Parece una señal del destino o la historia de una "vuelta a casa" que demoró más de 200 años. La Asociación de Amigos del Museo Histórico Provincial, que lleva el nombre del Brigadier Estanislao López, recibió la donación de una carta inédita del caudillo santafesino, fechada el 22 de enero de 1819 en el cuartel general del arroyo Pavón.
Donaron al Museo Histórico una carta inédita de Estanislao López fechada en 1819
La misiva, de dos carillas y con la firma del caudillo, fue entregada por Clemente Sañudo, un santafesino residente en Buenos Aires. Fue escrita en enero de 1819, mientras López se encontraba en campaña.

La pieza, cuyo valor histórico y patrimonial es enorme, fue entregada por Clemente Sañudo, santafesino residente en Buenos Aires, quien la conservaba entre las pertenencias de su familia. Ahora, pasará a integrar el archivo del museo y se presentará "en sociedad" el 15 de octubre, a las 17.30, en el SUM de la institución, en una actividad abierta al público.
El documento tiene dos carillas y lleva la firma ("inconfundible", según las fuentes consultadas) del Patriarca de la Federación. Se trata de un texto probablemente escrito por un secretario, pero dictado y firmado por López, dirigido al Cabildo de Santa Fe. Lo llamativo es que el brigadier, cuando rubrica la carta, no está en su despacho, sino en plena campaña.

Tropas en movimiento y pocos recursos
El profesor Mario Andino, integrante de la Asociación de Amigos, explicó que el papel, la grafía y los rasgos de la firma coinciden con lo esperable en un documento de López. Él mismo y otros especialistas verificaron, además, que la misiva no figura entre los llamados "papeles de López", la compilación que editó, en su momento, el Archivo de la Provincia.
López se dirige al cabildo "en el estilo de Vuestras Señorías", según describió Andino. Les advierte a sus integrantes sobre los movimientos de las tropas porteñas y sobre la "cortedad de recursos" de una provincia "pequeña y exhausta”. Del resto del contenido, Andino no adelantó detalles, porque será materia del acto previsto para el día 15 de octubre, donde la carta se leerá en su totalidad ante los presentes.
Enero de 1819, el cerco a la Villa del Rosario
La fecha en la cuál fue elaborado el documento admite varios abordajes. En 1819, la última expedición porteña, encabezada por Juan Ramón Balcarce, estaba asentada en la Villa del Rosario, hostigada por las fuerzas santafesinas. López esperaba desde el arroyo Pavón, en el extremo sur de la provincia, el desenlace de una retirada que ya se insinuaba.

Poco después, las tropas de Buenos Aires regresaron sin haber logrado el propósito de someter a Santa Fe. Antes de partir incendiaron la Villa del Rosario. La carta, precisó Andino, es anterior a ese incendio. Es un testimonio de la inestabilidad que se vivió en los momentos previos, de hecho fue concebido mientras todo estaba todavía por definirse.
La autonomía santafesina y la guerra sin batallas
Para entender la relevancia del documento es necesario retroceder a 1815. Ese año Santa Fe se adhirió al movimiento autonómico que encabezaba José Gervasio Artigas y nombró a su primer gobernador autónomo, Francisco Antonio Candioti.
El Directorio, constituido como autoridad política desde la Asamblea del año XIII, negó esa autonomía e intentó subordinar a la provincia con un gobernador dependiente de Buenos Aires.

Hubo entonces una sublevación encabezada por Mariano Vera y un período de irresolución del poder que el profesor Andino describió como "una especie de anarquía, de irresolución de poder en la provincia". En 1818, Estanislao López, comandante de los Blandengues de la frontera norte, asumió como gobernador interino y fue reconocido por el Cabildo.
Las sucesivas expediciones porteñas fueron repelidas con dificultad por López, sin enfrentamientos directos. Más bien a través de una especie de guerra de guerrillas, hostigamiento, breves combates y vaciamiento de recursos. Llegaron a tomar la ciudad de Santa Fe en un par de ocasiones, pero debieron retirarse.
Una provincia en forma de lonja
Andino aportó otra imagen que contribuye a entender el escenario donde sucedieron los hechos que contextualizan la carta. La Santa Fe de 1819 era una lonja, un pequeño rectángulo que iba desde un poco más arriba de la actual capital hasta el arroyo que la separa de Buenos Aires.

El norte no formaba parte del territorio, lo ocupaba lo que se conocía en ese entonces como "el indio irreductible", y los pobladores preferían situar sus estancias de San Justo hacia el sur. Tampoco existía lo que hoy sería la punta de la bota, el extremo meridional de la provincia.
Una jurisdicción tan reducida, con recursos escasos y frentes abiertos, explica el tenor de la misiva, donde Estanislao López mezcla la parte militar con la preocupación económica.
¿Cómo volvió a la provincia?
El camino de regreso del documento a la provincia del caudillo que la firmó arrancó cuando miembros del Club del Orden avisaron a la Asociación de Amigos de que un consocio, Clemente Sañudo, ofrecía una carta que era parte de la herencia familiar. Sañudo reconoció la firma de López y se contactó con la entidad.

Primero llegaron imágenes desde Buenos Aires. Luego, en un acto sencillo en el Club del Orden, se comprobó el original en presencia del director del museo, Mariano Medina, y de otros miembros de la Asociación. Luego, el donante entregó el documento a la Asociación, que preside Ana Costa, y esta lo transfirió al Museo Histórico Provincial.
Sañudo no supo explicar cómo llegó la carta a su familia, pero sospechó su importancia al revisar papeles familiares. Andino destacó su gesto y también mencionó a quienes hicieron posible la donación: Rómulo Crespo, que gestionó el contacto, Carlos Caballero Martín, presidente del Club del Orden, y Ana Costa, por la Asociación.
Un hallazgo poco frecuente
En su diálogo con El Litoral, Andino explicó que los hallazgos de este tipo eran más habituales en otras épocas. Desde fines del siglo XIX, cuando se estructuraron los archivos históricos de la provincia, sucesivas gestiones acopiaron los fondos de las oficinas provinciales y recibieron donaciones de familias.

En los últimos tiempos, en cambio, no había ocurrido muchas veces, y por eso esta llegada resulta, en palabras de Andino, "extemporánea". También hay antecedentes menos felices. Andino recordó que en Buenos Aires anticuarios llegaron a vender documentos históricos de distintas provincias, entre ellos santafesinos, y que hubo denuncias judiciales.
La memoria en los cajones
Otro de los integrantes de la Asociación de Amigos del Museo Histórico, Juan Fernando Del Pazo, subrayó en diálogo con este medio el generoso gesto de Clemente Sañudo, "de desprenderse de un documento de tanta valía".
"Muy probablemente, y nos consta de algunos casos, existan aún en manos de particulares, descendientes de familias antiguas, cartas, fotografías, en fin, documentos en general, de muchísimo valor o que puedan contener información importante", agregó.

En ese sentido, destacó la acción de Sañudo como "un ejemplo a imitar" e invitó a quienes conservan documentos que consideran recuerdos familiares a reconocer su valor histórico y cultural. Asimismo, los alentó a ponerlos a disposición de investigadores y estudiosos para su consulta, copia o reproducción, sin que eso implique desprenderse de ellos.








