El sol de la mañana se filtra por los vitrales del Paraninfo, ese templo del conocimiento santafesino donde las historias suelen volverse leyendas. Tras su charla en la UNL, el Dr. Julio Panza se acomoda en la primera fila con la calma de quien conquistó la ciencia mundial pero elige hablar de sus raíces. Con una cadencia que no perdió en el Norte, conversa con El Litoral como si nunca se hubiera ido del todo.
El cardiólogo que conquistó Estados Unidos y hoy sigue eligiendo el latido de su Santa Fe natal
Julio Panza, uno de los científicos más citados del mundo, desde el Paraninfo de la UNL compartió su trayectoria con futuros médicos. Tras liderar departamentos de cardiología en Nueva York y Washington, el santafesino busca cerrar el círculo de su carrera brindando su experiencia en la ciudad que lo vio nacer.

"Yo soy de Santa Fe, nací en el sanatorio Rivadavia que no existe más, ahí en Bulevar y Güemes, pero siempre viví en el barrio Sur", comienzó diciendo el Dr. Panza. Su relato no es solo el de un médico exitoso; es la crónica de un niño que caminaba las calles de la ciudad con una curiosidad que lo llevó a graduarse de médico a los 22 años.

Un niño prodigio entre libros y guardapolvos
La precocidad marcó su pulso vital. Terminar la secundaria a los 16 años no fue un accidente, sino el resultado de una sed de saber que sus padres supieron alimentar. "Cuando iba en primer grado, como sabía leer y escribir, me tomaron un test y me pasaron a segundo. O sea, que empecé segundo grado con 5 años", recuerdó con una sonrisa que borra sus décadas de trayectoria.
Esa chispa inicial tuvo un combustible literario fundamental. "Mi mamá me regaló dos libros: uno de preguntas sobre la naturaleza y otro sobre el cuerpo humano. Ese libro de chiquito fue, en cierta forma, una inspiración", confesó. Para Panza, la medicina no fue una elección de último momento, sino un destino que ya estaba sellado en los almuerzos familiares del barrio Sur. "Durante una comida mi papá me preguntó sobre mi futuro, '¿y qué vas a hacer?' y para mí fue una pregunta redundante, porque yo ya sabía que la respuesta era medicina", recordó.

El misterio de las curvas en cinco segundos
Aunque estudió en Rosario porque en Santa Fe no existía la carrera, el destino lo trajo de vuelta para sus prácticas finales. Sin embargo la "chispa de la cardiología" se encendió en el Hospital de Granadero Baigorria donde un gesto técnico lo dejó fascinado para siempre: "Viene una enfermera y le alcanza un electrocardiograma al mi profesor, el Dr. Robiolo. Él lo miró literalmente 5 segundos y dijo: 'Es normal'".
"Yo miraba desde lejos y quedé fascinado por el hecho de que alguien pudiera interpretar un montón de curvas sin significado aparente en tan poco tiempo. Yo quería llegar a eso", relata Panza. Ese instante de asombro fue el que lo empujó a la cardiología, una disciplina que luego lo llevaría a lo más alto de la ciencia médica en Estados Unidos.

De los Institutos Nacionales de Salud a la Gran Manzana
Lo que comenzó como una beca de un año en 1986 se transformó en una estadía de casi cuatro décadas. Su paso por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) y su rol como Director del Departamento de Cardiología del Westchester Medical Center en Nueva York lo posicionaron en el 2% de los científicos más citados a nivel global. Sin embargo, los títulos no pesan más que los afectos.
"A partir de fin de 2013 me retiré un poco, tengo un cargo académico en la Escuela de Medicina y estoy viendo la posibilidad de volver a la Argentina de forma part-time. Mi idea es venir tres veces por año para realizar actividad clínica y académica aquí", explica el Dr. Panza. Su deseo no es el retiro pasivo, sino la transferencia activa de conocimiento a las nuevas generaciones de médicos santafesinos.
El regreso a las raíces
Caminar por la Costanera o ver un partido de fútbol en El Quillá —el club donde jugaba al rugby de chico— es, para él, reencontrarse con su esencia. "Si yo no hubiera tenido la suerte de tener los padres que tuve, los amigos y todo eso de acá de Santa Fe, nunca hubiera llegado a donde llegué", reflexiona con gratitud.
La charla en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNL no fue una conferencia más. "Fue como viajar mentalmente al momento en el cual uno estaba sentado ahí. Ver a los estudiantes acá me hizo recordar esa época de estar viendo a los expertos de ese momento. Es como cerrar un círculo", concluye el médico que, después de salvar corazones en el Norte, hoy planea volver al Sur.








