En el mainstream de la historia la última dictadura cívico-militar ha sido contada desde los centros clandestinos, con botas, picanas y dolorosas imágenes ligadas a los secuestros y desapariciones de miles de personas en Argentina. Pero nada ocurrió sin un contexto y una cotidianidad lo habilitaba y también tenía acciones claras. Leónidas “Noni” Ceruti, historiador del movimiento obrero, del deporte y militante social, eligió hace 20 años presentar un libro sobre cómo el terrorismo de Estado atravesó la cultura y la vida social de Rosario: qué pasaba en las radios, en las bibliotecas, en las escuelas, en los teatros y hasta en las reuniones familiares. El clima de época.
“La dictadura vino a romper los lazos de solidaridad de toda la sociedad”
A 50 años del golpe cívico militar, el historiador Leónidas “Noni” Ceruti presenta la segunda edición de Cultura y Dictadura en Rosario: 1976-1983. El libro, que será presentado este 30 de mayo, reconstruye cómo operó el terrorismo de Estado sobre medios, bibliotecas, escuelas, teatros, radios y la vida cotidiana rosarina.

Su libro, Cultura y Dictadura en Rosario: 1976-1983, será presentado este 30 de mayo en su segunda edición gracias al trabajo de la Biblioteca Popular Pocho Lepratti, donde recupera el contexto con nombres y apellidos de quienes resistieron, pero también de quienes fueron autoridades y responsables civiles, sindicales, empresariales directos o indirectos de la dictadura en la ciudad. “Para los jóvenes la dictadura queda en la época de la caverna y para los que la vivieron ya se olvidaron de muchas cosas o directamente no las saben”, plantea Ceruti en diálogo con Mirador Provincial.

Exilio interno, dobles casamientos y silencios
El libro de Ceruti recorre desde la represión en universidades y medios de comunicación hasta la censura en bibliotecas, la intervención sobre la cultura popular y las estrategias cotidianas que construyó la sociedad para sobrevivir al miedo. “Los militares no dejaron ningún sector de la sociedad sin sembrar el terror, sin controlar y sin romper los lazos de solidaridad”, resume y pone la lupa sobre algo que le ocurrió a él y a muchas otras personas: el exilio interno, esto es, cuando militantes que eran perseguidos por la dictadura no tenían los recursos para irse del país y terminaban eligiendo viajar dentro de Argentina. En general, en pequeñas localidades. Algunas veces con otras identidades.
“Hay mucho escrito sobre el exilio afuera, pero no sobre el exilio interno. Muchos militantes plantean esto de que hicieron el exilio interno en su propia ciudad y otros vinieron a hacer un exilio interno. Hubo un movimiento enorme de todos los que no nos pudimos ir”, dice el autor y militante, que luego de graduarse de odontólogo tuvo que recalar en Hughes durante casi una década.
“Ese era el clima del país. Había gente que te decía «sabemos lo que andás haciendo, pero no te podemos dar lugar para dormir», y otros que sí te abrían la puerta”, describe Ceruti y abre ofrece una mirada al cotidiano del terrorismo de Estado, advirtiendo: “El terror paraliza. Y también genera colaboración”.

Entre los relatos que aparecen en el libro, Ceruti destaca las formas en que muchas personas intentaban sostener vínculos sociales en medio de la vigilancia permanente. “Muchos me contaron que se casaban dos veces en el año, que bautizaban un pibe tres veces o festejaban un cumpleaños dos veces”, cuenta Ceruti. La razón era simple y brutal: las reuniones de más de 5 personas sin estos motivos podían despertar sospechas. “Entonces el cumpleaños era una excusa para poder juntarse”, agrega.
En esa reconstrucción de la vida cotidiana aparece también el miedo instalado como clima social. “Se escuchaban ruidos de botas, puertas que se cerraban, autos que frenaban, pero nadie veía nada”, recuerda Ceruti, citando una canción de Rubén Blades.
Luchar-burlar la censura
Otro de los ejes fuertes del libro de Ceruti es el funcionamiento de la censura sobre medios, radios y bibliotecas. En las páginas reconstruye, por ejemplo, cómo algunos operadores de radio intentaban esquivar sanciones cuando pasaban música prohibida. Por ejemplo, rayar discos luego de reproducirlos al aire.

El autor también documenta el sistema oficial de listas negras de libros enviados desde Buenos Aires a bibliotecas de todo el país. “Había una oficina específica que mandaba a todas las bibliotecas el listado de libros prohibidos”, afirma y recuerda entrevistas con trabajadores de bibliotecas de la ciudad que decían haber retirado ejemplares “prohibidos” cuando en realidad estaban en las estanterías.
“Era una forma de resistir cuando el clima, lo que imperaba era quebrar el vínculo, algo que no está pasando de nuevo hoy”, dice el autor y completa: “Buscaron romper el cooperativismo, los lazos de unidad, las organizaciones barriales, sindicales y culturales”.

El valor de volver a contar
La reedición del libro aparece además en un contexto donde Ceruti observa un cambio respecto de la memoria sobre la dictadura. “Hay mucha gente que relativiza lo que pasó. Y lo que más me preocupa son los jóvenes y los no tan jóvenes que no conocen esa historia”, resume Ceruti e insiste en la importancia de reconstruir las experiencias culturales y sociales de aquellos años.
“Todos los protagonistas merecen ser reconocidos. Hubo gente que construyó muchísimo en cultura, teatro, música, cine, bibliotecas y universidades antes del 76 y también durante la dictadura”, señala Ceruti y confía en que casi todas esas personas de Rosario están en este libro que volverá a circular y a tejer redes en pocos días.





