lapso sin sesiones colectivas, se organizarán espacios de tutorías personalizadas por mail o WhatsApp, para que cada participante pueda seguir profundizando su proyecto basado en la oralidad artística.

 

El seminario internacional tiene el título “El arte de contar historias: Desafíos dentro y fuera del espacio virtual”, porque abordaremos los ejes, los fundamentos, los códigos y decodificaciones, las percepciones y lecturas de este arte, pensando que en algún momento (ojalá más cerca que lejos), volveremos a disfrutar de este convivio, de esta celebración de la palabra compartiendo el mismo tiempo y espacio. En el “mientras tanto”, la virtualidad nos ofrece la posibilidad de aproximarnos a un público que -aunque más cerca de lo que denominamos “espectador” y distanciándonos del ideal de interlocutor- demanda de exploraciones, recursos, estrategias que nos hagan sentir que no perdemos el horizonte artístico y de interrelación.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Ignacio Andrés Amarillo


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