Un estudio basado en polvo lunar traído por las misiones Apolo permitió reconstruir la composición de la atmósfera terrestre de hace 3.500 millones de años. Los hallazgos revelaron que contenía unas 100 veces más dióxido de carbono que la actual y un alto nivel de azufre, una combinación clave para comprender cómo el planeta logró mantener agua líquida y propiciar la aparición de la vida.
Muestras lunares revelan un dato inédito sobre la atmósfera de la Tierra primitiva
Una investigación revela una concentración hasta 100 veces mayor de dióxido de carbono y un nivel significativamente superior de azufre, ofreciendo claves fundamentales sobre el origen de la vida y el clima en nuestro planeta.


Un cofre del tiempo en la superficie lunar
Reconstruir las condiciones climáticas y químicas de los primeros eones de la Tierra ha sido históricamente uno de los mayores desafíos para la ciencia. La intensa actividad geológica, el movimiento de las placas tectónicas y la erosión constante borraron la mayor parte del registro directo de la superficie de nuestro planeta primitivo. Sin embargo, la cara visible de la Luna conservó intacto ese archivo histórico.
En el marco de la conferencia internacional Origins 2026, celebrada en París, el astrobiólogo Jared Landry —investigador del Instituto de Ciencias de la Vida Terrestre de Tokio— presentó un revelador trabajo focalizado en el Eón Arcaico, período situado entre 4.000 y 2.500 millones de años atrás.
Landry explicó que las especies químicas de la atmósfera superior terrestre, tras ser ionizadas, fueron atrapadas por el viento solar magnetizado y posteriormente depositadas sobre la superficie de la Luna durante miles de millones de años, quedando atrapadas en el regolito o polvo lunar.

Gases de efecto invernadero y el origen de la vida
El análisis sistemático de las muestras recogidas por los astronautas de las misiones Apolo demostró que la atmósfera del Arcaico no solo albergaba niveles de azufre sustancialmente superiores a los de hoy, sino también una concentración de dióxido de carbono ($CO_2$) aproximadamente 100 veces mayor a la del aire contemporáneo.
Esta revelación científica permite resolver una paradoja que desconcertaba a la astrobiología: determinar cómo la Tierra logró conservar enormes océanos en estado líquido cuando el Sol primitivo era considerablemente más débil y emitía menos radiación solar que en la actualidad. La densa presencia de $CO_2$ y compuestos sulfurados generó un potente efecto invernadero natural que actuó como un manto térmico protector sobre la superficie.

Comprender la química del aire primitivo resulta crucial, ya que los procesos de la superficie, las concentraciones moleculares y la regulación del clima delimitaron el contexto exacto en el que surgieron y evolucionaron los primeros organismos vivos en el planeta.

El valor de la exploración espacial
El estudio reafirma la importancia trascendental de la exploración espacial y del resguardo de material extraterrestre. Muestras lunares recolectadas hace más de medio siglo continúan aportando datos novedosos mediante el uso de tecnologías de análisis avanzadas, demostrando que el satélite natural actúa no solo como un testigo del espacio, sino también como una memoria cósmica indispensable para descifrar el pasado remoto de nuestro propio hogar.








