Alerta económica en Estados Unidos: la morosidad llega a su punto más alto desde 2017
El aumento de impagos en tarjetas de crédito y préstamos personales enciende las alarmas en Wall Street. Expertos advierten que el fenómeno golpea principalmente a los sectores de menores ingresos, profundizando la brecha social.
La economía de los Estados Unidos, motor del consumo global, presenta una grieta que preocupa a analistas y organismos internacionales. Según los últimos datos de la Reserva Federal y reportes de las principales entidades bancarias, la tasa de morosidad en el crédito al consumo ha trepado a niveles que no se registraban desde hace casi una década.
El salto en los impagos afecta principalmente a dos rubros críticos: las tarjetas de crédito y los préstamos para automóviles. Este fenómeno refleja que el ahorro acumulado durante la pandemia se ha evaporado por completo, dejando a millones de hogares vulnerables ante un costo de vida que sigue presionado por el arrastre inflacionario de los últimos años.
La morosidad llega a su punto más alto desde 2017.
La brecha de la desigualdad
Lo que más inquieta a los economistas no es solo el número frío de la morosidad, sino su distribución. Mientras que los sectores de mayores ingresos mantienen balances saludables y se benefician del rendimiento de los mercados financieros, los trabajadores con salarios bajos y medios están llegando al límite de su capacidad de financiamiento.
Costo del financiamiento: Las tasas de interés, que se han mantenido elevadas para contener la inflación, encarecieron el servicio de la deuda.
Alquileres y servicios: El peso de los gastos fijos sobre el salario neto ha crecido, obligando a muchas familias a priorizar el pago de vivienda sobre sus compromisos crediticios.
Desigualdad patrimonial: El reporte destaca que la riqueza se concentra en quienes poseen activos inmobiliarios o acciones, mientras que aquellos que dependen exclusivamente de su salario están recurriendo al endeudamiento para cubrir gastos básicos.
Una contracción severa del consumo en los Estados Unidos suele traducirse en una menor demanda de productos importados, afectando directamente a las economías emergentes y a los socios comerciales de la región.
Además, el incremento de la morosidad pone presión sobre los bancos regionales estadounidenses. Si bien no se proyecta una crisis de liquidez similar a la de 2008, el endurecimiento de las condiciones de préstamo (el llamado credit crunch) podría frenar el crecimiento económico durante todo el 2026.
Consecuencias para el mercado internacional. Crédito: Xinhua.
Perspectivas para el año electoral
Este deterioro económico ocurre en un año marcado por la polarización política. El aumento de la desigualdad y la percepción de una "economía de dos velocidades" se han convertido en ejes centrales del debate público. La administración actual enfrenta el desafío de equilibrar el crecimiento con la necesidad de ofrecer alivio a los sectores más castigados por la deuda.
El dato de morosidad es, en última instancia, un termómetro social. Si la tendencia no se revierte en el próximo semestre, el descontento económico podría derivar en una mayor inestabilidad política, con repercusiones que exceden las fronteras de Washington y Nueva York.