A 60 años de la desaparición del avión TC-48, un nieto rescata la memoria familiar en una muestra
El artista visual Juan Miguel Curto narra en una pieza artística la historia de su abuelo, el paranaense Miguel Ángel Moyano Villarraza, de quien esperaron noticias durante los últimos 60 años. Una vida de búsqueda constante. “El silencio de la siesta”, la reconstrucción de la memoria.
El avión y los pasajeros, en el último registro fotográfico antes del silencio. Archivo.
Nada. Ni un rastro. Ni una señal. Más de medio siglo después, el misterio sigue intacto. Hace un par de meses atrás se cumplieron 60 años de la desaparición del avión Douglas DC-4 de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula TC-48, que el 3 de noviembre de 1965 se esfumó en pleno vuelo sobre el mar Caribe con 68 personas a bordo. Entre ellas estaba el piloto paranaense Miguel Ángel Moyano Villarraza, cuyo recuerdo permanece vivo en la región.
Nada. Aquella madrugada de 1965, en un hogar de Paraná, el teléfono sonó con una noticia inesperada: el avión militar en el que viajaba Moyano había desaparecido. La aeronave realizaba un vuelo de instrucción con cadetes de la Escuela de Aviación Militar. Había partido el 31 de octubre desde la Escuela de Aviación Militar de Córdoba -despedido por el presidente Arturo Illia- rumbo a Estados Unidos y, tras escalas en Chile, Perú, Panamá y El Salvador, se dirigía hacia California.
La tapa del diario El Litoral, aquel fatídico día. Archivo.
Ni un rastro. Entre las escalas, el 3 de noviembre, el TC-48 despegó desde la base aérea de Howard, en Panamá, con destino a San Salvador. Poco después, la tripulación declaró una emergencia por problemas en uno de los motores mientras sobrevolaba el Caribe, en medio de lluvias intensas y fuertes turbulencias. Tras esa comunicación, el contacto se perdió definitivamente.
Ni una señal. En el avión viajaban 54 cadetes de la Promoción 31 de la Escuela de Aviación Militar, además de nueve tripulantes y cinco oficiales. La tragedia se convirtió en la mayor pérdida de vidas en un accidente de la Fuerza Aérea Argentina y en uno de los mayores enigmas de la aviación nacional.
Último contacto
Las comunicaciones radiales registraron el momento crítico del vuelo. A las 5.49 del 3 de noviembre, el TC-48 informó que tenía fuego en uno de sus motores y solicitó un aterrizaje inmediato. A las 7.05 se produjo el último contacto conocido: la tripulación indicó que sobrevolaba la zona de Bocas del Toro y se dirigía hacia Puerto Limón, en Costa Rica. Después de ese mensaje, el silencio fue absoluto.
El presidente Arturo Illia despidió a los miembros de la Fuerza Aérea en Córdoba. El abuelo de Curto es el que está a la izquierda del militar al que saluda Illia. Gentileza Juan Curto.
En los días siguientes se desplegó un amplio operativo de búsqueda en el mar y en la selva centroamericana. Aviones, helicópteros y patrullas terrestres recorrieron la región durante semanas sin resultados concluyentes.
Un enigma abierto
La investigación oficial sostuvo que la aeronave probablemente cayó en el mar Caribe, hipótesis respaldada por el hallazgo de algunos salvavidas en el agua. Sin embargo, nunca se encontraron restos del fuselaje ni cuerpos de los ocupantes.
Nada se supo, nada se sabe de los cadetes de la Fuerza Aérea, que nunca regresaron. Gentileza Juan Curto.
Con el paso de los años surgieron otras versiones, como la posibilidad de que el avión hubiera caído en la selva de Costa Rica, a partir de testimonios de pobladores que dijeron haber visto una aeronave volando a baja altura antes de desaparecer. También circularon relatos sobre supuestos sobrevivientes o hallazgos nunca confirmados, que alimentaron el misterio.
El recuerdo
Entre los tripulantes del TC-48 estaba el comandante Miguel Ángel Moyano Villarraza, oriundo de Paraná y uno de los pilotos del vuelo. Juan Miguel Curto, su nieto, señala hoy que la desaparición marcó profundamente a la familia. “Mi primer nombre es el de mi abuelo paterno y el segundo, el del materno”, contó en diálogo con El Litoral. Según relató, el tema sigue siendo doloroso y muchas veces permanece en silencio dentro del ámbito familiar.
La foto pertenece al archivo familiar, y fue tomada por el abuelo de Curto, durante uno de sus tantos vuelos. Gentileza Juan Curto.
Seis décadas después, el destino del TC-48 continúa siendo un enigma. El avión nunca apareció y su historia quedó marcada como uno de los mayores misterios de la aviación argentina.
Reconstruir la memoria
En ese marco, Curto -que es artista visual y residió en Santa Fe- presentará este viernes la muestra artística “Recuerdo el silencio de la siesta”, en la que reconstruye la memoria de su abuelo a partir de fotografías y documentos familiares. La propuesta formará parte de Archivo Afluente, un encuentro dedicado a prácticas artísticas contemporáneas vinculadas a archivos y memorias.
Recuerdo el silencio de la siesta. Juan Curto (gentileza).
La obra combina fotografías analógicas del archivo familiar con imágenes tomadas por el propio Moyano durante sus viajes y se presenta en formato audiovisual con relato oral. A través de ese material, Curto intenta “armar un rompecabezas” que explore la relación entre imagen e identidad y reconstruya la historia familiar atravesada por la desaparición del avión. El trabajo también recupera entrevistas y documentos reunidos durante años de investigación, en una búsqueda por preservar esa memoria y reflexionar sobre cómo la ausencia y la falta de respuestas oficiales marcaron a las generaciones posteriores.
El silencio de la siesta. Ese es el nombre de esta pieza artística elaborada por el artista visual Juan Miguel Curto, que se presentará este viernes, desde las 20.30, en el espacio Errática, ubicado en San Gerónimo 2967. Juan Curto (gentileza).
El relato aborda las secuelas de la desaparición de Moyano Villarraza. Curto describe cómo el hecho dejó una ausencia irreparable que transformó el hogar en un espacio detenido en el tiempo y atravesado por el silencio. “Esta es la historia de una desaparición que cambia el rumbo de una familia, de muchas familias”, dice. A partir de esos recuerdos, examina la dificultad de elaborar un duelo sin un cuerpo al cual llorar. “La búsqueda oficial duró poco y llevó el rumbo de las conveniencias políticas de la época; las búsquedas familiares fueron la peregrinación de toda una vida”, narra. Mientras los adultos intentaban seguir adelante mediante el olvido, las nuevas generaciones buscaron reconstruir su identidad a partir de las imágenes, documentos y condecoraciones del abuelo.
Archivo Afluente
Impulsado en Santa Fe por la gestora cultural Aimé Luna, Archivo Afluente “busca generar espacios de diálogo e intercambio en torno al trabajo con archivos personales y comunitarios, entendidos como herramientas para recuperar historias, reconstruir memorias y producir nuevas narrativas desde el arte”.
Juan Curto, el nieto y autor de la obra, durante la primera presentación de la misma, en Rosario. Gentileza.
La primera edición se realizará el 13 y 14 de marzo en Santa Fe y Arroyo Leyes, con charlas, proyecciones, muestras y talleres de acceso libre. El encuentro es organizado por CEFER (Entre Ríos), Errática (Santa Fe) y Espacio Analógico (Rosario), con apoyo del Ministerio de Cultura de Santa Fe.