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Domingo 29.08.2021 - Última actualización - 14:01
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Conversando con un psicoanalista

Límites entre padres e hijos

Necesitamos límites para que reconocer que las cosas pueden hacerse de más de un modo; es importante criar a nuestros hijos para que la perspectiva de los demás sea algo que puedan incluir en su punto de vista. Crédito: ArchivoNecesitamos límites para que reconocer que las cosas pueden hacerse de más de un modo; es importante criar a nuestros hijos para que la perspectiva de los demás sea algo que puedan incluir en su punto de vista.
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Necesitamos límites para que reconocer que las cosas pueden hacerse de más de un modo; es importante criar a nuestros hijos para que la perspectiva de los demás sea algo que puedan incluir en su punto de vista. Crédito: Archivo

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Conversando con un psicoanalista Límites entre padres e hijos

Escribe Benito (38 años, de Cayastá): "Te escribo por una consulta familiar. Con mi pareja tenemos un hijo de cuatro años y nos cuesta mucho ponerle límites. Recién el mes pasado dejó los pañales, no sabemos si es caprichoso o le tenemos que tener paciencia. Queremos ser padres responsables, pero vivimos 'cansados' -para usar la palabra de tu libro, así fue que te conocimos".

 

Antes que nada, Benito, muchas gracias por recordarme ese libro tan lindo que escribí con mi colega chilena Trinidad Avaria y que justamente se llama "Crianza para padres cansados", que habla no solo del cansancio de los padres que leen, sino también de los autores que escribimos a partir de nuestra experiencia con los mismos problemas por los que ustedes consultan. Si así nos conocimos, fue un encuentro afortunado.

 

En tu carta hablás de los límites, ¡qué tema! Mejor lo vamos a abordar con cuidado, para plantear algunas ideas antes de sacar conclusiones apresuradas. Quisiera plantear un marco de comprensión general, porque sobre esta cuestión suele haber muchos prejuicios. Por ejemplo, yo entiendo que muchos padres hoy quieran evitar ser autoritarios, pero los problemas empiezan cuando nos pasamos para el otro lado y, por ejemplo, pensamos que cualquier sanción es un daño. Aprender a decir que no es muy importante.

 

Por ejemplo, en tu mensaje vos mencionás que tu hijo dejó los pañales hace poco y con cuatro años. Me surge preguntar: ¿por qué no se lo pidieron antes? No digo que sea su caso, pero pienso en los padres que dicen esperar que el niño lo haga solo. En este tipo de circunstancias, suelo preguntarme: ¿por qué pedirle a un niño una renuncia se puede pensar como algo que le haría mal o como una intervención que no sería respetuosa?

 

Sin duda hoy estamos lejos de esos libros en que se contaba que un niño se destetaba antes del año y antes del segundo semestre dejaba los pañales. Criticar la sobreadaptación y pensar los tiempos de la crianza es fundamental. La contracara es creer que las cosas ocurren por sí solas o, mejor dicho, que los adultos podemos evitar ser agentes de frustración; pero antes de situar este aspecto, haré una consideración general, acorde a estos tiempos -ya que también llegaron algunas consultas sobre las familias en pandemia.

 

Si algo demostró este tiempo de coronavirus, es que muchas familias no tenían una regulación interna; es decir, que se regulaban por actividades exteriores: la escuela de los chicos, el trabajo de los padres, etc. Tampoco estaba la costumbre de compartir más tiempo del habitual con los niños. Entonces, ¿qué pasó con la pandemia? De repente los niños se empezaron a dormir a cualquier hora, los horarios de las comidas se movieron hasta casi superponerse, los padres y los hijos convivieron en un mismo espacio pero sin distancia.

 

Explico mejor esto último: ¿cuántos padres conocemos que pueden estar charlando entre ellos sin que sus hijos los interrumpan? No pocos padres me cuentan que sus hijos no paran de hablarles y eso a veces los agota. Estos ejemplos triviales muestran un tipo de situación particular: una familia auto-regulada es un conjunto de personas que vive en el mismo espacio, pero vivido de manera heterogénea. Esto es algo que se ve cuando los niños pueden jugar solos y los padres pueden hacer otra cosa.

 

Es una situación ideal, que se realiza siempre de manera singular, pero también pasa que hoy se realiza cada vez menos y, por ejemplo, padres e hijos pueden estar revueltos y a veces encimados de un modo que genera agotamiento, para ambas partes. Entonces, ¿qué aseguraba la auto-regulación del espacio familiar? Los hábitos y, como suelo decir, no se trata de pensarlos disciplinariamente, sino que los hábitos son límites, son pautas de conducta, modo de orientación que disponen tiempo y lugares para cada cosa.

 

El punto es que los hábitos no se constituyen sin alguna frustración; los hábitos son tipos de límites. El problema con este tipo de cuestiones es que tenemos la costumbre de pensarlas en términos morales; es decir, pensamos la escena del límite como un déficit, a partir del castigo, de manera punitiva, sin tener en cuenta cómo se llega a la situación en que se impone la necesidad de retar a un niño.

 

Además, muchas veces se piensan los límites como si los padres le sacaran algo a su hijo; este es otro problema en el modo de pensar la frustración. Por mi parte, pienso que más bien la frustración es algo que damos. Incluso decir que "no" es un modo darle algo a alguien; es un don muy amoroso decirle que no a otra persona, porque es la ocasión de que pueda encontrar otra vía para hacer algo; que conozca también la manera en que la realidad resiste a nuestros anhelos o deseos y los pone a prueba, los afina, los tensa, les da la oportunidad de no ser meramente caprichosos.

 

Utilizo deliberadamente la palabra "capricho", Benito, porque creo que se relaciona con lo que vos decís en tu mensaje. En este tiempo escuché a diversos padres decir que sus hijos solo quieren hacer las cosas como quieren ellos. Creo que más que un capricho se trata de una limitación poder hacer las cosas solamente de una manera. Si justamente necesitamos límites, es para que reconocer que las cosas pueden hacerse de más de un modo; es decir, es muy importante criar a nuestros hijos para que sean receptivos, para que la perspectiva de los demás sea algo que puedan incluir en su punto de vista.

 

Frustrar es decir que no, pero -como dije- también es dar algo; es un acto amoroso y de sumo respeto, una responsabilidad que cabe asumir para que un hijo pueda salir de una perspectiva única y construir un lazo. ¿Qué ocurre con los caprichos? Lo que ocurre en este tipo de situaciones es que cuando los niños no encuentran el "no" en sus padres, no tienen más remedio que construirlo forzadamente desde adentro, ¿cómo pasa esto? A través de una rigidización del carácter o, como es cada vez más corriente hoy en día, a partir de rituales que, por momentos, parecen obsesivos.

 

No por nada algunos padres nos dicen que sus hijos son "TOC en miniatura". Del otro lado de esta descripción, puede estar la circunstancia de que los rituales se hayan convertido en el relevo de hábitos incompletos. Yo suelo decir que ser padre (o madre) es una tarea ingrata; es decir, no se realiza para que los hijos nos agradezcan, así como también nos toca encarnar roles que no nos gustan, que pensamos que pueden hacer que perdamos amor, pero ¿por qué queremos ser tan amados por nuestros hijos? Cuando no los frustramos, ¿no les estamos pidiendo algo más complicado?

 

Creo que nuestra generación, Benito, proyecta en el miedo al autoritarismo una gran inseguridad afectiva que todo el tiempo busca curarse con reconocimiento amoroso. Así es que a veces les pedimos a nuestros hijos que sean la garantía de nuestra parentalidad. Para contradecir la frase "los Reyes no existen, son los padres", podría decir "los padres tampoco existen". Sí hay personas concretas, con sus deseos singulares, que tienen a su cargo a niños.

 

¿Cuándo un niño se convierte en un hijo? Cuando puede encontrar en los adultos que lo cuidan y protegen a alguien que no solo satisface sus necesidades, sino que también sabe decirle que no, menos para limitarlo o para proyectarle su fantasía de daño, que para transmitirle que los deseos tienen tiempo y lugares específicos, como los hábitos.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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