Las calles de Teherán y de otras grandes ciudades de Irán volvieron a ser escenario de protestas masivas durante la noche del viernes, en el marco del mayor movimiento de rechazo al régimen islámico desde 2022.

Miles de iraníes volvieron a movilizarse en distintas ciudades del país en el mayor estallido social en más de tres años, pese al bloqueo de internet impuesto por el régimen. La represión dejó decenas de muertos y elevó la tensión interna e internacional, con advertencias directas desde Washington.

Las calles de Teherán y de otras grandes ciudades de Irán volvieron a ser escenario de protestas masivas durante la noche del viernes, en el marco del mayor movimiento de rechazo al régimen islámico desde 2022.
A pesar del apagón casi total de internet ordenado por las autoridades, miles de manifestantes salieron a expresar su descontento con consignas como “muerte al dictador”, desafiando la fuerte represión de las fuerzas de seguridad.
Según organizaciones de derechos humanos, el operativo estatal dejó decenas de muertos, aunque el número exacto de víctimas permanece sin confirmación oficial. Imágenes difundidas en redes sociales muestran vehículos incendiados y edificios en llamas en distintos puntos de la capital, reflejando la magnitud de los disturbios.
Desde el exilio, Reza Pahlavi —hijo del último sah derrocado— llamó a los manifestantes a dar un paso más allá. A través de la red social X, instó a “prepararse para tomar los centros de las ciudades” y sostuvo que el objetivo ya no debe limitarse a marchas esporádicas, sino a mantener presencia permanente en los espacios urbanos clave.
La crisis interna tuvo rápida repercusión internacional. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reiteró el respaldo de su país a los manifestantes.
“Estados Unidos apoya al valiente pueblo de Irán”, escribió en X. En la misma línea, el presidente Donald Trump endureció su discurso y lanzó una advertencia directa al régimen iraní: “Si empiezan a disparar, nosotros también dispararemos”.

Desde Teherán, la respuesta no se hizo esperar. El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, afirmó en un mensaje televisado que Irán “no cederá ante los saboteadores” y acusó a los manifestantes de actuar al servicio de intereses extranjeros.
Además, calificó a Trump de “arrogante” y lo acusó de tener “las manos manchadas de sangre”, en alusión a los bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes en 2025.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, responsabilizó a Estados Unidos e Israel de fomentar las protestas como parte de una estrategia de desestabilización. Desde Washington, el Departamento de Estado rechazó esas acusaciones y aseguró que se trata de un intento de desviar la atención de los problemas internos del régimen.

En paralelo, el grupo de derechos humanos Haalvsh denunció que fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes en Zahedán, en la provincia de Sistán-Baluchistán, tras las oraciones del viernes, con un saldo aún indeterminado de víctimas.
Las protestas se producen en un contexto especialmente delicado para Irán, debilitado tras el conflicto con Israel, el impacto sobre sus aliados regionales y el restablecimiento de sanciones internacionales vinculadas a su programa nuclear, lo que agrava una situación económica y social ya crítica.