Murió el reverendo Jesse Jackson, activista pionero de los derechos civiles en Estados Unidos
Jackson, discípulo de Martin Luther King Jr., había sido hospitalizado en los últimos meses y estaba bajo observación por parálisis supranuclear progresiva (PSP), dijo la Coalición Rainbow PUSH.
Jackson estaba internado por una parálisis supranuclear progresiva (PSP).
El reverendo Jesse Louis Jackson, el destacado líder de los derechos civiles cuya visión moral y apasionada oratoria transformaron el Partido Demócrata y Estados Unidos, falleció, según confirmó un portavoz de la Coalición Rainbow PUSH. Tenía 84 años.
Jackson saltó a la fama como colaborador cercano del reverendo Martin Luther King Jr.
Jackson, un protegido del reverendo Martin Luther King Jr., había sido hospitalizado en los últimos meses y estaba bajo observación por parálisis supranuclear progresiva (PSP), dijo la Coalición Rainbow PUSH.
“Un estadounidense original”
Jackson fue lo que un experto llamó “un estadounidense original”. Nació de una madre adolescente soltera en Greenville, Carolina del Sur, durante la era de las leyes de Jim Crow, pero se convirtió en un ícono de los derechos civiles y un político innovador que realizó dos electrizantes campañas presidenciales en la década de 1980.
Su inquebrantable compromiso con la justicia, la igualdad y los derechos humanos contribuyó a forjar un movimiento global por la libertad y la dignidad. Incansable agente de cambio, elevó la voz de quienes no la tenían, desde sus campañas presidenciales en la década de 1980 hasta la movilización de millones de personas para registrarse como votantes, dejando una huella imborrable en la historia.
Jackson fue dos veces candidato presidencial demócrata.
La doble candidatura de Jackson a la postulación presidencial demócrata inspiró a la comunidad afroestadounidense y dejó atónitos a los observadores políticos, quienes se maravillaron de su capacidad para atraer al electorado blanco. Ya era una figura transnacional afroestadounidense mucho antes de que Barack Obama llegara a la escena nacional.
Jackson saltó a la fama nacional por primera vez en la década de 1960 como colaborador cercano del reverendo Martin Luther King Jr. Después del asesinato de King, en 1968, Jackson se convirtió en uno de los líderes de los derechos civiles más transformadores de Estados Unidos, para disgusto de algunos de los colaboradores de King, que pensaban que era demasiado impulsivo.
Pero su Coalición Arcoíris, una audaz alianza de negros, blancos, latinos, asiático-estadounidenses, nativos americanos y personas LGBTQ, ayudó a allanar el camino para un Partido Demócrata más progresista.
“Nuestra bandera es roja, blanca y azul, pero nuestra nación es un arcoíris: rojo, amarillo, marrón, negro y blanco, y todos somos preciosos a los ojos de Dios”, dijo una vez Jackson.
Elección de Obama y movimiento Black Lives Matter
Una de las frases emblemáticas de Jackson era “Mantén viva la esperanza”. La repetía con tanta frecuencia que algunos comenzaron a parodiarla, pero nunca pareció perder su significado para él.
Fue una fuerza impulsora de la justicia social durante tres épocas: la era de Jim Crow, la era de la lucha por los derechos civiles y la era posterior, que culminó con la elección de Obama y el movimiento Black Lives Matter.
Gracias a su elocuencia y singular empuje, Jackson no solo mantuvo viva la esperanza en sí mismo. Su sueño de un Estados Unidos vibrante y multirracial aún inspira a millones de estadounidenses hoy.
La visión de Jackson transformó el Partido Demócrata.
Fue el primer aspirante presidencial en hacer del apoyo a los derechos de los homosexuales una parte importante de su plataforma de campaña, y realizó un esfuerzo concertado para desafiar la priorización del Partido Demócrata de los votantes blancos, moderados y de clase media, afirma David Masciotra, autor de “I Am Somebody: Why Jesse Jackson Matters”.
“Un Partido Demócrata que ahora representa a un Estados Unidos multicultural y tiene a alguien como Kamala Harris como [ex] vicepresidenta y a Obama como expresidente comenzó de muchas maneras con esas campañas de Jackson”, dice Masciotra.
Obama podría no haber llegado nunca a la Casa Blanca sin las pioneras campañas presidenciales de Jackson. Jackson luchó con éxito para cambiar la asignación de delegados durante las primarias demócratas, de un sistema de “el ganador se lo lleva todo”, que beneficiaba a los favoritos, a un sistema proporcional que beneficiaba a otros candidatos incluso si no ganaban ningún estado.
Esos cambios ayudaron a Obama a conseguir una victoria sobresaliente sobre la favorita Hillary Clinton durante las primarias demócratas de 2008, dice Masciotra.
Una vez le preguntaron a Jackson si le dolía no haberse convertido en el primer presidente negro del país.
“No”, le dijo a un columnista de The Guardian, “porque fui un pionero, un explorador. Tuve que lidiar con la duda, el cinismo y el miedo a que una persona negra se presentara. Había académicos negros escribiendo artículos sobre por qué estaba perdiendo el tiempo. Incluso los negros decían que una persona negra no podía ganar”.
Jackson desbarató la idea de que una persona negra no podía ser un candidato presidencial viable. Algunos expertos predijeron que sus oponentes políticos más experimentados lo superarían en fuerza durante los debates presidenciales. Reconocieron a regañadientes su carisma, pero muchos nunca le reconocieron su capacidad analítica ni su perspicacia política.
“Resultó que no solo se defendía bien, sino que a menudo ganaba esos debates”, afirma Masciotra.