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Domingo 07.03.2021 - Última actualización - 08.03.2021 - 10:30
13:47

Una "mariposa en vuelo" en la víspera del 8M

Moncada: "Es una vergüenza que se hable de trabajo sexual cuando están violando a las pibas todas las noches"

Tiene 56 años y pasó 18 en la calle como prostituta. Hoy es una luchadora abolicionista, escribió su historia en dos libros y está al frente de una ONG que ayuda a las personas a escapar de ese submundo. La vida después del "infierno".

Mensaje. Ni flores ni bombones. Mensaje. Ni flores ni bombones. "Dejen de violarnos y matarnos", pide Elena Moncada en este 8M.
Crédito: Flavio Raina

Mensaje. Ni flores ni bombones. "Dejen de violarnos y matarnos", pide Elena Moncada en este 8M. Crédito: Flavio Raina

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Una "mariposa en vuelo" en la víspera del 8M Moncada: "Es una vergüenza que se hable de trabajo sexual cuando están violando a las pibas todas las noches" Tiene 56 años y pasó 18 en la calle como prostituta. Hoy es una luchadora abolicionista, escribió su historia en dos libros y está al frente de una ONG que ayuda a las personas a escapar de ese submundo. La vida después del "infierno". Tiene 56 años y pasó 18 en la calle como prostituta. Hoy es una luchadora abolicionista, escribió su historia en dos libros y está al frente de una ONG que ayuda a las personas a escapar de ese submundo. La vida después del "infierno".

Es la víspera del 8M (8 de marzo, Día Internacional de la Mujer) y Elena Moncada se alista para salir a la calle, una vez más. La calle, ese escenario que tantas noches le fue hostil en su vida, es hoy una esperanza de lucha por la reivindicación de sus derechos y el de sus pares. Sobre la mesa de su hogar en barrio Villa del Parque, donde recibe a las pibas muchas veces desesperadas en busca de escaparle a la esclavitud de la prostitución, hay dos libros con su firma. Allí condensó su historia de vida.

 

A Elena le gusta que la comparen con una mariposa. Y utiliza esa metáfora en su relato: "Los cambios duelen, cuestan, llevan tiempo, pero una vez que ocurren, nos vemos más allá de esa forma anterior y sabemos que ya no tendremos que volver atrás", escribió en "Después, la libertad" (noviembre de 2019). Lo que sigue en ese libro es un testimonio en carne viva que a nadie deja igual que antes de leerlo. La mirada de aquella niña de 9 años ante la temprana muerte de su madre inmolada con fuego, los abusos de su tío y otros hombres de su entorno. El fin de la alegría. Y lo que vendría más tarde, bajo la voluntad de hombres que decidieron sobre su cuerpo y su vida toda.

 

-Elena Moncada, ¿cuál es su reflexión en este 8M?

 

-Mi mensaje es de mucha tristeza, porque en plena pandemia, todos los días tenemos dos o tres casos de violencia de género, con 49 femicidios en lo que va del año. En el caso de una mujer que había realizado 28 denuncias contra su agresor hay un juez de más de 70 años, con una cabeza vieja, que no debía ocupar ese cargo con lo que está pasando. Aunque duela, creo que se debe poner a gente joven con perspectiva de género. Y otra cosa que está pasando es que la Ley Brisa, para acompañar a niñas y niños que perdieron sus padres, no se está aplicando.

 

En ese sentido, cabe mencionar que tras los 49 femicidios ocurridos en lo que va del año en todo el país, 55 niñas, niños y adolescentes se quedaron sin madre.

 

Violeta. El pañuelo de la lucha de las mujeres, en su día, y los libros escritos por Elena.Foto: Flavio Raina

 

 

 

-En particular, el sector de las mujeres y otras personas a quienes usted representa, ¿cómo toman este 8M?

 

-Con mucho dolor, porque hoy tocan a una mujer que mañana puede ser un familiar cercano. Hay tres mujeres (en situación de prostitución) que debieron ser internadas porque los tipos les rompen la vagina, y no es la primera vez que sucede. Pero además, es una vergüenza que se hable de trabajo sexual cuando están violando a las pibas todas las noches. Esto que digo tiene que ver con mi postura abolicionista de la explotación sexual. No pretendo que todos piensen como yo, pero debemos entender que una piba de 18 años no puede padecer una reconstrucción vaginal por la violencia con la que actuó un tipo. Y encima titulan: "Grave violación". Ninguna violación es lenta y suave.

 

-Hay quienes ven a la prostitución como un trabajo...

 

-En Santa Fe no hay trabajadoras sexuales, no existe el sindicato -dice e ironiza-. A nosotras (la ONG Mujeres en Actividad), con 12 años recorriendo las calles por las noches, ninguna mujer jamás nos dijo: "Yo soy una trabajadora y estoy feliz". Las pibas nos dicen: "Conseguirme algo para poder dejar esto. Tengo miedo, me pegan, me maltratan, me violan".

 

-¿Cuán determinante es la realidad de la que se emerge?

 

-La cuna donde se nace tiene mucho que ver, la situación de pobreza y la violencia. Hay que entender que la falta de un plato de comida tiene relación siempre con la trata de personas. Las mujeres no deciden libremente, no dicen "voy a hacer esto porque es lo más fácil". Emergen de mucho patriarcado violento, maltrato, violaciones que te van marcando. Entonces, no toman la decisión porque es lo más fácil, es su único escape al hambre y la violencia.

 

Quien relata esta realidad tan cruda que hoy les toca a muchas personas -algunas niñas y adolescentes- también debió atravesarla. Elena Moncada tiene hoy 56 años y vivió 18 años en situación de prostitución, hasta que a los 42 años tuvo la lucidez de poder salir de ese círculo que le impedía ver con claridad y tomar conciencia de lo que hacía. Ella pudo decir "basta". No fue fácil y hoy paga las consecuencias con su precario estado de salud.

 

 

 

 

 

 

-¿Cómo fue ese día en el que dijo "basta"?

 

-Hubo dos momentos que me marcaron: la muerte de una piba cercana que degollaron en Constitución y al año mi hija me dijo que estaba embarazada de mi nieto, que hoy tiene 15 años. Cuando me imaginé a mi nieto viéndome en esa situación dije "basta".

 

Moncada escribió dos libros: "Yo elijo" y "Después, la libertad". Allí pudo poner en palabras todos sus padecimientos. Los libros son testimonio del submundo de la prostitución en Santa Fe, como también de otras ciudades en las que le tocó vivir situaciones muy traumáticas. "Haber escrito los libros fue liberador", dice.

 

-Su testimonio puede servirle a alguien que está atravesando lo mismo que le tocó...

 

-Se puede cambiar, cuesta mucho pero se puede. No es que un día tirás todo por la ventana y listo. Yo todavía padezco deudas de cuando "regenteaba". Había 8 autos a mi nombre y yo ni enterada, yo firmaba y seguía para adelante. Supuestamente tenía mucha plata. Pero no era así. Muchos años me sentí culpable. Ahora sé que es lo que me tocó. No tuve padre ni madre, ni nadie que me guiara en la vida. Ojalá que todas escriban un libro y puedan contar lo que les pasó, porque es muy sanador. Aparte, porque hay mucha gente que cree que a las pibas les encanta estar en la esquina. Y no es así.

 

-¿Recibió presiones o amenazas al contar su historia en dos libros?

 

-Muchas veces. Inclusive en las recorridas que realizamos para relevar las necesidades de las pibas en las esquinas nos han corrido, nos tiraron tiros y nos siguieron en motos. Nosotras no hacemos nada malo, sólo queremos que ellas sepan que hay una organización que las quiere escuchar, ayudar y si tienen ganas pueden participar. Cuando nos necesitan, acá estamos.

 

 

 

 

 

 

-¿Cómo las trató la pandemia?

 

-Re mal. Hubo chicas con Covid que además contagiaron a sus padres, en algunos casos murieron sus abuelos, sus tíos, porque vivían todos juntos. También pueden haber contagiado a las personas con quienes estuvieron, pero eso poco nos importa, porque en realidad no deberían haberlas requerido. No son clientes, son prostituyentes, se hubiesen quedado en su casa.

 

-En una entrevista publicada en El Litoral en febrero de 2019, usted dijo: "Cada vez hay más pibas de 12 años en la calle, golpeadas y prostituidas". En dos años, ¿qué cambió?

 

-Hay mucha pobreza y las pibas siguen estando en la calle. Nosotras las vemos cuando vamos a entregarles bolsones con una ayuda (que dan la Municipalidad y la Provincia). De 60 pibas que recibieron bolsones, más de 20 son menores de edad. Pero además hay mujeres de más de 60 años, otras con muletas; es horroroso que el Estado mire para otro lado.

 

-¿Cómo se transforma esta realidad?

 

-Nosotras pedimos políticas públicas, pedimos cupos laborales para personas en situación de prostitución. Necesitamos una diputada o un senador que nos dé bolilla. Nadie se quiere hacer cargo de semejante "cosecha". Falta compromiso, pero también falta compromiso de parte de algunas mujeres que todavía están muy vulnerables. Yo tengo hasta 3er. grado y estoy trabajando en la Municipalidad gracias a una practicancia. En estos casos no es necesario terminar la escuela, tenemos más perspectiva de género que muchas que pasaron por la universidad. Pero además, deberían apoyarlas para que puedan estudiar, pero ningún concejal se acerca a ayudarlas.

 

-Desde su ONG, ¿a cuántas personas pudo ayudar?

 

-Hoy somos más de 15 compañeras que distribuimos los bolsones, ropa de abrigo, ahora estamos haciendo algo para Pascua. Desde que arrancamos en 2009 hasta hoy, hay más de 20 compañeras que pudieron poner su copa de leche, otras terminaron la escuela o están estudiando, o son capacitadoras territoriales en salud. En 2013 llegamos a ser 67 mujeres en territorio. Hicimos talleres para empoderarlas, cursos de cocina, y algunas pudieron salir, mientras que otras lamentablemente no.

 

-¿Usted se podrá jubilar?

 

-No, lamentablemente tengo esta practicancia en la Municipalidad pero cuando termine esta gestión quedaré en la calle, supongo. ¿De qué me voy a jubilar? De ama de casa, quizá. Y encima debo acarrear con mis problemas de salud, que son consecuencia de la vida que llevé.

 

Perfil de la prostitución en Santa Fe

 

Según un estudio realizado en 2017 por la ONG Mujeres en Actividad, las mujeres se inician en la prostitución en Santa Fe en promedio a los 13 años, y no tienen estudios primarios completos ni vivienda. De los recursos económicos que obtienen viven sus hijas e hijos, los "fiolos" (o mal llamados maridos o proxenetas), y también obtienen ganancias los policías.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Nicolás Loyarte
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