El imam Marwan Gill, representante de la comunidad musulmana Ahmadía en Argentina y columnista de El Litoral, visitó la ciudad de Santa Fe para participar de un panel sobre discursos de odio en la Legislatura y pasó por la nueva redacción del diario.
Marwan Gill: “El discurso de odio nunca se limita a un solo sector; siempre termina alcanzando a toda la sociedad”
El teólogo musulmán y columnista de El Litoral analizó el rol de las redes, advirtió sobre el peligro de los discursos de odio y abogó por los principios de la justicia para conseguir la paz mundial.

Reflexionó sobre el escenario internacional, el crecimiento de la polarización, el papel de las redes sociales y la necesidad de construir la paz sobre principios universales de justicia. También analizó el lugar del islam en Occidente y el presente de la Argentina.

—La primera vez que visitaste El Litoral, antes del Mundial de Qatar, nos contabas que te sentías muy cómodo en la Argentina y que nunca habías sufrido discriminación. Pasaron algunos años y el contexto parece distinto. ¿Cómo ves hoy al país?
—La situación es muy diferente. Nuestro contexto social y político cambió. Cuando llegué a la Argentina, en 2017, el debate pasaba por otras cuestiones: muchos cuestionaban a Lionel Messi porque todavía no había ganado nada con la Selección, se discutía mucho sobre el papa Francisco, la inflación era otra. Hoy el escenario es completamente distinto.
Pero más allá de la Argentina, lo que más me preocupa es el mundo. Estamos al borde de una guerra mundial. Quizás durante un mes un Mundial de fútbol tape esa realidad, pero el peligro sigue ahí. El papa Francisco hablaba de una "guerra mundial en pedazos" y creo que esa descripción sigue siendo muy vigente.
—¿Qué es lo que más te preocupa de ese escenario internacional?
—Todos dicen buscar la paz. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, las religiones... Todos afirman ser voces de paz. Entonces la pregunta es: ¿por qué no vemos esa paz?
Mi respuesta es que queremos la paz, pero no queremos sostenerla sobre principios universales de justicia. Cuando hablamos de derechos humanos, no hablamos de los derechos humanos para todos. Cuando hablamos de justicia, muchas veces es solamente para nuestro pueblo, nuestros aliados o nuestros intereses.
La paz necesita una base sólida, igual que un edificio necesita pilares. Ese pilar es la justicia. Si la justicia es selectiva, el resultado inevitable es el conflicto.
En la comunidad Ahmadía, sostenemos posiciones muy firmes. Defendemos de manera absoluta la paz, la separación entre religión y Estado, la igualdad entre hombres y mujeres y condenamos cualquier violencia cometida en nombre del islam.
Por eso somos perseguidos en países como Pakistán. Muchas veces somos los primeros en denunciar cuando grupos extremistas utilizan el nombre del islam para justificar sus intereses políticos o violentos.
—¿Hacen una revisión hacia el propio mundo musulmán?
—Sí, porque creemos que es necesaria. Si uno observa los conflictos en Medio Oriente, los principales responsables son muchos líderes musulmanes, tanto políticos como religiosos.
Algunos guardan silencio frente al extremismo y otros utilizan la religión según sus propios intereses. Además, muchos gobiernos aceptan bases militares extranjeras o responden a intereses geopolíticos antes que a principios de justicia.
Cuando uno analiza el origen de muchos grupos terroristas encuentra también responsabilidades compartidas de distintas potencias internacionales. Los extremismos no aparecen de la nada.
—Sin embargo, la comunidad Ahmadía representa otro modelo posible.
—Exactamente. Somos una comunidad presente en más de 200 países y demostramos que un musulmán puede integrarse plenamente a las sociedades occidentales respetando los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres y las instituciones democráticas.
Mis hijos son argentinos, porteños ciento por ciento. Nosotros creemos que una ideología extremista no se combate con bombas. La violencia nunca corrige una idea. Las sociedades cambian mediante educación, diálogo y transformación cultural.
—¿Sentís que también en Argentina hubo un cambio en el clima social?
—Sí. Creo que la sociedad se fue cerrando más. Por eso considero tan importante hablar sobre los discursos de odio.
La violencia física es la última etapa. Antes aparecen las palabras. Cuando se permite el odio bajo el paraguas de la libertad de expresión, se está habilitando una herramienta muy peligrosa.
El discurso de odio nunca se limita a un grupo determinado. Puede comenzar dirigido contra una minoría, pero tarde o temprano termina alcanzando a toda la sociedad.
—Las redes sociales parecen potenciar ese fenómeno...
—Absolutamente. Hoy una palabra puede convertirse en un arma. Un simple tuit puede generar consecuencias muy profundas.
Por eso también es tan importante combatir las noticias falsas y reflexionar sobre el impacto que tienen las palabras. No solamente existen las armas militares. También existe el daño que producen determinados discursos.
—Muchas veces se habla de imponer la paz. ¿Es posible?
—No. La paz no puede imponerse.
Cuando alguien pretende construir la paz obligando al otro a aceptar únicamente su propia visión, eso tarde o temprano termina fracasando. La verdadera paz surge del consentimiento mutuo y de principios universales de justicia.
Todas las religiones y muchas filosofías coinciden en una misma enseñanza: desear para el otro lo mismo que uno desea para sí mismo. Ese principio hoy está faltando.
—Claro, el Estado puede sancionar una conducta, pero no obligar a alguien a ser bueno...
—Exactamente. La ley puede impedir que una persona cometa un delito, pero no puede imponer la bondad.
La construcción de valores requiere otro trabajo: educación, diálogo, espiritualidad, formación y ejemplo. Es un proceso lento, pero indispensable.
Como imam, considero que esa es precisamente nuestra misión.
—En otra oportunidad, me habías contado que nunca habías sufrido discriminación en la Argentina. ¿Eso cambió?
—En lo personal sigo sintiéndome muy bien aquí. Nunca tuve un problema directo.
Donde sí observo mucho odio es en las redes sociales. Ahí aparecen comentarios muy agresivos, muchas veces realizados desde cuentas falsas. Algunos ni siquiera reflexionan antes de escribir.
No podemos minimizar el impacto que tienen las redes sociales. Por eso creo que es tan importante aprender a desarmar las palabras antes de que terminen convirtiéndose en violencia.
—¿Y cómo lo vive tu familia?
—Gracias a Dios, estamos muy bien. Mi esposa, mis hijos... estamos felices y muy agradecidos. Hemos encontrado aquí un lugar donde vivir en paz y seguimos trabajando para aportar nuestro granito de arena al diálogo y la convivencia.








