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Domingo 21.11.2021 - Última actualización - 8:39
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Conversando con un psicoanalista

Cada vez que decimos adiós

Una buena madre es la que deja ir. La relación con una madre implica que ésta tenga que ser sustituida. Si una madre fue lo suficientemente buena podemos contar con que el hijo no tendrá un tipo de amor dependiente y fijo. Crédito: Archivo El LitoralUna buena madre es la que deja ir. La relación con una madre implica que ésta tenga que ser sustituida. Si una madre fue lo suficientemente buena podemos contar con que el hijo no tendrá un tipo de amor dependiente y fijo.
Crédito: Archivo El Litoral

Una buena madre es la que deja ir. La relación con una madre implica que ésta tenga que ser sustituida. Si una madre fue lo suficientemente buena podemos contar con que el hijo no tendrá un tipo de amor dependiente y fijo. Crédito: Archivo El Litoral

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Conversando con un psicoanalista Cada vez que decimos adiós

Hoy nos escribe Juan José (43 años, Rafaela): "Hola Luciano, vengo leyendo tus últimas columnas sobre los duelos y te quiero consultar sobre un tema particular. Hace poco me pasó que perdí a mi mamá. Estoy muy triste. Me pasa que no sé cómo hacer para pensar que la vida sigue, además me torturan los momentos en que podría haberla visitado y no fui, las veces que le dije 'paso más tarde' o que me sentía hinchado por sus comentarios y ahora me da culpa; nada, si podés decir algunas palabras sobre la relación entre un hijo y su mamá, te lo voy a agradecer mucho".

 

Querido Juan José, ante todo: lamento tu pérdida. Hay un dicho popular que dice que "Madre hay una sola". Esto pareciera querer decir que solo podemos perderla una vez. Sin embargo, perder a una madre es el trabajo de toda una vida, con diferentes tipos de pérdidas. Esto es lo que quisiera explicarte. Lo que sí es claro es que se trata de una pérdida única, quizá la más importante de todas.

 

¿Qué es una madre? Es un lugar al que volver. Ya lo dice Gustavo Cerati con sus versos: "Quiero regresar, para besarla". A mamá siempre estamos volviendo, sea que la madre sea una persona, una casa, pero también un territorio. ¿Por qué te parece que para ciertas personas, dejar su país es un desarraigo que los daña profundamente? No es algo casual que se diga "Tierra natal". Mientras escribo estas líneas para vos, pienso que tal vez tendríamos que empezar a decir "Matria" en lugar de "Patria".

 

Aunque ¡ojo! Porque también están los que necesitan irse de su país para empezar a vivir una vida o hacer cosas que allí no se animarían. Por eso si digo que a la madre se trata de volver, es porque primero se hay que haberse ido. Los que no pueden volver son los que siempre se están yendo; es decir, los que no han tenido una relación lo bastante sana como para regresar, por temor a quedar atrapados.

 

 

Con esto último también quiero decir que una buena madre es la que deja ir. Hay una canción de los Enanitos Verdes que dice: "Y tenés que dejar a la gente que amás/ Y a ella que te mira con tristeza y alegría/ Y te dice: Que te vaya bien mi amor, yo te espero". ¡Parece una canción para una novia! Pero fue escrita para la mamá del cantante cuando éste se tuvo que ir a triunfar con la música. En este punto, Juan José, no queda otra: se trata de partir; porque si nos quedáramos al lado de mamá toda la vida, ¿qué tipo de crecimiento podríamos tener?

 

 

Ningún hijo obediente es un verdadero hijo. Siempre estamos llegando tarde, si no con un poco de culpa. La relación de una madre con su hijo no es "a tiempo". La culpa de que vos hablás no es por esos actos que mencionás, a destiempo, sino porque sabés que el amor con una mamá no puede ser recíproco; es decir, la relación madre-hijo, si este último es un buen hijo, le dará a otra persona lo que su madre le pide. Al pedido de una madre, un buen hijo solo puede decir que no -justamente por amor (mejor dicho, para que el amor no permanezca incestuoso).

 

Dicho de otra manera, la relación con una madre implica que ésta tenga que ser sustituida. Puede ser que la reencontremos en infinidad de muchos otros vínculos: con una pareja, con un trabajo, con un hogar, etc. Si una madre fue lo suficientemente buena podemos contar con que el hijo podrá realizar la mayor cantidad de sustituciones y no tendrá un tipo de amor dependiente y fijo. El reproche que vos te hacés (respecto de no haber estado en algunas visitas) encubre también que estuviste lo suficiente como para poder faltar. Porque faltar es una forma de estar presente, no es la ausencia. Además, es un tipo de vínculo que habilita la posibilidad de esperar -como bien dice la canción que mencioné antes. Quien tuvo una buena madre, cuenta con el tiempo, con la espera, con el regreso.

 

Ahora bien, ¡nada de esto es gratuito! ¿Qué madre deja ir a su hijo sin hacer valer su condición de madre? "¡Pero es mi hijo!", escuché a varias madres decir alguna vez. ¿Quién si no una madre se permite decir ciertas cosas? ¿Cuántas personas cuentan que otras personas les han dicho lo que les decía su madre y a ellas sí las escucharon pero a esta no? Seguramente podríamos pensar diferentes matices socio-culturales por los que vivimos la experiencia de la relación madre-hijo de cierta manera, pero desde adentro, en el núcleo del vínculo, lo cierto es que la voz de una madre es la voz de una madre y los hijos le buscan escapar por diferentes vías.

 

La voz de una madre se escucha como demanda, como crítica, como reto y puede haber muchas otras maneras. Durante toda una vida el hijo se las ingenia para sortear lo que se madre le dice, sobre todo para que no se interprete que su falta de miramiento es una disminución de su amor. Explico mejor esto: los hijos se enojan con los reclamos de las madres, porque sienten que si no les hacen caso ellas van a pensar que no las quieren -algunas lo dicen explícitamente.

 

 

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En cierta medida, el vínculo madre-hijo está teñido de caricias sin gratitud tanto como de pequeñas extorsiones, porque -a diferencia de la relación con el padre, que nos lleva directamente a la cuestión de la ley (aunque este aspecto se puede jugar también con la madre y hoy es cada vez más común)- el vínculo materno-filial tiene como base una versión particular del amor: si el hijo tiene que partir, será culpable si se queda tanto como si se va. Que la estrecha relación entre amor y culpa (de origen materno) se puede convertir en el único modo de amar de un varón es un clásico: son los varones que aman como hijos y, por ejemplo, no pueden separarse sin sentir que dañan al otro (como si no dañaran quedándose), o que luego de una separación continúan buscando el vínculo con la otra persona para no sentirse mal por no estar… ¡como cuando se falta a la visita de una madre!

 

Que la relación con una madre da forma al modo en que ama un varón no implica que deba quedarse en ese modo infantil de amar. Que la madre tenga que ser sustituida quiere decir que se la puede reencontrar en otros vínculos, pero ¡no para repetir en ellos la misma historia!

 

A partir de lo que conversamos en esta columna, querido Juan José, quisiera decir que tenés más que motivos para estar tranquilo por tu condición de hijo, para repensar el lugar de la culpa en la relación más allá de cualquier detalle puntual o anecdótico y que podés estar seguro de que no perdiste a tu mamá, porque la vas a volver a encontrar en un montón de lugares, rostros, personas.

 

La idea de que mamá hay una sola no quiere decir que si la perdemos entonces se acabó, nos quedamos solos; te propongo verlo así: mamá es el modelo para un amplio abanico de relaciones que son posibles porque esa mujer no solo estuvo para nosotros, sino que nos abrió el mundo.

 

Querido Juan José, más que perder a tu mamá ahora vas a empezar a notar mejor su presencia y vas a sentir cómo desde hace tiempo seguramente no hiciste otra cosa que volver. Abrazo grande y mi sentido pésame.

 

Perder a una madre es el trabajo de toda una vida, con diferentes tipos de pérdidas. Lo que sí es claro es que se trata de una pérdida única, quizá la más importante de todas. ¿Qué es una madre? Es un lugar al que volver.

 

Si digo que a la madre se trata de volver, es porque primero se hay que haberse ido. Los que no pueden volver son los que siempre se están yendo; los que no han tenido una relación lo bastante sana como para regresar, por temor a quedar atrapados.

 

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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