Japón y Australia dieron un paso clave en materia de cooperación militar al firmar un acuerdo para la construcción de una nueva generación de buques de guerra. El convenio contempla la provisión de fragatas furtivas destinadas a reforzar la capacidad naval australiana en un contexto de creciente tensión regional.
Japón y Australia sellan un acuerdo millonario para construir fragatas furtivas
El contrato, valuado en unos 6.000 millones de dólares, marca un hito para la industria de defensa japonesa y refuerza la estrategia militar australiana en el Indo-Pacífico.


El contrato, que prevé la entrega inicial de tres unidades dentro de un programa más amplio, está valuado en aproximadamente 10.000 millones de dólares australianos (unos 6.000 millones de dólares estadounidenses) y se ejecutará a lo largo de la próxima década.
Se trata de una de las mayores exportaciones de defensa de Japón desde la Segunda Guerra Mundial.
Un salto tecnológico para la flota australiana
Las embarcaciones estarán basadas en una versión modernizada de la fragata Mogami, desarrollada por Mitsubishi Heavy Industries. Según lo previsto, la primera unidad será entregada en 2029.

Uno de los factores determinantes para la elección del diseño japonés fue su eficiencia operativa: estas fragatas pueden funcionar con casi la mitad de la tripulación que los actuales buques de la clase ANZAC de la Marina australiana, lo que implica menores costos y mayor flexibilidad logística.
Además, estarán equipadas con sistemas avanzados, incluyendo misiles tierra-aire y antibuque, contarán con un alcance de hasta 10.000 millas náuticas y capacidad para operar helicópteros de combate MH-60R Seahawk.
Competencia internacional y decisión estratégica
La propuesta japonesa se impuso frente al modelo MEKO A-200, desarrollado por la firma alemana Thyssenkrupp Marine Systems, en un proceso competitivo que reflejó el interés global por el programa australiano.
El acuerdo representa un impulso significativo para la industria de defensa japonesa, que en los últimos años busca posicionarse como proveedor internacional tras décadas de restricciones a la exportación militar.
El fortalecimiento de la flota australiana forma parte de un plan más amplio que prevé ampliar su número de grandes buques de guerra de 11 a 26 en los próximos años. La iniciativa se inscribe en la estrategia de Canberra de incrementar su capacidad de disuasión en el Indo-Pacífico, en un contexto marcado por la creciente influencia de China.

En paralelo, Japón avanza en la profundización de sus vínculos con aliados de Estados Unidos en la región, consolidando una red de cooperación en defensa frente a los desafíos estratégicos compartidos.








