Irán prohíbe a sus deportistas viajar a países “hostiles” y vuelve a abrirse la duda sobre el Mundial 2026
La medida agrava la incertidumbre sobre la presencia de la selección en el Mundial de EE. UU.-México-Canadá, cuyos partidos de grupo siguen programados en Estados Unidos.
Irán prohibió que sus equipos viajen a países considerados “hostiles” hasta nuevo aviso. Foto: Reuters
Irán sumó este viernes una nueva señal de endurecimiento en medio de la guerra y del conflicto diplomático con Washington. El Ministerio de Deportes y Juventud anunció que queda prohibida, hasta nuevo aviso, la presencia de equipos nacionales y de clubes en países considerados “hostiles” y que no puedan garantizar la seguridad de atletas y delegaciones iraníes.
La decisión no menciona de manera explícita al Mundial 2026, pero su impacto político y deportivo es inmediato. Irán ya está clasificado para la Copa del Mundo y sus tres partidos del Grupo G siguen agendados en territorio estadounidense, con dos encuentros en Los Ángeles y uno en Seattle.
Según la comunicación oficial, la resolución fue presentada como una medida de seguridad para proteger a los deportistas iraníes en el actual contexto bélico. El anuncio tomó como referencia inmediata un caso vinculado a Tractor FC y a una competencia continental, pero rápidamente quedó asociado a una discusión mucho mayor: si Irán está o no en condiciones de competir en países que hoy considera hostiles.
Los tres partidos del Grupo G de la selección iraní siguen programados en Estados Unidos. Foto: Reuters
El dato central es que el ministerio no detalló qué países integran esa categoría. Sin embargo, por el contexto de la guerra, por las declaraciones previas del gobierno iraní y por el calendario ya sorteado del Mundial, la mirada quedó puesta de inmediato sobre Estados Unidos.
Qué pasa con el Mundial 2026
La selección iraní integra el Grupo G junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda. De acuerdo con el cronograma oficial del torneo, todos sus partidos de la primera fase están previstos en Estados Unidos, no en México ni en Canadá.
Por eso, la nueva prohibición vuelve a sembrar dudas sobre su participación efectiva. No hay una baja confirmada ni un retiro formal del torneo, pero la combinación entre la medida ministerial, la tensión bélica y las restricciones de seguridad deja otra vez abierta una pregunta que FIFA todavía no consiguió cerrar.
La federación iraní mantiene gestiones con FIFA para mudar esos encuentros a México. Foto: Reuters
El pedido para mudar los partidos a México
La federación iraní ya había activado gestiones ante FIFA para trasladar sus partidos desde Estados Unidos hacia México. El argumento fue siempre el mismo: que la seguridad del plantel no puede garantizarse en suelo estadounidense después de los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre Irán y de las declaraciones de Donald Trump sobre la conveniencia de que el equipo viaje o no.
Reuters informó la semana pasada que Mehdi Taj, presidente de la federación iraní, sigue negociando con FIFA esa posibilidad. México, además, dejó trascender su disposición a recibir esos partidos si el organismo lo autorizara. Pero hasta ahora no hubo cambios en la programación oficial.
Hasta el momento, FIFA sostiene la grilla sorteada en diciembre y no confirmó una reubicación para los encuentros de Irán. La postura oficial que trascendió en las últimas semanas fue que el torneo debe seguir adelante como está previsto, pese a la creciente inestabilidad regional y a las presiones cruzadas.
Ese dato es clave porque muestra la distancia que hoy existe entre la postura del organismo y la del gobierno iraní. Mientras Teherán endurece su criterio sobre qué destinos son aceptables para sus deportistas, FIFA evita tocar un calendario que ya tiene sedes, logística y venta de entradas en marcha.
Una decisión que va más allá del fútbol
La prohibición no afecta solo a la selección de fútbol. AP y Reuters remarcaron que alcanza también a equipos nacionales de otras disciplinas y a clubes iraníes, lo que confirma que se trata de una medida de Estado, no de una decisión aislada del ambiente futbolístico.
En ese marco, el caso del Mundial funciona como el espejo más visible del problema. Irán insiste en que no busca necesariamente boicotear el torneo, pero cada nuevo comunicado oficial vuelve más difícil imaginar una participación normal en un país al que, en los hechos, su propio gobierno coloca bajo sospecha.