Hubo una época en la que poner una película en casa tenía un ritual propio. Había que ir al videoclub, recorrer los estantes, elegir un título y llevarse un casete que, antes de comenzar la historia, mostraba siempre una presentación reconocible.
Revelan cómo fueron elegidos nombres de históricas películas como "Mi pobre angelito"
El fundador de la empresa Gativideo contó cómo nació la identidad, desde la inspiración en Star Wars hasta la elección de una melodía que quedó grabada en los VHS.

Para millones de argentinos, aquella secuencia tenía una protagonista: Gativideo. El logo aparecía en pantalla y, durante unos segundos, una música épica acompañaba la animación. Después podía comenzar la película, pero esa breve introducción ya había quedado asociada para siempre con el cine en casa.
La empresa fue una de las grandes protagonistas de la expansión del VHS en Argentina. Detrás estuvo Luis Scalella, integrante de una familia vinculada históricamente con la industria cinematográfica y uno de los responsables de convertir a Gativideo en una referencia de la distribución de películas.
Con el paso de los años, el nombre de la compañía quedó ligado no solo a los casetes sino también a una identidad visual y sonora muy particular. El origen de esos elementos fue contado por el propio Scalella durante una entrevista con NewsDigitales, donde repasó distintos momentos de la historia de la empresa.
Nombres "argentos"
En un tramo del reportaje, el entrevistado reveló un secreto de aquellos tiempos: cómo elegía los nombres de los films para traducirlos al español que se habla en el país. "Una de las primeras fue Home Alone, me encantó y le cambié el título. ¿Cómo Solo en Casa? Vamos con Mi Pobre Angelito. Yo lo veía al chico rubiecito, era igual a mi hijo, y hacía todas las cagadas que te puedas imaginar", dijo.
"Entonces me acuerdo que mi abuela, yo cuando decía lo voy a matar a este, le voy a dar tantas patadas en el culo, y venía mi abuela y me decía no, mi pobre angelito. Entonces me quedó lo de mi pobre angelito, y digo este que es un guachito, le voy a poner Mi Pobre Angelito", agregó.
"La otra se llamaba La Jungla de Cristal. Die Hard. Yo le puse Duro de Matar. Si bien es Die Hard, no es exactamente lo mismo. Y La Jungla de Cristal me parecía que no tenía nada que ver. Y a este como le tiraban, le tiraban, y no se moría nunca digo vamos con Duro de Matar", siguió.
"Por ejemplo Reservoir Dogs, no podía ponerle Los Perros de la Cloaca porque nadie la iba a ver, entonces le puse Perros de la Calle", sumó. "Mrs. Doubtfire le puse Papá Por Siempre, nada que ver, pero se me ocurría a mí", agregó.
"Y después los demás países tenían que poner el mismo nombre, para el resto de América latina, jeje", cerró sobre este tema.

Una inspiración salida de Star Wars
La creación de Gativideo fue parte de un recorrido que comenzó mucho antes. Scalella había trabajado junto a su familia en distintas áreas de la industria y llegó a involucrarse en la distribución de películas estadounidenses en Argentina.
El proyecto que finalmente se convertiría en Gativideo comenzó junto al empresario español Enrique Cerezo. En un principio, la compañía se llamó Legal Video, pero una resolución de San Luis que otorgaba beneficios impositivos a las empresas que se radicaran allí terminó modificando el rumbo del negocio y también su nombre.
Según relató Scalella, entre distintas denominaciones que habían sido registradas terminó apareciendo Gativideo. El nombre no lo convencía, pero las cuestiones regulatorias y contables hicieron que finalmente quedara como identidad definitiva.

El siguiente paso fue construir una imagen que pudiera ser reconocida rápidamente. Y allí apareció una de las referencias cinematográficas más famosas de todos los tiempos: Star Wars.
Scalella explicó que el diseño del logo estuvo inspirado directamente en las películas de la saga creada por George Lucas. La intención era generar una presentación de carácter épico, con una estética que también tenía elementos vinculados con Superman.
La música debía acompañar esa imagen. La búsqueda llevó a una composición que terminó siendo inesperadamente reconocible para los espectadores argentinos: “Fanfare for the Common Man”, del compositor estadounidense Aaron Copland.
El saxo de Kenny G y el final de una era
La fanfarria no fue el único sonido asociado con Gativideo. Después de la presentación inicial aparecía otra melodía que quedó instalada en la memoria de quienes alquilaban películas en VHS: el saxo de Kenny G.
La canción era “Silhouette”, uno de los temas más conocidos del músico estadounidense. De acuerdo con el relato de Scalella, el fragmento fue adquirido para utilizarlo en la presentación de la compañía y tuvo un costo muy bajo en comparación con la importancia que adquiriría con el tiempo.
Lo curioso es que aquella música no había sido pensada para convertirse en una marca sonora. Sin embargo, terminó siendo inseparable de Gativideo. Cada vez que comenzaba un VHS con esa melodía, el espectador sabía que la película estaba a punto de empezar.
La empresa llegó a crecer hasta superar los 200 empleados y contó con una planta en San Luis. Su actividad incluía la distribución de producciones de Disney, Fox y películas independientes. El principal negocio era el alquiler, mientras que la venta de copias tenía un peso mucho menor.
Pero el mismo avance tecnológico que había impulsado el negocio terminó modificando las reglas. Primero llegaron los cambios en el mercado del entretenimiento, luego el cierre progresivo de los videoclubes y el crecimiento de la piratería. Más adelante, el DVD y las nuevas formas de acceso a las películas aceleraron todavía más la transformación.
A comienzos del nuevo milenio, Gativideo comenzó a reducir su actividad. El cable ganó espacio, los videoclubes fueron desapareciendo y la compañía dejó de editar películas en VHS. Scalella recordó que incluso el DVD presentaba dificultades para sostener aquel modelo de negocio.
La empresa que alguna vez anunció películas con una fanfarria de Copland y el saxo de Kenny G terminó desapareciendo junto con buena parte de aquella industria.
Sin embargo, su identidad quedó asociada a una época en la que elegir una película significaba caminar entre estanterías, llevar un casete a casa y esperar unos segundos frente al televisor hasta escuchar una melodía que anunciaba que la función estaba por comenzar.








