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Martes 24.11.2020 - Última actualización - 20:31
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Por Javier Francisco Aga

La diosa iluminada en la manzana de las luces

 Crédito: Gentileza
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Por Javier Francisco Aga La diosa iluminada en la manzana de las luces El pasado 15 de noviembre se iluminó la fachada de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. En su frontispicio, Palas Atenea representa las virtudes de la razón, la fuerza y la justicia.

Por Javier Francisco Aga (*)

 

Nadie sube erguido por las siete escalinatas de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. Por el contrario, ingresamos a ella por calle Cándido Pujato de la ciudad de Santa Fe con una pequeña inclinación del cuerpo hacia adelante, cabeza levemente inclinada mirando al piso en inconsciente reverencia hacia a la autoridad que yace en lo alto de la puerta de ingreso.

 

¿Hacia qué autoridad?

 

A la que representa la diosa griega, sabia y guerrera, que yace sentada en el frontispicio. Una hermosa mujer, como la Señora Justicia, pero sin vendas en los ojos ni balanza ni espada, tan solo inspirando soberana obediencia a quien tiene la osadía de ingresar a su templo en búsqueda de la justicia, la verdad y la construcción del derecho.

 

¿Quién es?

 

Pregunta obligada que todo estudiante se hace alguna vez. Es Palas Atenea, también conocida como "la de ojos de lechuza", una de las más curiosa, atrayente y compleja de todas las personalidades de la mitología griega. Tanto es así que hasta la etimología de su nombre y el hecho mismo de su nacimiento han sido y siguen siendo objeto de desavenencia entre los estudiosos.

 

"A Palas Atenea, ilustre diosa, comienzo a cantar, la de ojos de lechuza, rica en industrias, que un indómito corazón posee, doncella venerable, que la ciudad protege, valerosa, Tritogenia, a la que solo engendró el industrioso Zeus en su santa cabeza, de belicosas armas dotada, doradas, resplandecientes". (Himno Homérico 28°)

 

La diosa Palas Atenea que reposa en la arquitectura de nuestro Monumento Histórico Nacional, presenta los atributos clásicos de su deidad. El yelmo de guerrera que corona su cabeza y su pechera exhibiendo a la Gorgona Medusa, monstruo femenino y a la vez diosa protectora que la propia Atenea subordinó a su poder castigándola con serpientes en su cabeza. Debajo de la silla aparece la serpiente como antiguo símbolo de la omnipotencia femenina y de las mujeres en general, significando movimiento, renovación, energía telúrica y vital, pero fundamentalmente conocimiento y sabiduría. Su mano izquierda aparece empuñando el cetro como símbolo de mando que inviste, cuyo extremo da lugar a una doble interpretación: como una rama de olivo, símbolo de la vida civilizada; o como una flama, símbolo de la luz que ilumina y permite ver en la oscuridad como toda lechuza. (1)

 

Todos coinciden que Palas Atenea era la diosa griega de la razón y la sabiduría, pero también era la diosa de la guerra. Si bien Ares es el dios de la valentía y los soldados, la inteligente Atenea era tenida por los griegos como la diosa de los generales y la estrategia militar. En tal sentido Atenea era fría, argumentativa, previsora, calculadora y bélica a la vez. No por nada había nacido de un hachazo de Hefestos en la frente de Zeus su padre, de quien heredó su poder y su inteligencia. Estas dos virtudes -la razón y fuerza- de Palas Atenea definen a su vez en ella una tercera virtud: la justicia.

 

Detrás de la Atenea, y cubriendo su espalda, puede observarse parada a Niké, la diosa de la victoria, compañera de juegos, que contiene, venera y protege a Atenea.

 

En el trasfondo del friso pueden observarse los Propileos y el Partenón, símbolos distintivos de la Acrópolis, la gran ciudad griega cuna de la democracia, de las leyes escritas y de las reformas políticas.

 

Por último, aparecen en la escena dos hombres que se acercan con mucho respeto, guardando temeraria distancia para con la diosa. En primer lugar, Dracón el gran legislador ateniense y padre de la ley escrita y primer codificador de leyes. Y, en segundo lugar, Solón el gran reformador y legislador que sentó las bases para la democracia en Atenas.

 

Pero volvamos a Atenea. Mujer hermosa, luchadora, protectora, atractiva y virginal en extremo, celosa de su sexualidad con otros dioses. ¿No fue Atenea la diosa predilecta de Atenas, de esa ciudad griega que pretendía hacer remontar su fundación hasta la misma hija de Zeus? Atenea inventó la flauta, la trompeta, la olla de barro, el arado, el rastrillo, la yunta para bueyes, la brida de los caballos, el carro y la nave. Fue la primera en enseñar la ciencia, los números y todas las artes de las mujeres. Aunque es la diosa de la guerra, no obtiene ningún placer en la batalla; prefiere solucionar las disputas por medios pacíficos.

 

La tesis más aceptada por parte de la mayoría de los autores, sostiene que ella fue puesta en el mundo, no por una diosa sino por un dios, en este caso Zeus: "porque, según había decretado el destino, Metis había de darle hijos famosos por su sabiduría: primero, la ojizarca virgen, Atenea Tritogenia, igual a su padre en fuerza y en prudencia; y después, un hijo que, lleno de soberbio valor, llegaría a ser el rey de los dioses y de los mortales. Zeus conjuró tamaña desgracia introduciendo en sus entrañas a Metis con el fin de que esta diosa le procurase el conocimiento del bien y del mal. A su debido tiempo Zeus se sintió preso de un horrible dolor de cabeza mientras paseaba por la orilla del lago Tritón; parecía que el cráneo le iba a estallar y se puso a chillar furiosamente hasta que todo el firmamento resonaba con su eco. Hermes se le acercó corriendo, pues en seguida adivinó la causa de la aflicción de Zeus. Persuadió a Hefesto a traer su cuña y su mazo para abrir una brecha en el cráneo de Zeus, y de él saltó Atenea, completamente armada, dando un tremendo grito".

 

Demás leyendas que refieren a su nacimiento, sostienen que Palas Atenea nació en Creta de una nube que Zeus había golpeado con un trueno. Otro mito le da por padre al gigante alado Palas, al que Atenea mató porque quería violarla. Hay quienes alimentan la teoría que Atenea era hija de Poseidón y de Tritón y que, a consecuencia de una disputa con el dios del mar, Atenea se refugió junto a Zeus quien la adoptó y la consideró hija suya.

 

Tanto el poeta y filósofo de la antigua Grecia Hesíodo como en el himno homérico, Atenea es llamada Tritogenia porque había nacido cerca de una fuente llamada Tritón. Según los autores antiguos esta fuente se ha hallado en distintos lugares como Beocia, en Grecia y aún en Libia, África. Otros la ubican en los confines de la tierra donde el cielo se toca con el horizonte. A nosotros nos complace imaginar que Atenea nació aquí mismo, entre estas columnas y fuentes que albergan los Patios de los Naranjos, donde todos los días emerge el dios marino Tritón para escuchar el calmante sonido del agua que escurre tratando de sosegar la sabiduría, la razón y la justicia.

 

Uno de los sobrenombres dados por Homero a Atenea es el de prudente y juiciosa de tal manera que, en caso de igualdad de votos, la balanza de la justicia debe inclinarse en favor del acusado. En la fiesta de la labranza el sacerdote de Atenea encargado de abrir al pie de la Acrópolis el surco sagrado pronunciaba estas palabras impregnadas ya de tan alto humanitarismo: "No rehusarás a nadie el agua ni el fuego; no indicarás a nadie un camino malo; no dejarás sin sepultura ningún cuerpo: ni matarás al toro que sirve para tirar del arado".

 

El pasado 15 de noviembre se celebró el 447 aniversario de la fundación de la ciudad de Santa Fe. Ese mismo día, la Universidad Nacional del Litoral se sumó a los festejos iluminando la fachada de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales que había quedado pendiente en los festejos del Centenario.

 

Al mismo tiempo que "La Manzana de las luces" nos identifica como ciudad en el mundo entero, su Diosa iluminada, y en el ocaso de cada día, nos interpela como sociedad respecto de sus valores que siempre pregonó: ¿qué habéis hecho todo este tiempo con la sabiduría, la democracia, la justicia, la paz y la libertad?

 

(*) Decano FCJS-UNL

 

(1) Resulta oportuno señalar, nos dirá el profesor Claudio Lizárraga, que quien era alcanzado por la luz del conocimiento abandonaba su status de alumno para transformarse en un ser iluminado por la sabiduría.

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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