La tregua anunciada para la guerra con Irán apenas había empezado a dibujar una expectativa de alivio cuando el cielo de Beirut volvió a llenarse de humo. En cuestión de minutos, una nueva oleada de ataques israelíes golpeó distintos puntos de la capital libanesa y reactivó una escena de pánico que ya parecía demasiado conocida para una ciudad exhausta por semanas de guerra.
Israel lanzó un ataque masivo contra Hezbollah y bombardeó más de 100 objetivos en Líbano
La fuerte ofensiva se produjo horas después de la tregua entre Estados Unidos e Irán, acuerdo que el gobierno de Benjamín Netanyahu aseguró que no alcanza al frente libanés.

Según el Ejército israelí, se trató de la mayor ofensiva coordinada contra Hezbollah desde que comenzó esta fase del conflicto. La operación, de acuerdo con la versión oficial israelí, alcanzó más de 100 objetivos en 10 minutos y tuvo como blancos Beirut, el sur del Líbano y el este del valle de la Bekaa.
La magnitud de los bombardeos se sintió con fuerza en barrios densamente poblados de la capital. Se reportaron columnas de humo negro sobre varios sectores de Beirut, explosiones en áreas comerciales y residenciales, ambulancias corriendo entre llamas y rescatistas revisando vehículos calcinados, mientras la agencia estatal libanesa NNA informó impactos en al menos cinco vecindarios de la ciudad.
Israel sostuvo que los ataques apuntaron contra lanzadores de misiles, centros de mando e infraestructura de inteligencia de Hezbollah, y volvió a acusar a la organización chiita de operar incrustada en zonas civiles. Esa explicación fue rechazada por funcionarios libaneses, que denunciaron que los bombardeos alcanzaron áreas habitadas y representaron un nuevo salto en la escalada.
El trasfondo político del ataque explica buena parte del impacto internacional de la jornada. Horas antes, el gobierno israelí había respaldado la pausa de dos semanas en los ataques contra Irán impulsada por Donald Trump, pero dejó en claro que esa tregua no incluía a Líbano. Esa postura contradijo lo expresado por el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, uno de los mediadores del entendimiento, que había dicho que el acuerdo también abarcaba el escenario libanés.
Del lado de Hezbollah, dijeron que la organización había frenado sus ataques sobre el norte de Israel y sobre tropas israelíes en territorio libanés en línea con la tregua con Irán. Sin embargo, un legislador del movimiento advirtió que el alto el fuego solo podría sostenerse si Israel también lo respetaba, y dejó planteada la posibilidad de una nueva respuesta regional en caso contrario.
Mientras tanto, las consecuencias humanas volvieron a crecer. El Ministerio de Salud libanés informó, en una estimación preliminar, que los ataques dejaron decenas de muertos y cientos de heridos. Reuters agregó que, además de la ofensiva masiva, un bombardeo en Sidón mató a ocho personas y que otro ataque al amanecer sobre un edificio cercano a un hospital dejó cuatro muertos.
Francia y el gobierno libanés reclamaron que Líbano sea incluido en cualquier acuerdo regional de desescalada. Pero, por ahora, la señal que llega desde Jerusalén va en sentido contrario: Netanyahu insiste en que la batalla contra Hezbollah sigue abierta. Y Beirut, otra vez, quedó atrapada en una guerra que no entró en pausa.









