Cuando la laguna Setúbal tuvo una “isla flotante” frente a la costanera
Así lo describió El Litoral en enero de 1966 a una formación de camalotes, vegetación y tierra desprendida de importantes proporciones. Esa creciente hizo tambalear al Puente Colgante.
La isla flotante frente a la costanera santafesina.
En Santa Fe hablar del río es casi obligatorio. Dos inmensas corrientes de agua rodean la capital de la provincia, la moldearon como la conocemos hoy y significan la vida cotidiana. Tal es así que a lo largo del siglo XX se registraron diversos fenómenos naturales vinculados al Paraná y al Salado.
Bajantes e inundaciones marcaron a fuego a las sociedades que les tocó atravesarlas. El Litoral siguió de cerca cada acontecimiento, con registros periodísticos y fotográficos se pueden recorrer los estiajes y crecidas a través de las páginas del diario. Un ejemplo de ello ocurrió en 1966 cuando el Paraná estaba en plena subida.
El recorte del diario de enero de 1966.
“Isla flotante”
En la edición del sábado 15 de enero de 1966, el vespertino publicó entre sus páginas una crónica que daba cuenta de la inundación. “Continúa creciendo a un ritmo extraordinario el río Paraná: el registro de hoy es de 5,40”, tituló el diario.
Acompañando el texto una impactante imagen tomada a la altura de la parroquia Nuestra Señora del Huerto. En la fotografía puede observarse las antiguas barandillas del paseo, uno de los eternos pilotes del viejo puente ferroviario y la masa de agua avanzando hacia la calzada.
El Litoral siguió de cerca los acontecimientos.
En la descripción de la imagen, también se hace mención a la vegetación acuática que es común en épocas de crecidas. Los camalotes como referentes de los embalsados que se forman. Precisamente, el artículo describió a esa formación como “isla flotante” y su tamaño llamó verdaderamente la atención: 500 metros de largo por 200 de ancho.
“Una compacta llanura verde que desde lejos daba toda la impresión de ser una prolongación de tierra firme”, describió la crónica sobre la vegetación. Y seguía: “Tanto los camalotes como la masa de tierra han sido arrastrados por los afluentes de la laguna Setúbal. Hasta ayer no había más que algunos grupos aislados que surcaban las aguas”.
“La rapidez con que se formó el conjunto en la madrugada de hoy es sugestivo testimonio de la magnitud de la creciente”, señalaba El Litoral. Para luego advertir algo que posteriormente ocurrió. La suposición del cronista era que si esa “isla” se movía aguas abajo, corría serios riesgos el Puente Colgante y la provisión de agua.
Sobre el cierre, la nota aclaraba que personal de Prefectura se disponía a realizar tareas sobre esa gran masa de vegetación y tierra. Medidas de emergencia para una situación apremiante. Lo cierto es que la presunción finalmente se cumplió.
La inundación del 66, una de las peores del siglo XX.
La noche que no durmió el Colgante
Dos meses después, las previsiones de El Litoral se cumplieron. El icónico Puente Colgante, en ese entonces el único cruce vial hacia la Ruta Nacional 168, corrió serios riesgos de caerse. Entre el 23 y 24 de marzo del 66, las autoridades de la época debieron accionar rápidamente para salvar la estructura.
Para ese entonces, la creciente ya se había comido el antiguo Parque Oroño que quedó severamente dañado y las cañerías de ese sector de la ciudad. Fue así, que personal competente de Vialidad Nacional requirió “efectuar voladuras en el camino a Rincón, para desviar en parte la inmensa masa líquida que desagua desde la Setúbal hacia su curso natural”, según consta en las noticias de la época.
“Ingenieros, técnicos, capataces, obreros, policías, para quienes la jornada de labor se ha extendido tácticamente ‘hasta donde se aguante’, se mueven sin pausas y tratan de ganar preciosos minutos a masa líquida en movimiento que hierve bravamente entre los pilares del viejo puente”, reflejaba El Litoral por esos días.
“Ininterrumpida caravana de camiones deposita junto al agua toneladas de escombros, pero el río las muerde y se las lleva en gran parte, sin detenerse en su lucha para recuperar lo que fue suyo y el hombre le quitó poniendo muros de cemento que ya se han ido...”, describió el artículo.
“Van a destruir para evitar más destrucciones. Extraña paradoja. Minutos después, tremendas explosiones sacuden el silencio de la noche y vuelan por los aires pedazos de pavimento y montones de tierra de lo que fue el terraplén de la Ruta 168”, señalaba la impecable crónica de El Litoral.
En loop permanente
La Setúbal tiene en sus espaldas cientos de historias vinculadas a los camalotes y embalsados que en ella se formaron.
Otra situación con los embalsados se vivió a principios de siglo XX cuando la vegetación juntó tanta fuerza que tumbó un puente ferroviario de aquel entonces, anterior al de los pilotes en cercanías a esa construcción.
Más cercano en el tiempo, un gran embalsado tapió la laguna y cortó la navegación hacia el norte. A fines de 2022, este medio daba cuenta de un gran camalotal en la Setúbal. Fue el preaviso de la creciente llegaba a Santa Fe. En marzo de 2023 otra vez una gran masa de vegetación “encalló” entre los pilotes del viejo puente y bloqueó el paso.