Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que su aviación atacó un sitio encubierto en el área de Teherán denominado “Minzadehei”. Según el comunicado, allí operaba un grupo de científicos que trabajaba en un componente considerado clave para armas nucleares.
La versión israelí sostiene que, mediante inteligencia, lograron rastrear la actividad de ese equipo en una “nueva ubicación” y que el ataque buscó recortar una pieza central de la capacidad del régimen para avanzar en el desarrollo de armamento nuclear.
Lo que se sabe y lo que todavía no está verificado
Al momento del reporte, no había una confirmación independiente y completa del alcance del daño en el lugar señalado por Israel. El episodio se dio en un contexto regional de alta tensión, con intercambios de acusaciones y operaciones militares cruzadas.
En paralelo, el Organismo Internacional de Energía Atómica siguió de cerca la situación. En un pronunciamiento ante su Junta de Gobernadores, su director general, Rafael Grossi, expresó preocupación por los ataques y el riesgo de escalada, en un escenario donde cada mensaje tiene peso diplomático.
La mirada del OIEA y el telón de fondo nuclear
En las últimas horas, el OIEA también informó sobre daños en edificaciones de acceso del complejo subterráneo de Natanz, sin consecuencias radiológicas previstas, según reportes basados en evaluaciones del organismo.
En ese marco, volvió a aparecer un punto sensible: la diferencia entre el discurso político y la evidencia verificable. Un análisis de Arms Control Association remarcó que no hay señales públicas de que Irán esté retomando actividades necesarias para producir material fisible para un arma, aunque la falta de acceso pleno del OIEA alimenta la incertidumbre.