Un trabajo doctoral desarrollado en Santa Fe logró demostrar cómo las aves frugívoras —aquellas que se alimentan de frutos— cumplen un papel central en la regeneración y conservación de los bosques nativos del Litoral argentino. La investigación, realizada por el biólogo Ignacio Berón en el marco de su doctorado -becado por CONICET- en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Instituto Nacional de Limnología (INALI-CONICET), aporta además una mirada novedosa sobre el funcionamiento ecológico del río Paraná como corredor biogeográfico.


Berón analizó durante más de dos años las interacciones entre aves y plantas en bosques húmedos vinculados al Paraná y en bosques xerófilos del dominio chaqueño santafesino. El trabajo incluyó campañas de campo en distintos puntos de la provincia, desde Villa Ocampo hasta la ciudad de Santa Fe, con más de 6.700 horas de redes de niebla para captura y estudio de aves, además de más de 2.000 horas de observación directa.

El estudio registró 41 especies de aves frugívoras, 46 especies de plantas con frutos dispersados por aves y más de 200 interacciones ecológicas entre ambas. A partir de esos datos, Berón construyó redes de interacción que permitieron comprender cómo se organizan estos vínculos esenciales para la dinámica de los ecosistemas.

El Paraná como corredor ecológico
Una de las principales conclusiones del trabajo señala que el río Paraná no solo transporta agua y sedimentos, sino también biodiversidad. Según la investigación, “los bosques húmedos asociados a su planicie de inundación funcionan como un corredor ecológico que facilita la conectividad entre especies vegetales y aves frugívoras a lo largo de cientos de kilómetros”, dice Berón.

El Paraná actúa como una vía funcional para las interacciones ecológicas”, concluye la tesis, al observar que las redes de frugivoría en los ambientes amazónicos presentan una mayor conectividad y menor fragmentación que las del Chaco santafesino. En éste último, los bosques mostraron notablemente redes más especializadas y modulares, es decir, las aves y plantas interactuaron en subgrupos más cerrados y con relaciones más específicas, lo que podría hacer que estos ecosistemas sean más vulnerables a cambios ambientales.

En contraste, los bosques chaqueños mostraron redes más especializadas y modulares, vinculadas a una flora distinta y a ambientes más secos, arribó el autor. Esto “significa que las relaciones entre aves y plantas en esos ecosistemas son más específicas y menos redundantes, lo que podría volverlas más vulnerables frente a perturbaciones ambientales”.

La importancia de la estacionalidad
Otro hallazgo destacado fue la fuerte influencia de las estaciones del año sobre la actividad frugívora. La riqueza de aves y la intensidad de las interacciones alcanzaron sus máximos durante primavera y verano, superando incluso el peso de las diferencias geográficas entre regiones.

Según el investigador, “esto demuestra la necesidad de incorporar la dimensión temporal en los estudios ecológicos y en las estrategias de conservación, ya que los vínculos entre especies cambian notablemente a lo largo del año”.

Aves que regeneran bosques
La tesis también identificó cuáles son las familias de aves que más contribuyen a la dispersión de semillas en los bosques santafesinos. Entre ellas se destacan los zorzales (Turdidae), las tángaras y celestinos (Thraupidae) y los atrapamoscas (Tyrannidae), como también el benteveo.

Al alimentarse de frutos y desplazarse grandes distancias, estas aves transportan semillas que luego pueden germinar lejos de la planta madre, favoreciendo la regeneración natural de los ambientes.

El trabajo además revela que muchas especies tradicionalmente consideradas insectívoras o generalistas también participan activamente de la dispersión de semillas, ampliando el conocimiento sobre el funcionamiento de los ecosistemas neotropicales.
Un aporte inédito para Argentina
La investigación constituye el primer análisis comparativo sistemático sobre frugivoría entre los dominios Amazónico y Chaqueño en Argentina. Sus resultados ofrecen herramientas útiles para pensar políticas de conservación en un contexto de avance de la frontera agropecuaria, fragmentación de hábitats y pérdida de biodiversidad.

“El estudio demuestra que la arquitectura de las interacciones mutualistas surge de la combinación entre historia evolutiva, conectividad espacial y dinámica estacional”, sostiene el trabajo.

En una provincia donde conviven humedales, selvas en galería, espinales y montes chaqueños, la tesis aporta evidencia científica sobre la importancia de conservar no solo las especies, sino también las relaciones ecológicas que sostienen el funcionamiento de los bosques, y el Paraná, ese río que trae vida.






