Las elecciones presidenciales de Perú quedaron envueltas en un escenario de máxima paridad luego de que los conteos rápidos y los primeros resultados oficiales reflejaran una diferencia mínima entre la candidata conservadora Keiko Fujimori y el postulante de izquierda Roberto Sánchez.
Perú: empate técnico entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez mantiene en suspenso la definición presidencial
Los primeros conteos y resultados parciales muestran una diferencia mínima entre ambos candidatos. La definición dependerá del avance del escrutinio oficial en una elección marcada por la polarización y la incertidumbre.

Con márgenes inferiores al error estadístico de las mediciones y una distancia reducida en el escrutinio oficial, el resultado permanecía abierto durante la madrugada de este lunes, mientras millones de peruanos aguardaban conocer quién conducirá el país durante los próximos cinco años.

Una elección definida por márgenes mínimos
La segunda vuelta presidencial enfrentó a dos proyectos políticos claramente diferenciados. Por un lado, Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, buscó regresar al poder tras varios intentos electorales fallidos. Del otro, Roberto Sánchez, exministro y congresista identificado con sectores de izquierda y respaldado por la coalición Juntos por el Perú.
Tras el cierre de los centros de votación, los sondeos a boca de urna y los conteos rápidos comenzaron a dibujar un escenario extremadamente ajustado. Algunas mediciones otorgaron una leve ventaja a Fujimori, mientras que otras mostraron a Sánchez por delante. Sin embargo, todas coincidieron en un punto central: la diferencia entre ambos era tan reducida que no permitía proclamar un ganador.

Uno de los conteos rápidos más observados, elaborado por Ipsos y la Asociación Civil Transparencia, otorgó a Sánchez el 50,3% de los votos frente al 49,7% de Fujimori, un margen considerado estadísticamente insuficiente para anticipar un resultado definitivo.
Al mismo tiempo, otros estudios realizados durante la jornada mostraban una leve ventaja para Fujimori, aunque también dentro del margen de error. Esa disparidad entre las estimaciones reforzó la percepción de que la definición quedaría en manos del escrutinio oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
La situación evocó inevitablemente la elección presidencial de 2021, cuando la propia Fujimori protagonizó otra definición extremadamente ajustada frente a Pedro Castillo, en un proceso que se prolongó durante varios días debido a impugnaciones y revisiones de actas.

Expectativa por el escrutinio oficial
Con el avance del conteo de votos, los resultados oficiales continuaron mostrando una competencia voto a voto. Según datos difundidos durante las primeras horas posteriores al cierre de los comicios, ninguno de los candidatos lograba despegarse de manera concluyente, lo que mantenía abierta la posibilidad de cambios a medida que ingresaran actas provenientes de distintas regiones del país.
La distribución geográfica del voto volvió a evidenciar profundas diferencias entre los distintos sectores del electorado peruano. Mientras Fujimori obtenía un respaldo más sólido en Lima y en importantes centros urbanos de la costa, Sánchez mostraba mejores desempeños en zonas rurales y regiones andinas del interior del país.
Ante ese panorama, ambos espacios políticos evitaron proclamarse vencedores. Fujimori reconoció públicamente que la elección transitaba un escenario de “empate técnico” y pidió esperar los resultados definitivos antes de extraer conclusiones. También aseguró que respetará el resultado que determinen las autoridades electorales.

Sánchez, por su parte, llamó a sus seguidores a mantener la calma y a aguardar el conteo oficial completo, consciente de que el estrecho margen podría modificarse con el ingreso de nuevas actas.
Más de 27 millones de ciudadanos estuvieron habilitados para participar de la segunda vuelta, desarrollada en un contexto de fuerte fragmentación política e inestabilidad institucional. Desde 2016, Perú atravesó una sucesión de crisis políticas y cambios de gobierno que erosionaron la confianza pública en las instituciones y profundizaron la polarización del escenario político.
Con los números todavía muy ajustados y miles de votos por contabilizar, el país permanecía pendiente de los próximos reportes de la autoridad electoral. Todo indica que la definición podría extenderse durante las próximas horas e incluso varios días, en una de las elecciones más reñidas de la historia reciente peruana.









